Comentario Fabiola Campillo Miembro del Jurado |
El privilegio de leer mas de cien historias autobiográficas de liderezas campesinas e indígenas de América Latina y El Caribe me permitió transitar, de la mano de estas mujeres, por el camino de dolor que ellas han recorrido en vidas contaminadas por la exclusión social, la falta de oportunidades y la pobreza económica (mas no humana), pero también recorrer el trayecto de fuerza, tenacidad y energía que ha hecho posible su liderazgo.
La primera sensación que tuve leyendo sus testimonios de vida, fue la de asistir como espectadora, a una competencia atlética de saltos con obstáculos de diferente dimensión, en la que mujeres representantes de las mas diversas y apartadas regiones, etnias, razas y origen, lograban salir victoriosas al saltar toda suerte de barreras: la falta de oportunidades educativas y de todo tipo/ el haber nacido hembra cuando se esperaba un varón/ el miedo atravesado en la garganta que no deja salir la voz en las primeras reuniones a las que asisten/ el machismo de padres, maridos, hermanos, compañeros y jefes en las organizaciones/ la invisibilidad de su trabajo productivo y domestico/ la violencia ejercida por quienes tienen el poder en la familia (padres y maridos) y por el Estado/ los hijos muertos por falta de asistencia en salud y todos los etcétera que me quedaron en la mente. Por que entonces se sigue, poco in
Las liderezas rurales de hoy son, en su mayoría, mujeres mayores de cuarenta años, con al menos una unión y mas de tres hijos, con una historia de arduo trabajo iniciado a muy temprana edad apoyando al padre en la producción y sustituyendo a la madre en las tareas domesticas, conocedoras a fondo de administrar necesidades no resueltas y restricciones económicas.
Por ello, la pregunta que siempre tuve en la mente durante la lectura fue cuales son los resortes que han impulsado su fuerza en la carrera de la vida venciendo obstáculos? La educacion y la organizacion es el primer lugar. De sus relatos resulta evidente que es económica, social y políticamente rentable invertir en educar a las mujeres del campo. En efecto, quienes lucharon por tener acceso a la educación básica, rápidamente fueron invitadas a participar en organizaciones y a utilizar sus destrezas para servir a la comunidad, la que, a su vez, les fue lentamente y con grandes recelos, conduciendo hacia cargos de representación y poder.
En segundo termino, ellas señalan que la educación y la participación organizada conducen simultáneamente al tercer resorte, la técnica, organizativa y, muy importante en los últimos años, en . Parece como si no hubiese bastado con aprender que hacer y como conducir a las organizaciones; hacia falta reflexionar sobre su identidad en tanto seres humanos femeninos en una sociedad patriarcal. Así, la conciencia de genero parece amplificar de manera decisiva el liderazgo y empoderamiento de las mujeres campesinas e ind-genas.
El contar con" (que permiten o consienten, cuando aun las mujeres deben pedir permiso y consentimiento, a pesar de la mayor-a de edad) es otro resorte para el liderazgo. Casi todas las autobiografías relatan que pudieron participar y crecer como personas porque pudieron vencer la resistencia de familiares varones o encontraron aliados que no se opusieron a su participación en organizaciones, con todo lo que ello implica: salir de la casa, principal espacio femenino, ausentarse por varios días, cumplir tareas que compiten con las responsabilidades domesticas, desafiar la imagen de que los hombres son los únicos que pueden representar a otros y otras en el espacio publico. En consecuencia, trabajar por cambiar los patrones de masculinidad vigentes en las sociedades rurales, es una manera eficiente de apoyar a las mujeres y de romper la cadena patrimonial de discriminación hacia las niñas.
El trabajar con los hombres para hacer mas flexibles sus roles e imágenes masculinas, también viene en auxilio de uno de los problemas mayores que las autoras presentan: la . La sanción social por dejar a los niños, unida a las recriminaciones (tantas veces a golpes) de maridos y compañeros, constituyen un fardo muy pesado para que ellas puedan asumir el poder y representar a su comunidades a cabalidad.
La lectura y relectura, no solo dio respuesta a mi pregunta sobre los resortes del liderazgo. También confirmo una sospecha o hipótesis que por años vengo difundiendo. La de que, contrario a los que nos dice la cultura y nos repiten los expertos en desarrollo y los lideres (de ambos géneros) con mentalidad patriarcal, las mujeres todas (rurales, urbanas, ind-genas, negras jóvenes y viejas) toman decisiones continuamente. No parece, pero lo hacen. En sus historias de vida ellas demuestran que deciden no aceptar la decisión paterna de interrumpir los estudios (lidereza en Honduras); deciden denunciar con todos los riesgos el encarcelamiento abusivo de sus maridos y los liberan de la cárcel (lidereza indígena en Colombia); deciden tomar las armas en los conflictos que afectan a sus regiones (liderezas en Centroamérica y el mundo andino) y hasta tienen que decidir a quien sacrificar botando al río para escapar del cerco militar y la muerte " a mi hijo o al fusil?" (lidereza en la guerra en El Salvador). La cultura no hace sino opacar esa capacidad de decidir y logra anularla en el inconsciente colectivo, por lo cual ni las propias mujeres creen en ella. Pero esta allí y ya es hora de rescatarla para promover mas liderazgo de las mujeres, el acceso igualitario al poder y un desarrollo menos desbalanceado o, mejor dicho, equitativo.
Como profesional que trabaja asesorando gobiernos, organismos de cooperación internacional y ONGs, en equidad de genero y desarrollo rural, este recorrido por vidas ajenas me enseño varias lecciones que prometo trasmitir:
Una, hay que apostar con mayor fuerza a la educación y capacitación de las mujeres de las zonas rurales, en un mundo cada vez mas urbano y en donde las mejorías logradas en la superación de desigualdades entre los géneros, nos están ocultando las grandes distancias en las desigualdades intra-genero.
Dos, sin organización las posibilidades de liderazgo femenino son nulas y se estrellan contra la resistencia masculina y la soledad de las mujeres, tan apartadas y dispersas como lo son sus fincas, parcelas y comunidades.
Tres, no se logra la equidad de genero si se deja de lado a los hombres, si se amplia la conciencia de genero femenina pero se mantiene intacta la masculina y su poder. Poco cambia si ellos no toman conciencia de que también pueden obtener gratificaciones cuando le apuestan a un mundo mas igualitario.
Cuatro, la fuerza decisoria y la capacidad de compromiso de las mujeres, a pesar de lo amordazado que ha estado su poder, es una palanca vital para lograr el desarrollo.
Por supuesto, los otros mandatos los conocemos. Es necesario erradicar la pobreza, marco que estrecha las posibilidades de todas y todos, asegurar el cumplimiento de los derechos de las mujeres, transferir recursos para ellas y sus comunidades, eliminar discriminaciones de todo tipo, construir democracia con ellas y ellos. Pero estas autobiograf-as, escondían la receta de un cóc
Como mujer, tuve la confirmación de que hay aire en los pulmones después de cada obstáculo saltado y de que brilla la luz al final de cada túnel. Se afianzo mi certeza de nuestra fuerza para sortear barreras y se amplio mi satisfacción por haber dedicado años de mi vida a algunas políticas y programas de desarrollo que han combinado, mal que bien, algunos de los elementos del cóctel hasta hoy encontrado. Gracias a todas las participantes en este concurso por haberme dado estos bienes, intangibles pero preciosos; gracias a RIMISP y a Julio Berdegue por brindarme esta oportunidad especial.
| Sra.
Fabiola Campillo, Consultora internacional. Especialista en Temas de Género y Desarrollo Rural San José, Costa Rica |