Conferencia electrónica sobre microempresas rurales
Ponencia 2
Impacto de los encadenamientos productivos y de las relaciones intersectoriales en el desarrollo de las pequeñas y microempresas rurales
Martine Dirven
Unidad de Desarrollo Agrícola
Comisión Económica para América Latina y el Caribe
(CEPAL)
2 de agosto 2000
Mucha actividad económicamente relevante, especialmente en cuanto a creación de empleos, tiene lugar en empresas sobre las cuales existe poca o ninguna información estadística oficial. Es sin ninguna duda el caso de la mayor parte de las microempresas rurales de la región. A principios de los años 90 sin embargo, se hicieron una serie de estudios a nivel nacional en varios países del Africa (Botswana, Kenya, Malawi, Swaziland y Zimbabwe). Más de las tres cuartas partes de las empresas no-agrícolas con entre 1 y 50 empleados (asalariados o no) estaban ubicadas en áreas rurales y 60% de todas las empresas eran unipersonales. (Mead, 1994) Cuan representativo es esta situación para América Latina y el Caribe no sabemos, pero gran parte de las conclusiones de Mead parecen ser aplicables a la región latinoamericana.
Así, Mead (1994) concluye que una gran parte de las microempresas, en especial las unipersonales, son “supply-driven” es decir que responden a la necesidad de sobrevivencia de las personas y generan ingresos aunque con una productividad bajísima. Son actividades que tienen bajas barreras a la entrada y también a la salida, y generalmente responden a una estrategia temporal hasta encontrar una mejor opción. Una expansión de este tipo de empresas se puede interpretar como una muestra de la inabilidad de la economía en generar niveles crecientes de bienestar para la mayoría de la población. Por otro lado existen las empresas que estan “demand-driven”, o sea que se desarrollan en respuesta a oportunidades de mercado. En este caso, debería verse un aumento tanto en las ganancias de los empleadores como en las remuneraciones de los empleados. En el estudio de Africa un 70-80% de los empleos en pequeñas empresas eran empleos nuevos, creados en microempresas nuevas casi todas unipersonales, mientras sólo el 25% de las empresas aumentó su personal, generalmente con no más de una persona, y sólo 1% del total de las microempresas pasó al grupo de empresas con 10 o más empleados. Un estudio anterior[1] mostró que el crecimiento desde una microempresa unipersonal a una bi-personal o mayor generalmente va acompañado de ganancias sustanciales en productividad e ingresos y lo mismo ocurre al pasar de una empresa de menos de cinco empleados a una de más de diez.
Con las excepciones de Bolivia y Brasil, la incidencia de la pobreza es mayor en las microempresas que en las empresas más grandes. Así, de la población rural ocupada en empresas de menos de cinco empleados, son pobres entre el 86% (en Honduras) y el 20% (en Costa Rica). La incidencia de la pobreza es aún mayor entre los trabajadores por cuenta propia en la agricultura. (CEPAL, 1999) En total, la actividad principal de un 30% de la población rural económicamente activa de América Latina (unos 13.2 millones de personas) es no-agrícola, un 80% de la cual, a lo menos, en microempresas. De los 34.5 millones de población rural económicamente activa en la agricultura, el grueso también lo es en microempresas (por cuenta propia o con pocos empleados temporales y/o permanentes, familiares o no, remunerados o no). (Dirven, 2000)
En los países en vía de desarrollo, las empresas más grandes y los complejos productivos en torno a ellas, tienden a concentrarse en torno a la(s) ciudad(es) principal(es) porque en las otras regiones (y con mayor razón en las áreas rurales dispersas) se carece de la mínima cobertura necesaria de infraestructura, instituciones y proveedores. Según Renkow (1998), las empresas rurales tienden a ser pequeñas o microempresas debido a la “distancia económica” que los separa del centro de gravedad urbana. En este concepto incluye no solo a la distancia física sino también a los costos de transacción con los mercados (de trabajo, capital, productos e insumos). Llega a la conclusión de que a mayor “distancia económica” menor es la escala de producción de la actividad no agrícola.
