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Paul G.H. Engel¹

  Facilitando el desarrollo sostenible: ¿Hacia una extensión moderna?

Contenido

Introducción

La extensión o transferencia tecnológica agropecuaria está en crisis, no solo en América Latina sino también en otras partes del mundo. Ha conocido una época fuerte, con éxitos marcados. Fue el vehículo principal para impulsar la tecnificación de la agricultura en los EEUU y Europa y de la llamada "Revolución Verde" en los países en desarrollo. Desde los años cincuenta fue un componente central de prácticamente todos los programas y proyectos de desarrollo agropecuario. Sin embargo, ante los cambios fuertes que se están dando a partir de fines de los años ochenta, entre ellos la globalización de los mercados agrícolas; el retiro del Estado de la ejecución misma de los programas rurales; la privatización de servicios estatales y la aparición de actores rurales y medios de comunicación nuevos, y ante las crecientes preocupaciones acerca de la sostenibilidad de los sistemas agropecuarios inducidos, la extensión agropecuaria como vínculo dinámico entre la investigación científica y la producción agropecuaria esta seriamente cuestionada.

El argumento central de esta ponencia es que, para generar respuestas adecuadas a los desafíos modernos no basta un cambio de temas y métodos. Debe producirse un cambio paradigmático que re-orienta fundamentalmente la conceptualización, los enfoques y metodologías de la extensión agropecuaria. Ya no basta la extensión como vehículo de transmisión de resultados de la investigación tecnológica hacia los productores agropecuarios, la extensión debe posicionarse como instrumento para fortalecer la capacidad de autoaprendizaje e innovación permanente de las comunidades rurales hacia la competitividad y la sostenibilidad.

El artículo se organiza de la siguiente manera. Primero, mediante un breve repaso de las experiencias de las últimas décadas delineo lo que es, a mi juicio, el apoyo técnico-económico a la producción agropecuaria como expresión profesional. Hago un breve repaso de lo que son sus variantes principales: la extensión agrícola, la transferencia de tecnología y la asistencia técnica. Luego analizo las causas de la crisis en la que se encuentre la extensión agrícola, mediante una exploración de los grandes desafíos que enfrenta la agricultura familiar en América Latina y sus implicancias para los servicios de apoyo técnico-económico. Después entrego algunos elementos centrales para una autocrítica a fondo de la extensión agrícola tradicional. Finalmente, indico hacia dónde, desde mi punto de vista, estos desafíos llevarán la labor profesional llamada "extensión" al entrar al siglo 21.

El apoyo técnico-económico (2) a la producción silvo-agropecuaria

Es tentador, 30 años después de que Paulo Freire escribió su crítica fundamental a la extensión (Freire, 1969), declarar que, finalmente, la época de la extensión agrícola haya terminado. Sin embargo, sería desconocer la realidad de las últimas décadas, durante las cuales la extensión agrícola ha cumplido un rol importante a nivel mundial y ha recibido ámplio reconocimiento como instrumento para impulsar el desarrollo agropecuario. Más aún, sería ignorar lo que la comunidad científica y profesional ha logrado para superar los errores críticos en su diseño original. Finalmente, sería desconocer la realidad actual en el mundo donde los servicios de apoyo técnico-económico a grandes y pequeños productores silvo-agropecuarios juegan un papel complementario pero importante, impulsando el desarrollo agropecuario y comercial de las comunidades rurales.

Por supuesto, todo depende de lo que uno llame "extensión". Es tanta la variedad de tipos de apoyo técnico que existe, y tanta la diversidad de interpretaciones, que es difícil discutir uno sin especificarlo frente a los otros. El IICA definió este universo de servicios técnicos de apoyo a la producción silvo-agropecuaria como "El Complejo Transferencia de Tecnología, Asistencia Técnica y Extensión Agropecuaria" haciendo alusión a sus tres variantes más conocidas (IICA, 1997). Como punto de partida para mi análisis, en seguida pinto con gruesas pinceladas estos tres campos de desempeño profesional.

La "Extensión Agrícola" generalmente se aplica al apoyo a la agricultura familiar. En Europa y Norte América, se refiere al apoyo técnico y gerencial que reciben los productores agrícolas, sean ellos grandes o pequeños. En Europa Central y Oriental la extensión agrícola se introduce recién y se refiere al apoyo técnico a la agricultura familiar privada. En Asia y Africa, desde la década de los 70 el término ha sido utilizado para describir el acompañamiento técnico a los productores pequeños para que éstos entraran a la llamada "Revolución Verde". En América Latina, en muchos países la "extensión agrícola" tiene una fuerte connotación de un trabajo más integral con las familias rurales más necesitadas. Además, se entiende la extensión más como un proceso educativo, no como una asesoría netamente técnica. Para esta última función se emplea frecuentemente el término "Transferencia Tecnológica".

