Artesanías Wichís: del monte chaqueño a la Internet

Laura Rozenberg, PatagonBird

Lrozen@speakeasy.org

info@patagonbird.com

 

Identificación de la experiencia

Las artesanías wichís existen en el mercado argentino desde hace unos 20 años. Las tallas de madera, muy apreciadas por su calidad, se venden en ferias artesanales y negocios turísticos de todo el país. Sin embargo, la creciente recesión que ha venido afectando a la economía argentina en los últimos años ha exigido la búsqueda de nuevos horizontes donde colocar estos productos. En este trabajo nos referiremos, en particular, a la labor tendiente a ganar mercados externos a partir de la Internet.

El grupo de artesanos involucrados en esta experiencia vive en Misión Chaqueña, una población indígena del noroeste argentino situada a 350 kilómetros de la ciudad de Salta y a unos 1.600 km de Buenos Aires. El 89% de los pobladores de esta comunidad (total: unos 1.500 habitantes) pertenece a la etnia wichí. De ellos, unos 200 son artesanos, es decir, un número muy representativo de los varones de Misión Chaqueña. 

Hasta el inicio del proyecto artesanal, a mediados de los ’80, los wichís vivían como cazadores-recolectores y los esfuerzos por integrarlos a grandes proyectos agrícolas habían fracasado. Ahora, las artesanías son su  principal medio de subsistencia en Misión Chaqueña y el oficio se está extendiendo a poblaciones aledañas. En tanto que representa un ingreso estable, le permite al individuo trabajar en su hogar, reduciendo la necesidad de buscar “changas” (trabajos temporarios).

Hoy en día, la comunidad wichí de Misión Chaqueña tiene un nivel de vida más alto que otras comunidades aborígenes. Sus miembros pueden comprar vestimenta, zapatos y material para construir sus casas (por ejemplo, techos). Las condiciones sanitarias son mejores y la tasa de mortalidad infantil es menor que en el resto de los territorios aborígenes (en el año 2000, la tasa de mortalidad infantil en Misión Chaqueña fue cero, mientras que en otros parajes aborígenes superó el 40 por mil y la media provincial fue del 23 por mil). 


La fuerte recesión económica que se agudizó a partir de la segunda mitad de 1999, ha obligado a los argentinos a ajustar sus gastos, y las artesanías no fueron ajenas a ese impacto. Si bien un número importante de compradores son turistas extranjeros, las ventas nacionales de objetos wichí disminuyeron 40% en el año 2000. En este contexto, la exportación –que constituía un paso más en la expansión del proyecto artesanal- pasó a convertirse en un objetivo prioritario en el menor plazo posible.

Gracias a una red ligada a la iglesia anglicana se exportaron más de US$ 100.000 dólares en el 2000. En forma independiente, en 1999, se abrió PatagonBird, una compañía en Estados Unidos, cuyo sitio en Internet se localiza en www.patagonbird.com. Este sitio tiene capacidad para ventas al por mayor y menor. Los resultados de la iniciativa online aún son incipientes, pero creemos que la experiencia ha sido lo suficientemente alentadora como para animarnos a seguir adelante.

Situación inicial

En el noroeste de la Argentina vive aún un pequeño porcentaje de minorías indígenas, entre las cuales se cuentan, en la provincia de Salta, unos 20.000 wichís. Hasta mediados del siglo XX, todavía vivían como cazadores y recolectores. Sin embargo, sus posibilidades se fueron reduciendo a medida que se expandieron los campos de pastoreo y se destruyeron los bosques para dar lugar a carreteras y actividades agroindustriales.

Los wichís del noroeste argentino viven principalmente junto a las márgenes y en la franja de tierra limitada por dos ríos: el Pilcomayo en el límite entre Bolivia y Paraguay, y el Bermejo, que corre paralelo al primero, a unos 150 a 200 kilómetros al sur. Al llamarse a sí mismos wichís (“gente”, en la lengua autóctona), este pueblo reafirma su identidad, algo que los conquistadores negaron bautizándolos “matacos” (que significa corto, grueso o animal). Los indígenas, a su vez, denominan al blanco “ahatai”, que quiere decir pequeño demonio. El tradicional antagonismo entre el blanco y el indio no sólo se debe a que el primero fue el invasor, sino a los modos de vida. Uno posee el ganado, mientras que el otro recoge frutos y compite directamente con el ganado. Los animales que los indios cazan también comen los mismos frutos de modo que la vida de los nativos estuvo amenazada desde un comienzo por los criollos. Las comunidades pescadoras se vieron menos afectadas y aún viven de este modo, en las márgenes del Pilcomayo.