Para dar solo un ejemplo de las "distancias económicas" que pueden existir, nos referiremos al estudio de Fitel (1996) sobre 240 pueblos rurales en Perú. El estudio arroja que: solo el 13% de los pueblos tienen acceso directo a una carretera pavimentada; más del 40% de los poblados más pequeños (entre 400 y 600 habitantes) no son servidos por transporte público y más del 10% de los más grandes (entre 1000 y 3000 habitantes) tampoco; el teléfono público es el método de comunicación más frecuentemente utilizado,[2] pero sólo el 25% de los poblados más grandes tienen uno, mientras el 20% de la población rural vive a más de 30 km del teléfono público más cercano y un 13% de la población encuestada no utiliza ningun medio de comunicación; menos del 40% de los poblados más grandes y del 20% de los poblados más pequeños estan conectados a la red eléctrica; la mayor parte de los poblados no tienen oficinas de banco o correo, policía, espacios habilitados para mercados, lugares donde reunirse, alojar o comer, ni acceso a servicios de médico, enfermera o farmaceutico. A la pregunta respecto a los factores que constituyen la mayor restricción para el desarrollo, los habitantes de los poblados más pequeños respondieron: agua y caminos, y los de los más grandes respondieron: tecnología, electricidad y comunicaciones.
De hecho, existe una tendencia de diferenciación de productos y servicios ofrecidos por las empresas según el tamaño y las características de la economía que las circunde directamente. Reardon y Stamoulis (1997) visualizan círculos concéntricos con la finca en el centro y, luego, los pueblos rurales, las ciudades intermedias, el área metropolitana y, finalmente, el exterior. En general, los pueblos rurales tienden a proveer de insumos a los pequeños productores agrícolas semi-comerciales o de subsistencia, mientras las ciudades intermedias tienden a tener como clientes a los productores más grandes y capital intensivos. Así, por ejemplo, la distribución y reparación de equipo de tracción animal generalmente se ubica en el pueblo, mientras la distribución y la reparación de tractores se ubica en la ciudad intermedia. Sin embargo, la presión competitiva desde los círculos externos puede finalmente llegar a eliminar las empresas del pueblo o, por lo contrario, puede inducir inversiones en ellas. Por otro lado, el mercado local puede ser demasiado limitado o especializado para atraer o dar ventajas a una firma más capitalizada sobre la firma local. La pregunta es si los ideólogos (policy makers) debieran preocuparse de la posible marginación de la empresa rural por la de la ciudad intermedia (y la de la ciudad intermedia por la de la capital o de afuera).
Las políticas macro-económicas y sectoriales influyen sobre los precios e incentivos relativos, y por ende también sobre la (re)localización de las empresas. Lo mismo ocurre con las inversiones públicas en infraestructura (caminos, electricidad, servicios de comunicaciones e información, etc.). Por lo tanto es necesario que haya un análisis sistemático de los costos y ventajas (trade offs) en términos de empleo, competitividad y alivio de la pobreza de las alternativas de inversión en cada uno de los “círculos concéntricos” que van desde la finca a las áreas metropolitanas. (Reardon y Stamoulis, 1997)
2- Los obstáculos al desarrollo de las pequeñas y microempresas rurales más allá de las economías de escala
La dualidad -es decir un gran número de agentes muy pequeños y un número muy reducido de agentes muy grandes- caracteriza a las economías latinoamericanas. Ha sido así tradicionalmente en la producción primaria, es así en la elaboración industrial y también crecientemente en la distribución. La ausencia de peso, tanto numérico como productivo de los agentes que están entre ambos extremos se explica porque las empresas más pequeñas encaran condiciones de mercados financieros, de información, y otros, imperfectos. También tienen limitaciones en su propio capital físico y humano así como en la infraestructura física que las rodea. La propia organización familiar de la mayoría de estas empresas también pone un freno a la expansión ya que generalmente no estan dispuestas a crecer más allá de lo que permite el control personalizado de la empresa. Todo ello les dificulta transitar hacia tamaños mayores. La fuerte heterogeneidad en la estructura productiva lleva a que los agentes tengan intereses distintos, lo que a su vez dificulta la acción conjunta hacia el logro de objetivos comunes.