El término "Asistencia Técnica" es menos general, aunque también suele ser entendido de diferentes formas. Normalmente se refiere a asesorías especializadas, netamente técnico-productivas, dirigidas hacia productores agropecuarios que pueden ser grandes o chicos, familiares o industriales. Generalmente, pero no siempre, los mismos productores pagan de forma directa o indirecta para este tipo de servicios. Esto puede ser por medio de un contrato con una agroindustria o un servicio estatal decentralizado o compartido, o bien, cuando ésta sea privado o privatizado, por cuenta propia. Los servicios de asesoría agrícola de Europa Occidental (Inglaterra, Dinamarca, Holanda, por ejemplo) se pueden entender de esta forma. Pero también los servicios prestados a muchos pequeños productores por medio de contratos con agroindustrias en América Latina. Su característica más notoria es su carácter netamente productivo y comercial.

Los dos tipos de servicios tienen en común que, por lo general, no incluyen el servicio de crédito productivo. Sin embargo, son estrechamente ligados a ello. En primer lugar porque los bancos frecuentemente recurren al mismo asesor técnico para analizar y a veces aprobar los proyectos de crédito. En segundo lugar, porque la introducción de nuevas tecnologías generalmente implica inversiones que los pequeños productores no pueden realizar sin crédito. Así el servicio de extensión gubernamental jugó un papel determinante en la capitalización de la agricultura y ganadería holandesa después de la Segunda Guerra Mundial. Así también el Programa de Transferencia Tecnológica y los créditos a pequeños productores en Chile se coordinan mediante los equipos de área del INDAP. El éxito del Programa DRI de Colombia también se basó, entre otras cosas, en semejante combinación de instrumentos. Finalmente, se puede constatar que, para el éxito de la llamada "Revolución Verde" en Asia, esta misma combinación de crédito con asistencia técnica fue de fundamental importancia. Como señala el prof. Niels Röling, el éxito de un programa de apoyo al desarrollo no depende de un solo servicio pero de la combinación (‘mix’) de servicios ofrecidos y de su gestión en conjunto (Röling, 1988).

Cuadro 1: Dimensiones estratégicas de los servicios de apoyo técnico-económico a la producción silvo-agropecuaria

  1. ¿A quién o quiénes se dirige?
  2. ¿Qué efectos o impactos busca realizar?
  3. ¿Qué cobertura temática tiene?
  4. ¿Quién lo paga? ¿Y de qué forma?
  5. ¿Se maneja en conjunto con otros servicios o no?..

Después se pueden hacer preguntas más instrumentales como: ¿Cómo se organiza? ¿Qué métodos utiliza? ¿Como prepara su personal técnico?

De este muy breve análisis se puede deducir que el "Complejo Transferencia de Tecnología, Asistencia Técnica y Extensión Agropecuaria" (3) consiste en un conjunto de instrumentos y actividades muy diverso. En cada país, en cada situación pueden ser concebidos y conjugados de manera muy diferente. Su definición exacta en cualquier situación práctica depende de las respuestas a un número de preguntas estratégicas (cuadro 1).

Sin embargo, podemos rescatar algunos rasgos sobresalientes, al menos entre los sub-complejos "extensión agrícola/transferencia tecnológica" (ETT) y "asistencia/asesoría técnica" (AAT). Quizás lo que más distingue la ETT de la AAT es el carácter estratégico que tiene la primera. Generalmente la extensión o transferencia tecnológica se sitúan dentro del marco de una estrategia gubernamental de desarrollo rural o agropecuario, la cual define los grupos objetos o clientes de servicios y los impactos deseados. La asistencia o asesoría técnica al contrario se realiza para lograr un fin netamente comercial: se presta a un determinado grupo de productores para lograr un cierto nivel de productividad y una cierta calidad de productos. Esto significa que los programas ETT tienden a ser organizados alrededor de una cierta oferta tecnológica, para cumplir con las metas estratégicas definidas de antemano. Los programas de AAT más bien se ajustan a la demanda del mercado al cuál se dirige la producción. Al otro lado, se puede rescatar el carácter educativo de la extensión que contrasta con lo más oportunista de la asistencia técnica. Finalmente, existen muchos diferentes mecanismos de financiación para las diferentes formas de apoyo, sin embargo la participación del Gobierno generalmente será más grande en un programa de extensión que en un programa de asistencia técnica, por los mismos intereses que cada uno representa.