Misión Chaqueña fue fundada en 1917 por misioneros anglicanos que buscaban adoctrinar a los indios y volverlos sedentarios. Hasta entonces, los indígenas vivían en estado seminómada y se abastecían con el producto de la caza, la pesca y la recolección de frutos y miel. La atención sanitaria era inexistente y el gobierno básicamente ignoraba sus necesidades. En la misión aún viven tres clanes o familias extendidas, descendientes de los habitantes originarios que llegaron al lugar buscando seguridad a comienzos del siglo XX.


La mencionada comunidad se encuentra ubicada en la unidad ecorregional del Gran Chaco. La vegetación es de arbustos secos en invierno y una renovada vegetación en verano, con temperaturas muy elevadas. La histórica devastación que ha sufrido esta región por la extracción descontrolada de los árboles forestales y el sobrepastoreo, ha producido importantes cambios ecológicos, entre ellos la desertificación de amplias zonas.

A mediados de los ’70, los anglicanos iniciaron un gran proyecto agrícola regional. La idea era educar a los indígenas y ayudarlos a generar una alternativa de trabajo estable. Deberían ser capaces de producir su propio alimento y vender el excedente a otras ciudades (Salta y Buenos Aires) o incluso exportar. Sin embargo, el proyecto fracasó por varias razones. Una, porque el financiamiento provenía de agencias extranjeras y, en 1982, cuando comenzó la guerra de Malvinas, el personal extranjero (26 ingleses), debió abandonar el país. El segundo motivo, más complejo aún, fue que el proyecto no contemplaba la idiosincracia de los indios. Por un lado, los wichís no lograban encuadrarse en un esquema de producción intensiva, con pautas de riego y control fitosanitario estrictos. Pero además, el esquema de trabajo provocaba rupturas dentro de la organización de cada clan. Básicamente, los indios no estaban acostumbrados a trabajar con miembros de otros clanes. Por lo tanto, el proyecto inicial, que apuntaba a la creación de cooperativas indígenas, podía parecer bueno desde la óptica europea pero no tomaba en cuenta la realidad cultural de los indígenas.

El proceso

Uno de los colaboradores en el proyecto anglicano era Alejandro Deane. Había llegado a la misión en 1979, recién egresado de la Facultad de Agronomía en Buenos Aires, y fue el único miembro del equipo que pudo permanecer en el lugar durante la guerra de Malvinas. Fue el responsable de liquidar el proyecto y analizar los errores cometidos. A partir de ahí, Deane se propuso buscar una alternativa que:

·         No dependiera de donaciones externas.

·         No requiriera de maquinarias complicadas.

·         Tomara en cuenta la estructura de las familias extendidas indígenas.

·         No utilizara grandes cantidades de materia prima.

·         Pudiera aprovechar la habilidad manual de los trabajadores.

Deane comenzó a entrenar a algunos hombres en la talla de animales, trabajando con maderas y herramientas muy sencillas. El nuevo proyecto daba respuesta al planteo inicial porque:

·         No hay necesidad de una gran inversión previa.

·         Se utilizan solamente herramientas muy simples y económicas

·         Los artesanos trabajan en sus casas, junto a su familia.

·         Se utilizan trozos de madera evitando la tala de árboles (con lo cual se añade una dimensión ecológica al proyecto, lo que favorece su comercialización entre consumidores responsables).

·         Se incorporan diseños inspirados en la naturaleza local.

·         Los objetos pueden transportarse en pequeñas cajas sin necesidad de invertir demasiado en transporte.

·         Los artesanos pueden trabajar en forma independiente ya que el monte salteño provee abundante cantidad de ramas y trozos de madera seca.