La evidencia empírica muestra que, a partir de la apertura, el fortalecimiento de la trama insumo-(servicio)-producto y de las relaciones entre los agentes que participan en ella, tiende a encontrarse en los servicios (a menudo para la venta de bienes importados) y que su debilitamiento está más bien en la producción de bienes de capital, en la producción de insumos y en investigación aplicada y desarrollo de tecnología. En varios sectores, el debilitamiento de los encadenamientos parece afectar en especial a la pequeña y mediana empresa (PyME). Está claro por supuesto que existen economías de escala, no solamente a nivel de la producción, sino tambien a nivel de la distribución. Está igualmente claro que existen costos de transacción (administrativos, organizacionales, etc.) que son mayores cuando una empresa tiene que lidear con muchas empresas pequeñas en vez de unas pocas grandes. También pueden surgir costos de transacción mayores con empresas pequeñas debido a sus dificultades de cumplir con un rápido recambio de stocks (high turnover) y requerimientos de entrega justo a tiempo (just-in-time) de bienes de calidad y presentación homogénea a lo largo del año. Nuestro argumento, sin embargo, es que el sesgo contra las pequeñas empresas va más allá de la internalización en el precio o en el costo de estos mayores costos de transacción. En efecto, aparentemente existen razones que trasladan el óptimo de la producción y de la distribución hacia escalas mayores que tienen que ver con:
a) la diferencia entre el costo del capital en el mercado nacional y en el internacional (diferencia que puede llegar a ser más del 10%) y el acceso difícil que tienen las PyMEs al primero, mientras que las multinacionales y tambien crecientemente los conglomerados nacionales tienen acceso al segundo;
b) la disminución de la demanda por investigación y adaptación nacional de tecnología y fabricación de bienes de capital e insumos debido a la apertura y la mayor competitividad de lo importado por un lado, pero tambien al hecho que el lema actual es "foreign is beautiful"[3]; esto a su vez conlleva a una disminución de la oferta (incluyendo los conocimientos) a la cual pueden acceder las PyMEs, ya que para ellas, las tecnologías externas son a menudo de una escala o de características inapropiadas para sus necesidades;
c) la expansión de las ventas a través de grandes cadenas de supermercados, su posición crecientemente oligopsónica y las condiciones que -tambien crecientemente- exigen y que, en términos de costos por unidad, son más severas aún para los pequeños proveedores;
d) el papel cada vez más importante de las marcas, la rápida diversificación de productos los cuales, en el inicio de su oferta en el mercado, son a menudo "supplier-led" es decir, son introducidos al consumidor gracias a fuertes campañas publicitarias; tanto el desarrollo de nuevos productos como la publicidad –ambos con un fuerte componente de costos fijos- son prohibitivos para la PyME. (Dirven, 1999)
Existe una creciente preocupación por estos temas y sus impactos sobre la equidad, tanto desde el punto de vista de los ingresos, como tambien del locus de decisión -tanto geográfico como del tipo de agentes-. Tambien existe una preocupación creciente por la disminución de conocimientos y capacidades de investigación y adaptación a nivel local y nacional en varios nodos de la trama insumo-producto. Existe asimismo preocupación respecto al tipo de sociedad futura que nos espera si estas tendencias continúan y se profundizan en el tiempo. [4]
3- Las experiencias (positivas y negativas) que se derivan de la formación de complejos productivos de pequeñas y microempresas en zonas rurales y/o periurbanas
Porter (1998), define los clusters o complejos productivos como la concentración geográfica de empresas e instituciones interconectadas en un campo/tema/producto específico. Los complejos productivos a menudo se extienden aguas abajo hacia canales de distribución y consumidores, lateralmente hacia proveedores de productos o servicios complementarios y hacia compañías relacionadas por los conocimientos, tecnologías o insumos comunes. Así mismo, los complejos productivos engloban a universidades, agencias que determinan estándares, institutos de capacitación profesional y asociaciones gremiales. Los límites del complejo son definidos por los encadenamientos y las complementariedades que son las más importantes para su competitividad. Ser parte de un complejo productivo permite también que las compañías se esten midiendo y motivando contínuamente, sobre todo que empresas rivales situadas en una misma localidad comparten circunstancias generales –por ejemplo costos laborales e infraestructura-. Los distintos estudios de caso analizados sugieren que se requiere de una década o más para que un cluster se desarrolle en profundidad y con una real ventaja competitiva.