La crisis de la extensión agrícola

A mi juicio, el momento crítico en que se encuentra la extensión agrícola tiene su origen en un número de tendencias fundamentales que ha vivido el mundo a partir de mediados de los años ochenta hasta ahora:

  1. la liberalización y globalización de los mercados agrícolas;
  2. la privatización de los servicios de apoyo al desarrollo agropecuario; y la descentralización administrativa;
  3. un cuestionamiento a fondo de los resultados obtenidos en términos de la reducción de la pobreza rural;
  4. una creciente preocupación por la sostenibilidad de los sistemas agropecuarios inducidos por los programas.

A nivel mundial va en auge la filosofía del libre mercado, la cual se incorpora a los tratados comerciales internacionales. A partir de la caída del Muro de Berlín, de forma acelerada se abren espacios para una liberalización significativa de los mercados mundiales, también de productos agrícolas. Los pequeños productores, que en muchos casos son productores de productos básicos (granos, por ejemplo) se ven afectados de manera desproporcionada. Además, se hacen notar las deficiencias de los sistemas tradicionales de apoyo que no parecen capaces de ofrecerles tecnologías ni financiación adecuadas a los pequeños productores de productos básicos.

En los años ochenta también empieza a imponerse la disciplina fiscal. Se cuestionan los programas gubernamentales de desarrollo y muchos gobiernos empiezan a retirarse de la ejecución de los mismos. En muchos países, entre los cuales los del Norte, significa la privatización de los servicios o su traspaso paulatino hacia sectores privados o no gubernamentales. En otros países más bien implica un relativo abandono de los servicios a la pequeña agricultura. Esto en algunos países se complementa con una descentralización administrativa del Estado. Autoridades locales reciben más responsibilidad en la administración de los fondos y servicios de apoyo a la agricultura. Con esto, prioridades políticas locales comienzan a afectar la asignación de fondos.

Hacia la culminación de la "Revolución Verde", a nivel mundial empieza a crecer la preocupación por la explotación indiscriminada de los recursos naturales, la incursión de la frontera agrícola en las reservas forestales y el uso intensivo de químicos en la agricultura tecnificada. Además, se inicia un cuestionamiento de fondo del impacto de los programas de desarrollo agropecuario sobre los niveles de pobreza de las poblaciones rurales. Al mismo tiempo, la agricultura parece perder prioridad relativa en las políticas de muchos gobiernos quienes favorecen el desarrollo urbano, comercial e industrial. Se profundiza la crítica a las instituciones de apoyo técnico-científico que no logran entregar tecnologías adecuadas para superar la crisis económica, social y de sostenibilidad de los sistemas de producción a pequeña escala.

La crisis actual de la extensión agrícola, la cual en América Latina se dejo ver claramente a partir del comienzo de los años noventa, se genera justamente porque no es capaz de responder adecuadamente a los múltiples desafíos originados por las tendencias indicadas anteriormente. La extensión agrícola, con su estructura rígida, su énfasis en la producción y en la adopción de paquetes de tecnología estándar, en la atención individual al jefe de la familia y con un desconocimiento casi total del papel del saber campesino, reconociendo como único fuente legítimo de nuevas tecnologías la investigación científica, no pudo ni con el nuevo ritmo de los cambios ni con la creciente complejidad. El instrumento que había sido eficaz para promover una agricultura relativamente sencilla, de monocultivo, tecnificada y homogeneizada, no pudo con las demandas múltiples que empezaron a surgir a partir de la globalización y diversificación de los mercados, la descentralización de la toma de decisiones, las exigencias específicas de la sostenibilidad y el desarrollo social y la mayor responsabilidad otorgada a los niveles locales. Mientras el mundo rural asumió características múltiples y complejas, la extensión continuó siendo una herramienta inflexible, excesivamente técnica y equipada con una oferta tecnológica rígida que no se ajustaba a las necesidades de los pequeños productores en los nuevos tiempos.

En otras palabras, el problema de la extensión agrícola es que no logró convertirse en una herramienta moderna para impulsar la formación de los sistemas agro-ecológicos y comerciales complejos, adecuados para enfrentar las múltiples demandas de los tiempos modernos. Como consecuencia, perdió credibilidad con los productores, las agencias del agro y, finalmente, con los decisores políticos. La extensión agrícola, si quiere volver a jugar un papel relevante, tendrá que reinventarse a si misma. Para eso tendrá que hacer un análisis de autocrítica muy fuerte, y responder a tres retos grandes:

  1. redefinir la extensión agrícola como componente del complejo de servicios de apoyo técnico-económico al sector de la agricultura familiar;
  2. rehacer la institucionalidad de apoyo técnico y financiero a la pequeña agricultura;
  3. redefinir la extensión agrícola como profesión, re-inventando sus funciones, métodos e instrumentos dentro del contexto nuevo.

