Carmen Obidia de Paz Valle

El SALVADOR

Yo Carmen Obidia de Paz Valle, originaria de Tenancingo, nacida el 4 de noviembre de 1948. Mis padres eran una familia muy pobre pero con buenos principios; a los 14 años de edad quedamos huérfanos de padre, sólo con mi mamá y 12 hermanos fuimos creando un odio personal con la guardia por que ellos lo mataron. Al morir mi padre yo me acompañé, tuve mi primera hija pero yo ya llevaba aquel gran odio maldito sobre las autoridades militares

¿porque? Por la muerte de mi padre.

Después se oían rumores de que buscaban algunos sacerdotes y ahí estaba mi hermano menor que se llama Agustín Valle que pertenecía al conjunto de la iglesia que tocaba los domingos en misa. Nosotros, los demás hermanos percibíamos que algo estaba pasando o iba a suceder.

Un día vi salir a mi hija que era la mayor de escasos 8 años de edad, y no me dijo para donde iba, pero a su regreso yo le pregunté: - ¿de donde vienes? y ella me respondió de donde mi abuela y eso continúo, ella siguió saliendo sin darme cuenta de lo que ella estaba haciendo. Cierto día me encontraba discutiendo con ella porque me enojaban sus salidas, cuando oímos que había sucedido una desgracia… habían asesinado a Monseñor Romero, no recuerdo el año pero si la fecha 24 de marzo.

Puse los pies sobre la tierra y desperté del mundo en que estaba, en esos entonces andaban algunas personas orientando y organizando a la población; fue hasta en aquel momento que comprendí lo que mi hija andaba haciendo con mis hermanos. Después mi hija trataba de orientarme con mis hermanos en algo que iba a suceder más adelante.

En el 78 nosotros empezamos a sentir la fuerza del enemigo que nos perseguía, sin embargo no queríamos abandonar nuestras casas donde vivíamos, fue transcurriendo el tiempo y empezamos a ver cosas horrorosas como la muerte de algunos dirigentes como Napoleón Escobar y otros.

Luego nos orientaron que nos saliéramos para el monte a dormir, ya mi hija no dormía con nosotros, ella se iba con los tíos para el monte. Uno de mis hermanos huía por los ríos más quebrados para no dejarse ver de nadie, yo lo buscaba para darle de comer de vez en cuando.

Un día conocimos un compañero dándoles instrucciones a 8 ó 9 compañeros (entre los cuales estaba mi hija con mis hermanos). Yo les informaba que todas las noches bajaban de 6 a 7 camionadas de militares en busca de terroristas los cuales hacían muchas preguntas y amenazaban que si ayudábamos a la gente que andaban en lista nos matarían.

Como mi familia era la más perseguida mi madre huyó hacia Chalatenango por que ahí estaba mi otro hermano Nayo, que trabajaba en caminos. Ese mismo día por la madrugada bajaron 12 camionadas de militares y quemaron la casa de mi madre donde se encontraba mi hermano menor, pero se logro escapar.

Ese día para nosotros fue muy duro, yo me encontraba en la otra casa cuando oí que hablaban en voz baja. Eran los orejas , gente conocida de nosotros que andaban los militares. Pude escuchar que si encontraban a alguno de mis hermanos se lo iban a llevar para hacerlo hablar. Yo personalmente había sacado tres veces de la cárcel acusado de distribuir propaganda subversiva.

Al día siguiente subí al pueblo y la esposa del comandante me llamó para comentarme lo que ella había oído comentar a su esposo sobre mi hermano de nombre Agustín, que lo querían asesinar , en esos momentos me sentí mal, por lo cual tome la iniciativa ya que me encontraba entre la espada y la pared.

Mande una carta para Chalatenango, donde se encontraba mi madre contándole los sucedido en casa y que ya no regresará nunca más para Tenancingo y desde ese día ya no nos volvimos a ver.

En el 79 empezamos a sentir más fuerza en el campamento yo tenía más gente que se estaba preparando.

Luego el Cantón El Pepeto a 2 kilómetros de Tenancingo, masacraron a dos familias enteras a las que no nos dejaron darles sepultura. A los pocos días se empezó a ver si podíamos enterrar a esas familias, cuando llegamos a ese lugar, los perros y los zopes ya estaban empezando a comérselos..

Los militares que estaban cuidando los cuerpos se retiraron pues ya se sentía el mal olor. Y fue así que pudimos enterrar lo que quedaba de las familias. Ese día fue muy difícil para nosotros.

Yo viendo los sucedido empece en mi lucha y me pregunte ¿porque mi hija anda con mucha fuerza y valor con sus ocho años? Y yo viendo lo sucedido sintiendo en carne propia el dolor de mi pueblo. Yo estaba acampamentada, pero sentía que no estaba haciendo lo suficiente y además sentía que los cuatro hijos que tenía eran un inconveniente ya que estaban en las edades de 6,4,2 y 8.

En el año de 1980, fuimos descubiertos por la fuerza armada y nos destruyeron el campamento y nos trasladamos para el Cantón Guadalupe que estaba aproximadamente a 9 kilómetros de Tenancingo donde pasamos el resto del 80 y 81.

Tenía la responsabilidad de jefa de las milicias populares, y en esos momentos no sabia nada de mi hija.