Las políticas encaminadas hacia el desarrollo de complejos productivos en América Latina se han apoyado en las discusiones académicas y políticas, la imagen estilizada y la experiencia Europea y de los Estados Unidos. Ahora bién, la evidencia empírica muestra que, en América Latina, los complejos productivos son muy heterogéneos y son bastante distintos de esta imagen estilizada. Esto ha llevado a manejar supuestos sobre los potenciales de desarrollo de grupos de empresas lejanos a la realidad, ignorando la lógica específica que guía la toma de decisiones empresariales y subestimando la inercia del medio sociocultural local. De hecho, la falta de espíritu empresarial, las barreras para compartir información, la falta de confianza mútua e impedimientos similares a menudo constituyen los mayores cuellos de botella para el desarrollo de clusters. (Altenburg y Meyer-Stramer, 1999)
Para América Latina, Altenburg y Meyer-Stramer (1999) identifican tres grandes tipos de complejos productivos, cada uno requiriendo de políticas específicas. El grupo más frecuente son los clusters de “sobrevivencia” de micro y pequeñas empresas que producen productos o servicios de baja calidad para el mercado local. Estas empresas suelen compartir muchas características del sector informal. El grado de especialización y cooperación entre las firmas suele ser bajo, reflejando la falta de especialistas en la fuerza laboral local y también un tejido social frágil. El segundo grupo de clusters está compuesto por empresas orientadas a productos producidos en masa, pero con mayor diferenciación y requerimientos tecnológicos. La apertura forzó a estas empresas a hacer frente a la competencia internacional y a pasar por una reorganización profunda para poder sobrevivir. Por último están los clusters en torno a empresas transnacionales. Suelen ser de tecnologías más complejas y estar orientados tanto hacia el mercado doméstico como el internacional. Suelen también tener relativamente poco encadenamientos con PyMEs e instituciones locales.
Los clusters de sobrevivencia generalmente están ubicados en áreas pobres con altos niveles de subempleo, sea en pueblos rurales sea en zonas marginales urbanas. La razón por la cual estas empresas están geográficamente cercanas tiene mucho que ver con la imitación. Se puede encontrar el origen de casi todos en un empresario pioniero que aprendió una habilidad relevante fuera de la localidad, inició una empresa y capacitó a sus familiares y otros trabajadores. Estos, al acceder al capital semilla necesario, se independizaron para hacer lo mismo. El aprendizaje informal es el mayor mecanismo de transmisión de conocimientos y destrezas, ya que las escuelas vocacionales estan, la mayoría de las veces, fuera del alcance de las poblaciones pobres, especialmente las rurales o urbanas marginales. Estas agrupaciones de empresas, si bien estan bastante lejanas a las características de clusters “ideales” tienen también externalidades positivas, como: “rebalses” de información (information spillovers) en cuanto a proveedores, comercialización, diseño de productos de competidores; mano de obra semi-calificada y en contacto con el producto o servicio desde su infancia; provisión fácil de insumos y maquinaria porque, debido a la demanda, los proveedores se instalan en la cercanía; costos de transacción bajos para la venta ya que, una vez que el lugar ha ganado una cierta reputación, los intermediarios vienen de todas partes y tienen a su alcance decenas, a veces centenares, de proveedores y estilos. (Altenburg y Meyer-Stramer, 1999)
La mayoría de estos microempresarios funcionan en un entorno social que no está conectado con la comunidad empresarial del sector formal. Por lo general, se desempeñan en un entorno de oferta excesiva y subutilización de las capacidades productivas y por lo tanto prefieren producir todo en la propia empresa, dificultando así la especialización. Las externalidades positivas de la concentración geográfica reducen las barreras a la entrada para empresas nuevas y así contribuyen a la creación de una oferta excedentaria del producto principal del “cluster”, conduciendo a una feroz competencia de precios a nivel local. En un entorno de bajas capacidades, esto lleva a una competencia ruinosa en vez de llevar a una rivalidad virtuosa que se traduce en mejoramiento del producto o servicio a través de la innovación, como en los clusters dinámicos. (Altenburg y Meyer-Stramer, 1999)
4- Algunas ideas para las políticas y/o programas para la construcción de ventajas competitivas (o, por lo menos sobreviviencia) de las microempresas rurales
Porter (1998) advierte que promover complejos productivos en países en vía de desarrollo requiere empezar desde lo más básico. Primeramente es necesario preocuparse de mejorar la educación y las destrezas, construir capacidades en tecnología, abrir el acceso a los mercados de capital y mejorar las instituciones. Sólo después se requieren inversiones más específicas para un cluster dado. Mead, (1994) es enfático: los programas requeridos para las microempresas nuevas son bastante distintos a los requeridos por empresas que lograron sobrevivir algunos años y que requieren expandir.