Para asumir estos desafíos no bastará revisar la infraestructura institucional actual, los métodos e instrumentos y aplicarle algunos ajustes. Se trata de un cambio de fondo que implica redefinir los paradigmas dominantes de la gestión del desarrollo rural, sus instrumentos políticos, de intervención y sus instituciones, métodos y estrategias. Además tendrá que mirar de cerca las iniciativas que se han tomado fuera de su ámbito directos, los enfoques nuevos, metodologías e instrumentos que han surgido en el mundo de las ONG, por ejemplo, o en proyectos específicos. Es un desafío verdaderamente grande que requerirá el esfuerzo de organismos académicos, políticos, ejecutivos, tanto a nivel local, nacional e internacional. En lo que sigue trataré de formular algunas ideas tentativas que pueden servir para iniciar el debate.

Elementos para una autocrítica de la extensión agrícola tradicional

Viendo el análisis anterior, puedo volver a mi primera observación y declarar que la extensión agrícola cumplió una etapa en la cual tuvo éxitos notables y ya puede desaparecer. Sin embargo, la transformación del agro necesita de alguna forma educativa de apoyo técnico-económico, la demanda por conocimientos nuevos, por información, por capacitación no ha disminuido. Al contrario, sigue creciendo en el campo. No es que la extensión ya no sirve, es que ese tipo de extensión agrícola ya no nos sirve. Esto se debe principalmente a cinco elementos decisivos de la extensión antigua:

  1. su carácter linear;
  2. su desprecio por conocimientos no científicos;
  3. su falta de orientación hacia las demandas de los productores y las exigencias de los mercados;
  4. su enfoque paternalista;
  5. su atención al productor individual.

La extensión tradicional se define de forma linear como el vínculo principal entre la investigación científica por un lado, y los productores agrícolas por el otro. Desde mediados de los años 80 esta posición fue criticado duramente (Röling, 1988; entre otros). Hoy en día, cuando la investigación científica ya no tiene, ni pretende tener todas las respuestas, cuando la rentabilidad de un predio ya no depende sólo de su productividad pero de su capacidad de orientarse hacia mercados dinámicos, cuando los actores involucrados en la realización de cualquier proyecto agropecuario son múltiples y las negociaciones entre ellos determinan la viabilidad y sostenibilidad de los proyectos, esta conceptualización ya no sirve. No es solo el contacto con la ciencia que prima en las necesidades del pequeño productor de hoy día, sino el interrelacionamiento con todos aquellos actores sociales con los cuales él o ella puede en un momento dado formar alianzas estratégicas para definir y realizar propuestas productivas viables y sostenibles. Estos actores pueden ser comerciantes, empresas industriales, forestales, bancos y otras instituciones financieras, pero también, establecimientos educativos o de capacitación, agencias de cambio y/o fomento, organizaciones sociales o de base, municipios y gobiernos regionales, ONG y empresas consultoras y hasta medios de comunicación, grupos urbanos de protección al medio ambiente, agencias de turismo o, inclusive, ricos filantrópicos del Norte. Antes, todos estos actores no estaban directamente involucrados en la competencia por el uso de los recursos naturales del área rural. Ahora sí lo están, y los productores a menudo se sienten arrinconados. Si de vincularse se trata, la extensión debería entonces facilitar el ‘enredamiento’ (networking) de los pequeños productores entre ellos mismos y con todos los otros actores también (Alders et al., 1993; Engel, 1997)

Igualmente, la extensión tradicional se perfila como vehículo de transferencia de conocimientos científicos únicamente. En muchos casos se llegaba al extremo de despreciar el aporte de los mismos productores. El despilfarro de recursos que esto implica ha sido ampliamente documentado (Chambers et al., 1989). Además, pudo crearse la idea que el rol de la extensión era de transferir lo que los agrónomos o técnicos aprendían en la universidad hacia el mundo campesino y no vice versa, que el agrónomo podía aprender muchísimo de las experiencias de los productores pequeños. Además, la extensión se dirigía tradicionalmente solo a la producción, generando un mundo de agrónomos netamente técnicos, sin mayor preocupación por, ni conocimiento de la comercialización, la organización o la gestión empresarial. Ahora, esta situación está siendo modificada rápidamente en muchos países, no solo porque la ciencia no tuvo todas las respuestas, sino también porque la producción para el mercado requiere del apoyo de profesionales más ampliamente capacitados. Además, exige cada vez más de los productores aprovechar al máximo sus propias capacidades, conocimientos e ideas. Cobra mucha importancia hoy en día, por ejemplo, la experimentación campesina, para lograr una integración del conocimiento campesino con el científico y técnico (Haverkort et al., 1991; Solis, 1997; Hocadé, 1997; Van Veldhuizen et al., 1997).