Durante los primeros tres años (1982-85), se trabajó con el núcleo familiar de Rubén Zanja (hijos, tíos y sobrinos), un wichí que había aprendido el oficio de carpintero con un maestro anglicano. A partir de 1985, empezaron a incorporarse los vecinos. En 1989, ya había unos 25 a 30 artesanos. Hoy, la mayor parte de la comunidad está involucrada en esta actividad e incluso se ha extendido a otras poblaciones wichís del Chaco salteño. Si bien la mayoría de los artesanos son varones, muchas mujeres colaboran en la terminación y el pulido de las tallas.

                            

Hacia 1983 las tallas en madera de palo santo (Bulnesia sarmientoi) y quebracho (Schinopsis balansae) comenzaron a venderse en algunos negocios de productos regionales en Buenos Aires. Sorprendían por su elegancia y excelente acabado.  Con el tiempo, y en función de la demanda, se fueron agregando nuevos diseños. Hoy en día se cuenta con un catálogo de unos trecientos diseños, entre ellos objetos decorativos para la casa, la mesa, el escritorio y artículos navideños. En 1989, Deane estableció un taller/depósito en la capital salteña para estimular la producción y comercialización. La base de la producción siguió siendo Misión Chaqueña, mientras que la compañía pasó a cumplir tareas administrativas, de control de calidad y distribución.

Para situaciones puntuales, se contó con apoyo de agencias de cooperación, como la Tear Fund de Inglaterra, la iglesia anglicana del Canadá y Oxfam. Por ejemplo, en febrero de este año, la Tear Fund donó U$ 4.500 para reconstruir el local de Salta destruido en noviembre pasado por un incendio.

Al principio, Deane inició la producción y el márketing con su propio capital. Como en Misión Chaqueña no había un almacén de ramos generales, llevaba consigo los principales insumos (harina, arroz, leche en polvo, etc.) y los cambiaba por artesanías, que a su vez colocaba en los comercios. En 1989, llegó a Misión Chaqueña un segundo intermediario y desde entonces Deane pasó a ser un comprador más entre otros.

Deane apostó a la comercialización de productos de buena terminación, sin perjuicio del trabajo artesanal. Se estableció un esquema de control de calidad en el taller de Salta, tarea que ocupa parte del tiempo de una empleada administrativa y un ayudante. Las piezas deben estar bien pulidas y sin fallas en las incrustaciones. El taller está preparado para reparar imperfecciones y también produce artesanías en la época de mayor demanda.

Deane adoptó la modalidad de viajar semanalmente a la misión, para atender a los artesanos y discutir con ellos nuevos pedidos. Actualmente, el artesano elige cobrar en dinero al contado o en insumos. También se estableció una especie de caja de ahorro, que le permite al productor ahorrar para comprar, por ejemplo, una bicicleta. “Es muy conveniente porque los indios se “enganchan” y el sistema funciona como un banco, o sea que pueden retirar su dinero si tienen alguna emergencia”, comenta Deane.

A rasgos generales, el salario del artesano se calcula en base al salario mínimo oficial, que es de un peso la hora (1 peso argentino = 1 dólar). Los más experimentados ganan más. Por ejemplo, una garza que combina maderas y hueso se paga $2.50, lo que equivale a dos horas de trabajo para un principiante y un excedente para gastos de material (lija, pegamento, etc.), pero un artesano experimentado puede hacer más en ese lapso. Un equipo de morsa, limas, serrucho y sierra cuesta unos 140 pesos, que el artesano va comprando en cuotas con su trabajo.

La colocación de los productos demandó numerosos viajes a Buenos Aires y otras ciudades argentinas que Deane costeaba con el excedente de las ventas o invirtiendo sus propios ahorros. Pronto, el aumento de la demanda exigió una mayor producción. Algunos productores empezaron a trabajar full-time y también se fueron incorporando nuevos artesanos, que aprendieron el oficio junto a los más experimentados.


En 1985 las ventas alcanzaron 40.000 dólares. En 1990, $60.000. En 1998, $360.000 y en el 2000 cayeron a $220.000, debido a la recesión. De estos montos, $60.000 fueron exportados en 1998, mientras que en el 2000, las exportaciones llegaron a $110.000, es decir, el 50% de la producción del año.

Las primeras exportaciones se hicieron a Europa y Australia, contando con los contactos proporcionados por la iglesia anglicana. En 1999, se sumó un grupo anglicano en Estados Unidos que, a través de cadenas de email, logró colocar productos y venderlos en las iglesias, especialmente para las Navidades.