Altenburg y Meyer-Stramer (1999) justifican las medidas de apoyo a los clusters de micro y pequeñas empresas sobre todo por el papel que tienen en ofrecer oportunidades de empleo. Su mensaje es que el ímpetu de las políticas debe estar el la ruptura del círculo vicioso de las bajas competencias/destrezas y bajas inversiones. Recomiendan una apropiada mezcla de políticas orientadas al mejoramiento de la gerencia y calidad de lo producido por las micro y pequeñas empresas de “sobrevivencia” con políticas específicas para el fortalecimiento de clusters como la provisión de servicios específicos para el sector, apoyo para la acción colectiva, diseminación de información, etc. así como visitas a empresas más sofisticadas. En cuanto a las políticas orientadas hacia el fortalecimiento de los complejos productivos, estas tienen que ir acompañadas por, primero, despertar la conciencia de las fortalezas que puede representar un cluster más ideal que el de sobrevivencia. Sin embargo, los que trabajan con la comunidad local tienen que estar concientes de su papel de catalizador y moderador y no empujar sus ideas con demasiada fuerza sin que la comunidad local de microempresarias las haya asimilado como suyas. Añaden que por mientras los empresarios que participan en proyectos no son personalmente responsables de los posibles fracasos, mostrarán interés en muchas actividades que, en realidad, no requieren. Por varios motivos, las empresas privadas muestran generalmente un mejor desempeño que entidades gubernamentales o asociaciones/cooperativas de micro y pequeños empresarios para los servicios a las microempresas y es tarea de los promotores (el gobierno local, la asociación gremial, u otros) de incentivar a las empresas privadas a cumplir este papel.
Existen generalmente bastantes posibilidades para cambiar la actitud del Gobierno local desde una de negligencia a una de compromiso hacia las empresas locales[5]. La formulación de una estrategia de desarrollo de un cluster comienza mejor con la participación desde el inicio del Gobierno local, de las varias entidades empresariales y de otros posibles interesados o aliados estratégicos. Sin embargo, no es fácil llevar a la cooperación un grupo de empresarios o de entidades que hasta entonces habían actuado individualmente. Es sólo después de un cierto período de cooperación exitosa en actividades periféricas que surgirá la confianza necesaria que, a su vez, es precondición para una cooperación efectiva en actividades cruciales.
Las asociaciones gremiales locales deben repensar su papel, ya que pueden –en conjunto con las autoridades locales- proveer un foro para el intercambio de ideas, posicionarse como el punto focal para la acción colectiva y asumir las actividades que son sensitivas a la escala (como capacitación, investigación, búsqueda y difusión de información, representación en ferias, compra de insumos y comercialización, etc.). Sin embargo, la mayor parte de las asociaciones gremiales representan una “industria” específica y no un cluster. Por su lado, los Gobiernos deberían –en estrecha asociación con el sector privado- construir sobre complejos productivos existentes o nacientes, siempre apoyándose en las fuentes locales que lo hacen único (local sources of uniqueness) y no tratar de crear nuevos clusters de la nada.
Desde distintos ángulos, la pequeña empresa se encuentra en una posición de desventaja respecto a las más grandes. La mayor flexibilidad que se le aduce -justamente por su tamaño y organización- frente a la empresa más grande no parece verificarse en las condiciones relativamente precarias (mercados imperfectos y falta de capital humano) en las cuales generalmente se desempeña en la región. Existen factores como el ejercicio de poder monopsónico o monopólico, que inducen a las firmas más grandes a incurrir en una serie de ineficiencias, tanto a nivel de la propia empresa como de la sociedad, pero que finalmente repercuten negativamente sobre las empresas de menor tamaño. Hasta el momento se ha dado poca atención a los costos económicos y sociales de estas ineficiencias que se traducen en una presión a la baja de los precios al proveedor y precios altos -a nivel internacional- al consumidor. Una consecuencia es que pequeños proveedores están siendo eliminados de la cadena de proveedores más allá de lo que debieran. Otra consecuencia es que consumidores que son en su mayoría de ingresos medios a bajos tienen que pagar precios altos, entre otros, para absorber los altos costos de desarrollo de marcas y de publicidad, la rápida introducción de nuevos productos y envases, así como los costos de inversiones "state of the art" para condiciones que no lo son.
Si se mira desde un punto de vista estrictamente productivo o de inversiones, la caida en la presencia de las PyMEs no es un asunto tan importante en sí, pero si se toman en cuenta los encadenamientos entre las PyMEs y sus efectos sobre el empleo, la tecnología, la equidad y la localización geográfica, entonces las implicaciones son mucho mayores.