En vista de los tiempos modernos, uno de los problemas más graves que ha tenido la extensión tradicional ha sido su obsesión por una oferta tecnológica determinada. Se definen los contenidos técnicos de los programas de antemano en base a una oferta tecnológica que, según los técnicos, es adecuada para la estrategia de desarrollo agropecuaria adoptada. Luego, con bastante rigidez se implementan los programas, descalificando los productores que no quieren adoptar el paquete entero como ‘resistentes al cambio’. Esto esta bien, si el objetivo es enseñar lo mismo a todo el mundo. Sin embargo, en estos días de mercados ‘nichos’ y temporarios se requiere mucho más flexibilidad en los mensajes técnicos, un ajuste a la demanda y las capacidades de los propios agricultores, por un lado, y a las exigencias dinámicas de los mercados principales, por el otro.

El cuarto problema de fondo que caracteriza la extensión tradicional es un fuerte paternalismo. De alguna manera, los extensionistas fueron educados para creer que ellos son las fuentes del verdadero conocimiento agrícola y que, por lo tanto, tenían que guiar, si no dirigir a los campesinos hacia objetivos y métodos que éstos solos no eran capaces de entender. En vez de asesor de un productor, el extensionista se creía maestro de un ignorante. Esto, como lo ha expresado claramente Paulo Freire (1969) no solo inhibe el proceso de aprendizaje del productor mismo sino también del extensionista. Y por ende, inhibe un avance rápido hacia nuevos horizontes productivos.

Finalmente, es necesario remediar la orientación casi exclusiva de la extensión tradicional hacia el productor individual. En estos días, los productores tienen que ser capaces de organizarse, formar grupos de intercambio e interaprendizaje, empresas agro-comerciales y crear alianzas estratégicas con otros actores sociales del campo y de la ciudad para enfrentar la dura competencia por los mercados y los recursos naturales. Los pequeños productores con su historia de fracasos cooperativos y la desconfianza mutua que esto ha generado, no son los mejores equipados para enfrentar tales desafíos. Sin embargo, la extensión moderna tendrá que asumir este reto, como lo están haciendo desde mucho tiempo muchas ONG en América Latina y por ejemplo, el Programa de Transferencia Tecnológica del INDAP, Chile.

Habiendo presentado las cinco características de la extensión tradicional que deben revertirse radicalmente, quiero también mencionar algunas características de la extensión tradicional que, a mi juicio, deben rescatarse. Primero, es su énfasis en el proceso educativo a largo plazo. Al contrario de la asistencia técnica, la extensión tradicionalmente buscó lograr un proceso educativo más allá de los resultados productivos inmediatos. Dentro de las condiciones actuales, cuando los productores pequeños deben enfrentar múltiples desafíos nuevos y para asumirlos a menudo les faltan conocimientos y habilidades específicas, esta función sigue siendo de primera importancia. Más aún, parece necesario que una extensión moderna busque mucho más integración con el sistema educativo rural, como lo ha experimentado con éxito el programa PRIAG en diversos países de Centro América (Jaén & Silva, 1995).

Otra función que debe rescatarse es su rol informativo. Muchas veces, en las comunidades campesinas el extensionista es la única fuente externa y confiable de nuevos conocimientos e información a la cual la gente tienen acceso regularmente. Al mismo tiempo, la necesidad de información y capacitación en el campo crece explosivamente. Ya que los pequeños productores no pueden acceder a los pocos servicios privados de asistencia técnica que existen, quedan atrás. Es obvio que ahí existe una fuerte exigencia hacia la extensión nueva: facilitar la construcción de sistemas de información y capacitación que permitan al productor pequeño mantenerse al día en cuanto a conocimientos e información técnica, de mercado y de políticas agrarias, que le puedan afectar. Es de gran importancia que, con respecto a esta tarea, la extensión nueva incorpore los medios masivos de información (televisión, radio, electrónicos).

Redefinir el rol de la extensión agrícola

Concluyo de los análisis anteriores que la necesidad de educación, capacitación e información por parte de los pequeños productores esta creciendo exponencialmente con su incorporación a los mercados libres de productos agrícolas. En segundo lugar que el desarrollo rural sostenible dependerá de la capacidad de la población rural y otros actores involucrados de dar respuestas adecuadas a los desafíos múltiples que se les presentan. Finalmente, concluyo que esa capacidad dependerá en gran medida de su interacción y organización interna y de su comunicación con el mundo externo. En otras palabras, depende de la manera como los productores y otros actores se organicen para generar e implementar propuestas de desarrollo.