En 1999, la red anglicana armó un sitio en Internet para vender los productos wichís, pero el resultado no fue demasiado alentador, quizás porque le faltó difusión. Hacia la misma época, Laura Rozenberg, una argentina radicada en USA, que había importado una pequeña cantidad de artesanías wichí y de otras etnias y las vendía con éxito en las ferias artesanales de Nueva York, diseñó PatagonBird, un sitio en Internet para compras “online”, con fotos de las artesanías, descripciones e información sobre los productores.

PatagonBird se encuadra en el concepto de “fair trade” (retribución digna al productor) y alienta la producción a partir de materiales que no destruyen el medio ambiente. Para reducir los costos, se recurrió a un “hosting” en Estados Unidos – la compañía Bigstep- que ofrece comercio electrónico a pequeños comerciantes por un arancel mensual de 25 dólares. La inversión de capital inicial para adquirir mercadería para el website fue de 4.000 dólares.

El sitio fue inaugurado en abril del año pasado. En los primeros meses recibía escasas visitas y las ventas eran esporádicas. Para darlo a conocer, se lo incorporó a los principales buscadores (Yahoo!, AOL, MSN, etc.) y se establecieron conexiones recíprocas con otros sitios. También fue incorporado a las bases de datos de Fair Trade Organization y el Crafts Center. En enero, el sitio fue elegido por Bigstep, entre sus más de 60 mil abonados, para representar a la compañía en su portada de Internet. La combinación de todas estas estrategias dio como resultado que el caudal de visitantes se multiplicara por 100 (actualmente recibe entre 200 y 300 visitas diarias). Las ventas a partir de diciembre se multiplicaron por cuatro.

Por el momento, PatagonBird mantiene un pequeño stock en USA para atender los pedidos del website. Las solicitudes mayoristas plantean un nuevo desafío ya que exigen una mayor inversión de capital en stock. A fines del año pasado, The Artisan Trust, una organización sin fines de lucro en Inglaterra, otorgó a PatagonBird un subsidio de $4.800 para el fortalecimiento del website. También se están haciendo gestiones para interesar a posibles inversionistas.

Situación actual

En la ciudad de Tartagal, provincia de Salta, casi en el límite con Bolivia, el año pasado cientos de desocupados protagonizaron revueltas en reclamo de fuentes de trabajo. Muchos eran indígenas de las etnias chorote, wichí, toba, chulupí, tapiete, guaraní y chané.

Algunos cientos de kilómetros al sur, Misión Chaqueña parecía vivir otra realidad. “Es una comunidad pobre, pero se nota que allí circula dinero”, dice Julio Pietrafaccia, director de Atención Primaria de la Salud del gobierno de la provincia de Salta. “Hay un ingreso más o menos constante y estable. Se ve en la vestimenta, en el arreglo de las casas.” La razón es simple: hay trabajo. En estos 20 años, Misión Chaqueña se ha convertido en un pueblo de artesanos. Mientras en Tartagal los desocupados reclaman un subsidio oficial de 160 pesos (el plan de emergencia que el gobierno distribuye a cuentagotas), los artesanos de Misión Chaqueña pueden aspirar a esta cifra e incluso superarla.

Paralelamente, han habido mejoras en la comunidad. Ya hay electricidad y también una cabina telefónica. El año pasado, el gobierno comenzó a instalar agua corriente a domicilio. Una vez al día, pasa un autobús local a Embarcación, a una hora de distancia, donde hay una oficina de correos, un hospital y un supermercado. En la misión hay un dispensario con un agente sanitario a cargo de una radio para comunicarse con el hospital. Dos veces por semana llega un médico de visita. Los indios tienen temor de ir al hospital local, dicen que no son bien tratados. En la misión también se construyó una escuela primaria y desde el año pasado funciona un secundario nocturno. En 1995, la iglesia anglicana entregó las tierras a la comunidad indígena. Los wichís, ahora, son dueños de estas tierras en forma colectiva (según su costumbre no hay propiedad individual).