Efectivamente, se puede observar un cambio hacia una mayor concentración geográfica de la toma de decisiones, visto que las industrias, los importadores y los distribuidores de mayor tamaño tienen su sede en las ciudades más grandes y no cercanas a la producción como era el caso de las empresas de tamaño mediano a pequeño. A medida que ocurre la concentración de la propiedad, hay relativamente menos agentes dueños de su propia empresa. La toma de decisiones se concentra por lo tanto en menos, pero más poderosos agentes.
Existe entonces un problema (issue) de equidad, no necesariamente respecto al ingreso o sólo respecto al tema del ingreso, sino respecto a la distribución regional/espacial y respecto a la propiedad y toma de decisiones. También existe un problema (issue) respecto a la capacidad nacional o regional de creación de conocimientos propios, investigación y adaptación de tecnologías en distintos puntos de la trama de relaciones insumo-(servicios)-producto. Las perspectivas de desarrollo a largo plazo, bajo estas condiciones, debieran ser miradas con máximo cuidado y las implicancias respecto a una posible estratégia de desarrollo en torno a clusters son, claramente, negativas.
En conclusión, se propone que los Gobiernos tomen acciones para "bend the curve",[6] es decir, cambiar la tendencia hacia un progreso y desarrollo más deseable y más equitativo. Asimismo, se sugiere que los Gobiernos de la región se reserven un mayor "espacio para políticas" de desarrollo de competitividad y de transformación estructural de sus economías que las previstas actualmente en sus negociaciones bilaterales, multilaterales y en la OMC.
Algunos países estan tomando pasos en esta dirección. Así en Colombia, se han organizado reuniones y firmado un Convenio de Competitividad entre los distintos agentes que intervienen a lo largo de las cadenas productivas (incluyendo el Estado) para, paulatinamente y de común acuerdo, emprender acciones orientadas a aumentar la productividad y la competitividad externa y, paralelamente, aumentar el consumo interno a través de acciones conjuntas de publicidad y acciones especiales hacia el desarrollo de productos al alcance de las poblaciones de menores recursos. Muy recientemente -alentados por el Gobierno de los Países Bajos, la Cámara de Comercio de Santiago y la Fundación Chile-, algunos agentes de las cadenas agroalimentarias chilenas se han reunido en mesas de discusión por rubro para conversar sobre posibles estratégias conjuntas orientadas a aumentar la eficiencia a lo largo de cada cadena.
En Argentina, la Provincia de Neuquén ha negociado con las distintas cadenas de supermercados un "rincón" con productos locales libre de las exigencias que imponen a los demás productos (cuotas, volumen mínimo de ventas, apariencia, etc.). Es un ejemplo que podría ser emulado en todas partes.
Algunas PyMEs en Argentina han iniciado relaciones (contractuales o no) con otras, más pequeñas, para comprarles productos semi-elaborados y venderlos bajo su marca. Esto les ha permitido aumentar su volumen de ventas sin incurrir en inversiones, mientras las otras han encontrado un canal de ventas más o menos seguro. En varios países, PyMEs agroalimentarias estan haciendo esfuerzos para relacionarse de manera más permanente con compradores industriales u hoteles y restaurantes. Estos esfuerzos -espontáneos hasta ahora- se podrían incentivar. Además se recomienda que, aunque las PyMEs agroindustriales lácteas no tienen tradición de asociarse, debieran ser incentivadas[7] hacia contemplar esta posibilidad como una forma de seguir posicionándose en el mercado y enfrentar la concentración creciente de las grandes empresas, tanto agroindustriales como de distribución. Así mismo, se podría incentivar un mayor intercambio entre la PyMEs tanto en el sector primario como agroindustrial con los fabricantes locales de máquinas, herramientas e insumos, para que encuentren soluciones a sus problemas y necesidades específicos y que estas soluciones -a veces muy ingeniosas- sean difundidas. Los gobiernos locales podrían jugar un papel activo en ello.
5-¿Cómo las microempresas podrían aprovechar las oportunidades de la globalización y reducir sus amenazas?