Para apoyar estos procesos, la extensión debe convertirse en un servicio de facilitación de propuestas, alianzas y organizaciones, como también de intercambio de experiencias, conocimientos e información. Debe dirigirse a fortalecer la capacidad propia de los actores sociales rurales de innovar, de generar propuestas y de organizarse para implementarlas. Debe fortalecer la interacción entre los productores, facilitar la comunicación de los productores con otros agentes económicos, sociales y políticos, y estimular la experimentación, la búsqueda de soluciones específicas, de información pertinente, y su aplicación bajo condiciones locales. Y debe fortalecer la capacidad local de presentar proyectos a las fuentes financieras, bancos, municipalidades y/o fondos nacionales o regionales.

En esta extensión moderna no prima el conocimiento técnico, sino la facilitación de diagnósticos, de interrelacionamientos, de la búsqueda de oportunidades, de la experimentación y de la formulación de propuestas. Para aprender a hacer esto la extensión moderna debería dirigirse hacia los sectores donde se experimentó con este tipo de enfoques, evaluar sus logros y adaptar sus métodos. Y existen muchas de estas experiencias relevantes en América Latina. Un primer trabajo que debería hacerse es compilar un sistema de documentación que las reúne y las hace accesible para los que quieren estudiarlas. Sin pretender ser exhaustivo, terminaré esta sección con algunas sugerencias de metodologías que merecen nuestra atención.

En materias de métodos participativos de diagnóstico, se puede mencionar el PRA (Participatory Rural Appraisal) desarrollado por Chambers y otros durante los años ochenta (Chambers, 1992). Existen, además, experiencias documentadas muy interesantes de ONG como AGRARIA (Aguirre et al., 1990). Un gran número de experiencias metodológicas relevantes en Latino América fue compilado por Berdegué y Ramirez (1995), otros por De Zeeuw et al. (1997). En cuanto a experimentación campesina, se destacan las ya mencionadas experiencias del Programa Regional de Reforzamiento a la Investigación Agronómica sobre los Granos Básicos en Centroamérica (PRIAG: por ejemplo: Solis, 1997; Hocadé, 1997) y el trabajo de ETC, Holanda (Haverkort et al., 1991; Van Veldhuizen et al., 1997.....) que incluyó el desarrollo de una metodología práctica para organizarla: DPT (Desarrollo Participativo de Tecnología) (Reijntjes et al., 1992; SR/ETC, 1995). Con respecto a métodos participativos para fortalecer la capacidad de organización e interacción innovadora de la comunidad rural, se hace notar RAAKS (Rapid Appraisal of Agricultural Knowledge Systems) desarrollado en el Departamento de Estudios en Innovación y Comunicación de la Universidad de Wageningen, Holanda (Engel & Salomon, 1997).

Rehacer la institucionalidad de apoyo a la pequeña agricultura

El cambio que nos planteamos implica no solo la incorporación de temas nuevos, complementarios al tema productivo: lo organizativo y empresarial, lo agro-industrial y comercial. Implica también una re-ingeniería del entorno institucional: la articulación con actores nuevos - organizaciones de productores y productoras; autoridades locales y regionales; empresas agro-industriales y/o comerciales; el sistema de educación rural; medios de comunicación masivos y electrónicos - , y una orientación hacia la realización de nuevas opciones de desarrollo social y económico local, como pueden ser la gestión de recursos naturales, la agro-industria o el turismo. Además, requiere un cambio de fondo en la prestación de los servicios: desde la oferta centralizada de tecnologías agropecuarias estándar hacia el fortalecimiento de la capacidad local de innovación, tanto productiva y organizativa, y la inserción de los productores en el mundo moderno de la información.

El marco institucional nuevo que se busca debe facilitar estos procesos mediante un marco normativo, políticas y reglamentos adecuados, mediante una infraestructura educativa, de capacitación, de comunicación e información eficiente, y mediante estímulos específicos para fomentar alianzas estratégicas, empresas innovadoras, investigación y experimentación y para apoyar la formulación e implementación de proyectos. El marco institucional que se busca no es tan nuevo en cuanto a sus elementos. En muchos países existen varios de los elementos o componentes mencionados. Sin embargo, es la reconfiguración de los elementos para formar un conjunto con una orientación y coherencia diferente que requerirá mucha atención y un gran esfuerzo.

Obviamente, rehacer el entorno institucional de esta forma no se hace de la noche a la mañana. Cada país, cada región deberá asumirlo como un reto para la próxima década, al menos. Desafortunadamente, falta espacio acá para describir todas las iniciativas y reformas pertinentes que ya se han cumplido o están en camino en por ejemplo, Colombia, Bolivia, Chile y Brasil. Será fundamental el liderazgo que pueden ejercer las instituciones internacionales para sistematizar e intercambiar estas experiencias y promover una reflexión práctica, académica y, por ende, política sobre ellas.