Los productores distribuyen su tiempo de la siguiente forma: artesanías (55%-65%), pesca (20%), “changas” (10%-20%), caza (5%). Trabajando con artesanías, un productor principiante, puede hacer entre 8 y 10 pesos diarios. Con más experiencia, llega a 15 o 20 pesos. Durante las cosechas estacionales pueden ganar entre 6 y 10 pesos por día, pero el trabajo es temporario. 


El trabajo artesanal permite: 1. mantener un trabajo estable todo el año . 2. Trabajar en la casa. 3. La familia se mantiene unida. Los hombres realizan las tallas y las mujeres se ocupan de la terminación y el pulido. 4. Pueden ahorrar dinero. 5. Es una actividad gratificante. Pueden aplicar su talento y creatividad.

Sin embargo, la recesión y caída del consumo interno ha puesto en peligro esta fuente de trabajo. Creció la subocupación y  la incorporación de nuevos artesanos es más lenta. La apertura de nuevos mercados en el exterior apunta a restituir el nivel de producción y a generar nuevos puestos de trabajo.

Lecciones aprendidas y recomendaciones

Los tres factores específicos que más contribuyeron a la calidad del proceso y a los resultados de la experiencia son:

1.       La elección de las artesanías como opción laboral, ya que se adapta a la idiosincracia de los indígenas. Les permite vivir y trabajar en familia y desarrollar su creatividad.

2.       La división del trabajo: los artesanos se concentran en la producción, mientras que otros actores de la cadena se ocupan de la administración y comercialización. La eficiencia sería menor si el artesano tuviera que trasladarse cientos de kilómetros para vender su producción. 

3.       La búsqueda permanente de nuevos mercados. En la actualidad: la exportación y la apertura a Internet.

Podemos agregar también el interés por adaptarse a los gustos cambiantes del mercado nacional e internacional. Semanalmente, los artesanos se reunen con Deane y otros compradores para discutir tendencias y sugerir nuevos modelos que se testean en los comercios. Hay que aclarar que las artesanías wichís no constituyen una tradición antigua, sino más bien una alternativa laboral que supo sacar ventaja de la incuestionable habilidad manual de los wichís, y por lo tanto los cambios en los modelos no deben ser vistos como una distorsión o un alejamiento de sus tradiciones.

El mercado exterior requiere una atención especial. La red anglicana y los contactos individuales han generado un importante caudal de ventas en Europa y Estados Unidos. Con Internet, se ha agregado una nueva dimensión a esta búsqueda. PatagonBird, el sitio lanzado el año pasado, fue diseñado en principio para la venta minorista (“retail”), pero pronto se comprobó que atraía también a negocios. En este sentido, el sitio se ha convertido en un excelente medio de promoción a bajo costo: entre enero y febrero de este año se atendieron más de 40 solicitudes de catálogos mayoristas (se envía un catálogo de 14 páginas, impreso en computadora hogareña para abartar costos). En febrero, se despachó un pedido mayorista ($1.500) nada menos que a Islandia.

El principal obstáculo del mayoreo radica en la alta cotización del peso argentino lo que coloca a estas artesanías en una posición desventajosa para competir en el mercado internacional. Lo que se busca, entonces, son nichos alternativos. Al hacer hincapié en la compensación digna al productor, se abren las puertas de los comercios sensibles al “fair trade”, un movimiento que actualmente genera ventas en USA y Europa del orden de los 400 millones de dólares al año. Del mismo modo, resulta ventajoso destacar que PatagonBird es miembro activo de la Fair Trade Federation de los Estados Unidos. 

A título anecdótico, los wichís de la misión todavía están a la espera de ver con sus propios ojos el sitio en Internet y sus piezas allí expuestas. El año pasado, el gobierno donó una cabina con cinco computadoras para acceder a Internet, ¡pero hasta el momento ninguna de ellas está conectada a la red! (Los wichís, de todos modos, ya han descubierto una ventaja momentánea: hacen cola para entrar a las cabinas y refrescarse con el aire acondicionado).

En un momento en que el futuro del comercio electrónico está siendo seriamente cuestionado en los países del primer mundo, creemos sin embargo que si el proyecto se plantea en forma mesurada, la existencia de un website puede ayudar enormemente a canalizar las ventas en el exterior. Es una puerta más que se abre y que bien vale la pena explorar.