Existen cuatro respuestas cortas a las oportunidades que ofrece la globalización a las microempresas: el aprovechamiento y reforzamiento de las especifidades locales (microclima, belleza, tradición, renombre, imágen, etc.); el aprovechamiento (incluso creación) de nichos de mercado y de alianzas estratégicas con otros interesados en penetrar en los mismos mercados; la asociatividad y la obligada mantención homogénea o mejora de la calidad de todos y cada uno de los proveedores; y el aprovechamiento de canales de comercialización alternativos (diversas iniciativas de ecosolidaridad o Fair Trade Partners como los asociados a TransFair en distintos países europeos entre los cuales están Oxfam, Action Solidarité Tiers-Monde, Pax Christi, Caritas, y muchos más).
Altenburg, Tilman y Jörg Meyer-Stramer (1999): “How to promote clusters: policy experiences from Latin America", World Development, Septiembre.
CEPAL (1999): Panorama Social de América Latina 1998, LC/G.2050-P, Santiago de Chile.
Dirven (2000): “Empleo rural, grupos etarios y género”, a ser presentado en el Seminario Ocupaciones rurales no-agrícolas, Oficina de Atualização Temática, Instituto Agronômico do Paraná (IAPAR)/ASE y IICA/Procoder II, Londrina, Brasil, 16 al 20 de octubre 2000
Dirven, Martine: “Clustering and declustering effects of globalization (based on case studies of the milk sector in Chile, Colombia, Uruguay, Argentina and the Netherlands)”, presentado en la Pre-conferencia de la Asociación Americana de Economistas Agrícolas (AAEA): Agro-industrialización, globalización y desarrollo internacional, 6-7 agosto 1999, Nashville, Tennessee, USA y a ser publicado proximamente en el International Food and Agribusiness Management Review
Fitel (Fondo de Inversión de Telecomunicaciones) (1996): Caracterización socio-económica de los centros poblados rurales del Perú, Documento de Discusión No 1, Lima.
Mead, Donald C. (1994): “The contribution of small entreprises to employment growth in southern and eastern Africa”, World Development, Vol. 22, No 12.
Porter, Michael E. (1998): “Clusters and the new economics of competition”, Harvard Business Review, noviembre-diciembre.
Reardon Thomas y Kostas Stamoulis (1997): “Relating agro-industrialization, intermediate cities and farm-nonfarm linkages: an investment perspective with latin American examples”, mimeo.
Renkow, Mitch (1998): Cities, towns, and the rural non-farm economy, documento presentado al taller del International Food Policy Research Institute (IFPRI) sobre Estrategias para estimular el crecimiento de la economía rural no agrícola en países en vía de desarrollo, Washington D.C., 17-20 de mayo 1998.
Schneider, Heloïsa (2000): “El municipio como articulador del fomento productivo: el caso de las comunas de Canela y Putaendo, Chile” documento técnico del Informe final de los Convenios IICA/INDAP: “Apoyo a la desconcentración y descentralización de los servicios de INDAP” y CEPAL/ Ministerio de Agricultura/INDAP: “Análisis y evaluación de los instrumentos diseñados por el Ministerio de Agricultura para la superación de la pobreza rural”, marzo.
[1] Liedholm, Carl y Donald C. Mead (1993): “The strucutre of growth of microentreprises in Southern Africa and Eastern Africa: evidence from recent surveys”, GEMINI Working Paper No 36, Washington, D.C., USAID, marzo.
[2] después vienen: las encomiendas a familiares y amigos, y a través del transporte público, el correo y la radio
[3] “Lo extranjero es bello” (inspirado en "small is beautiful" de Schumacher).
[4] Estas preocupaciones fueron claramente expresadas en la reunión de la Asociación Internacional de Economistas Agrícolas (IAEA) en Foz de Iguazú, 2 de agosto de 1999 y en la reunión de la Asociación Americana de Economistas Agrícolas (AAEA) en Nashville, 8 al 11 de agosto de 1999.
[5] Aunque no hay que desestimar la importancia de los ritmos e intereses políticos de los distintos integrantes del Gobierno local que pueden no coincidir con los empresariales (Schneider, 2000, es ilustrativa al respecto)
[6] Propuesto, entre otros, por John Antle en su alocución como Presidente electo de la Asociación de Economistas Agrícolas de Estados Unidos, Nashville, 1999.
[7] Iniciativas como los PROFO en Chile por ejemplo, donde la Corporación de Fomento incentiva y subsidia la formación de grupos de empresarios de un mismo rubro o de un rubro complementario y de una misma región con el fin de identificar e implementar soluciones grupales a sus problemas.