En cuanto a las metodologías a seguir para efectuar un cambio del conjunto de instituciones de apoyo a la pequeña agricultura, de mi propia experiencia, puedo mencionar la metodología RAAKS (Engel & Salomon, 1997). Fue desarrollada para apoyar procesos similares en Holanda y Centro América. Usado como instrumento de reconfiguración institucional, la metodología parte de la base que rehacer el marco institucional del agro debe hacerse con la participación de los actores principales. Toma como punto de partida que el proceso de innovación agropecuario no es un proceso de difusión tecnológica, sino un proceso social de interaprendizaje entre diversos actores. A través de un proceso intensivo y relativamente rápido de investigación-acción participativa, la metodología RAAKS busca diagnosticar la infraestructura institucional existente, su eficacia y eficiencia operacional, y luego, diseñar medidas y proyectos para mejorar su operatividad.

Redefinir la extensión agrícola como profesión

Tradicionalmente, la extensión agrícola es un ramo optativo en la universidad que toman los estudiantes de agronomía, veterinaria o ingeniería agrícola cuando quieren dirigir su atención hacia los pequeños productores. En estos tiempos, por varias de las razones señaladas anteriormente, el interés de los estudiantes no es muy elevado. Redefinir el rol de la extensión implica también redefinir la profesión.

A mi juicio, esto requiere dos elementos básicos:

  1. fortalecer la investigación e interacción académica sobre los temas críticos de la extensión; y
  2. redefinir los perfiles de los profesionales y técnicos que se preparan para trabajar en extensión, y luego adaptar los curriculum de las escuelas y universidades que los preparan.

Puedo equivocarme, pero en mis viajes por Latino América he encontrado muy pocos académicos dedicados a investigación sobre extensión, o inclusive al intercambio de experiencias prácticas en ella. No parece existir una amplia comunidad académica que se preocupe por desarrollar el tema. Resulta asombroso en un continente que, durante los años sesenta y setenta lideró el trabajo académico y práctico de la educación de adultos, la educación informal y la comunicación para el desarrollo. Sugiero que el IICA revise esta situación y tome la iniciativa de organizar intercambios, conferencias y redes electrónicas entre profesores y profesionales Latino Americanos que trabajan sobre el tema. Quizás levantar una revista especializada, como la "European Journal of Agricultural Education and Extension", podría ser una opción también.

Al mismo tiempo, a nivel de universidades en varios países y de la Asociación Latinoamericano de Educación Agrícola Superior (ALEAS), se están discutiendo los perfiles y los curriculum de los profesionales del Agro, con el fin de adecuarlos a las exigencias de hoy. En el curso de los años he podido participar en algunas de estas actividades (Engel, 1995; 1997). El IICA, como organismo internacional y patrocinador de varios de estas iniciativas podría jugar un papel articulador y promotor sumamente importante, integrando además las diversas iniciativas que se han producido a nivel de la sociedad civil, de los cuales se destaca por ejemplo el programa educativo de CLADES, el Consorcio Latino Americano sobre Agroecología y Desarrollo.

Algunos conclusiones y observaciones

Si bien este artículo no puede tratar todos los elementos necesarios para analizar una problemática tan compleja como la presente, parece claro de lo expuesto anteriormente que algo hay que hacer. Si aceptamos que la extensión agrícola tradicional ha cumplido una etapa y, para poder servir a la siguiente debe reconvertirse, se necesitará un gran esfuerzo. Un esfuerzo que, dentro de las estrategias adoptadas en América Latina para erradicar la pobreza y lograr la seguridad alimentaria, parece inevitable. Considero que los organismos internacionales, como el BID y el IICA, siendo espacios de reflexión e intercambio entre los países del continente, pueden jugar un papel decisivo para lograrlo.

Habla de por sí también que tal esfuerzo no puede cumplirse sin una reflexión generalizada entre los decisores políticos, profesionales y académicos que se ocupan del rubro. Quizás una de las primeras tareas tendría que ser la de organizar el intercambio de experiencias e ideas a nivel Latino Americano. Un fortalecimiento de la investigación y la reflexión académica sobre el tema parece necesario. Quedan muchos temas por explorar, muchas experiencias relevantes por compartir y muchos elementos por definir.

Queda por verse el tema de la financiación de la pequeña agricultura. A pesar de los esfuerzos realizados, sigue como un tema no resuelto. Si las experiencias Europeas tuvieran alguna relevancia al respecto, desarrollar un sistema de apoyo financiero a la pequeña agricultura sería un paso pivotal para poder transformar al pequeño productor en el (micro)empresario rural del siglo XXI.

Finalmente, siento no haber podido revisar todas las experiencias relevantes sobre este tema en América Latina. De antemano, me adscribo a cualquier serio esfuerzo para identificar, compilar, sistematizar e intercambiar tales experiencias.

Referencias

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Alders, C., Haverkort, B. & Van Velthuizen, L. (Eds.) (1993). Linking with Farmers: Networking for Low-External-Input and Sustainable Agriculture. London: Intermediate Technology Publications.

Berdegué, J. y Ramirez, E. (Eds.) (1995). Investigación con enfoque de sistemas en la agricultura y el desarrollo rural. Santiago, Chile: RIMISP.

Chambers, R., Pacey, A. & Thrupp, L.A., (Eds.) (1989). FArmers First, Farmer innovation and agricultural resarch. London: Intermediate Technology Publications.

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Haverkort, B., Kamp, J. van der, and Waters-Bayer, A. (Eds.) (1991). joining Farmers´Experiments: Experiencies in Participatory Technology Developemnt. London: Intermediate Technology Publications.

Hocadé, H. (1997). "No quiero plata; quiero conocimientos": No equivocarse de planteamiento. San José, Costa Rica: PRIAG.

IICA, Gerencia Técnica (1997). Taller: "El Complejo Transferencia de Tecnología, Asistencia Técnica y Extensión Agropecuaria". San José, Costa Rica: Diciembre 3-5.

Jaén, B. y Silva, A. (1995). De facilitadores a protagonistas del proceso de generación y transferencia de tecnología. Documento técnico PRIAG No. 18. San José, Costa Rica: IICA

Reijntjes, C., Haverkort, B. and Waters-Bayer, A. (1992). Farming for the future, an introduction to Low-External-Input and Sustainable Agriculture. London: Intermediate Technology Publications.

Röling, N. (1988). Extension Science, Information Systems in Agricultural Development. New York: Cambridge University Press.

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Van Veldhuizen, L., Waters-Bayer, A., Ramírez, R. Johnson, D. and Thompson, J. (1997). Farmers´ research in practice. London: Intermediate Technology Publications.

De Zeeuw, H., Baumeister, E., Kolmans, E. y Rens, M. (1997). Promover la agricultura sostenible en América Central. Managua: ICCO-PPM-SIMAS.

1- Dr ir Paul G.H. Engel es profesor de la Universidad de Concepción, Chile, y Director del Centro para Estudios y Gestión para el Desarrollo Rural Sostenible (CEDRO) de la misma. De 1988 a 1996 fue profesor e investigador del Departamento de Estudios en Comunicación e Innovación de la Universidad Agrícola de Wageningen, Holanda. Anteriormente ocupó varios cargos en proyectos y programas de extensión agrícola, tanto en Holanda y Africa como en América Latina. Es autor principal de un libro sobre la facilitación de la innovación agropecuaria para el desarrollo: Engel, P.G.H & Salomon, M. (1997). Facilitating innovation for development. Amsterdam: KIT Press.

2 - Uso este término, utilizado por AGRARIA para definir su curso internacional, como un término genérico, para indicar cualquier clase de trabajo de asesoría técnica, organizativa y/o comercial a (familias de) pequeños productores que tiene como fin mejorar su nivel de vida a través de la optimización del uso de los recursos naturales a su disposición.

3- IICA, Gerencia Técnica, Costa Rica, San José: Diciembre 3-5, 1997

Propuesta de Segmentación del Mercados de Servicios de Asistencia Técnica

Contribución a la Conferencia Electrónica sobre Experiencias de Servicios Privatizados y Descentralizados de Asesoría Agropecuaria para Campesinos, de FIDAMERICA

Hacia una segmentación de mercados de servicios, según algunas características de la apropiación de los resultados de los mismos.

 

Rentabilidad "immediata" para el demandante

Posibles efectos relacionados a:

no

si

Bien común: los resultados esperados favorecerán a la comunidad en su totalidad; su efecto para el demandante individual es indirecto A1

estimular la conservación de RRNN

apoyo a desarrollo de la educación básica rural

A2

desarrollo infraestructura de comunicación, vial, etc.

desarrollo obras grandes de riego y drenaje

Bien grupal: los resultados esperados favorecen directamente al grupo de demandantes o sus familias B1

educación de adultos

educación a distancia

B2

organización productiva, agro-industrial o comercial

centros de acopio

soluciones de riego grupales

Bien privado: los resultados esperados favorecerán directamente al demandante o su familia C1

apoyo a creación de tejido social y comunicacional

apoyo a autosuficiencia alimentaria

C2

entrega de tecnología de punta

resolución de problemas sanitarias

construcción de bienes productivos de alto rendimiento

 

A mi juicio, los cuadrantes A1-C2 representan mercados de servicios que responden a otros tipos de presiones, se acondicionan de manera diferente, y requieren otros tipos de financiación, otras calidades en los que ofrecen servicios y diferentes grados de regulación y/o intervención del Estado, ya sea a nivel nacional, regional o municipal.