Posteriormente me hicieron un llamado del mando militar de la guerrilla donde íbamos a tocar algunos puntos importantes de como organizarnos mejor, ya que el enemigos empezaba a darnos golpes más duros. Ahí me encontré con mi hija pero ya no era la niña que yo conocía ya era una señorita de 13 años, ella corrió hacía mi dándome las gracias por haberle dado la vida y por haberme organizado. Cuando yo pude verla me sentí la mujer más feliz del mundo y luego todos los compañeros se levantaron y me felicitaron por el éxito de mi hija.

A partir de ese momento recomendé y confié a una compañera llamada Angela, a quien amaba mucho la responsabilidad de mis tres hijos, luego yo me tenía que movilizar para los cantones de El Perico, San Nicolás, El Sitio, San Antonio, Pepeshtenango, Las Vegas, Tenango para conducir lo que le tocaba hacer a las milicias. En el año de 1986 fuimos desalojados del Cantón

Guadalupe y me fui para Asacualpa.

Ahí en una reunión con gente de masa, es decir niños, mujeres y ancianos decidieron dejarme de secretaria general de masa para que yo sacara o trasladará las masas por algún desalojo del enemigo, en esos momentos los compañeros empezaron a dar los golpes mas estratégicos al enemigo. Me encontraba en el área de Asacualpa, San Nicolás, La Criba, La Escopeta, Culebría, además atender todo alrededor de Cinquera orientando a las masas.

Luego después empezaron a aparecer los parachutes me tuve que reunir con mi grupo de conducción para sacar la gente más cansada al norte de Chalatenango y así pudimos librar mucha gente . Posteriormente tuve que abandonar la secretaria que me habían encomendado y me asignaron la responsabilidad de jefe de milicias con el seudónimo de Esperanza y mi misión era sacar a gente para conducir heridos, llevar el control de las postas. Tenía contacto con la Cruz Verde y personas extranjeras.

Me especialice para atender a toda la gente que entraba y salía yo ya había perdido el miedo y el temor de conversar con toda clase de gente. Después me mandaron al Norte de Chalatenango y tuve a mi responsabilidad conducir los Cantones de Las Vueltas, Palo Blanco, Los Anonos, El Jicarón, Santa Anita, Los Amates, El Surros, Ojo Blanco, Palo Verde, San Antonio, San Isidro, y otros.

Luego de un tiempo me llamaron de Radiola que tenía que estar en las tomas de decisión para caerle a Tenancingo, en esta toma solo tuve que estar de posta en el famoso Cerro del Dique, yo pedí estar ahí porque yo conocía todo el terreno, quiero decir que no recuerdo las fechas de estas toma pero si tengo en mi memoria la fecha de la toma definitiva de Cinquera un 7 de mayo de 1983 el mismo día del soldado donde yo participe en la toma y la decisión

era terminar con los puestos de tropas de fuerza armada y tomarnos todo su alrededor como Las Mesas, El Zapote, Jutiapa, Tejute y El Zopilote.

Caminando para Ilobasco el día 6 de mayo para amanecer 7 de mayo de 1983, fue un día inolvidable que no podré olvidar jamas mientras este viva, porque me eligieron para dar la Victoria final de la toma de Cinquera tocando las campanas de la iglesia de dicho pueblo y cantando una canción de protesta que yo había compuesto con el conjunto de Segovia, pero cuando yo empecé a tocar las campanas llegó una compañera y con voz baja me dijo que mi hija había caído, ella en ese tiempo tenía la responsabilidad de radista al mismo tiempo era de las sapadoras del batallón Aguiñada Carranza. También en ese momento la misma compañera me dijo también preparate porque además tus hermanos con el seudónimo Eduardo, Miguel y Santos han muerto; en esos momento me sentí morir y me desmaye. Cuando de repente se acerco un compañero del mando y me dijo este no es el momento de desmayarse, tu sabías a lo que veníamos y pedí una arma mas competente para vengar la sangre de todos los caídos y me fui para la posta que estaba controlando la calle de Tejutepeque pues iban con refuerzo los militares y es así como en el transcurso del tiempo tuve una experiencia grande, que fue la torpeza más grande de mi vida, pues en lo mas duro de los combates salí embarazada y ya que yo no contaba con un compañero consciente, aunque el andaba en la lucha, yo tenía que tener relaciones con él porque yo no pasaba con mis hijos y me celaba con mis compañeros porque yo tenia una buena relación con ellos.

Aún con mi embarazo yo continué con mis tareas, el día 9 de enero de 1983, yo amanecí mal de mi hijo a las 5 p.m. estaba dando a luz esa fue otra experiencia más de mi vida. Porque teniendo tres hijos no sabía como prepararlo pues nunca había visto como se le cortaba el ombligo, pero yo me pregunte ¿quién te mando a hacer esta estupidez? Tenia que salir adelante y ese día habíamos tenido la presencia de los aviones roqueteros , fuga, huchanpul todo el día por la tarde el desembarco de 48 aviones tirando parachutes en todo el área de Azacualpa, ¡pero así nació mi hijo!.

Después me preparé para continuar con mis tareas a las 6 p.m. del mismo día me hablaron por radio que el enemigo iba por tres flancos de la zona y yo tenía que salir por la situación de mi salud, tuve que dejar mi responsabilidad que tenía y me incorporé en el primer grupo de gente que salía hacía Guazapa a unas 7 u 8 leguas de Radiola cruzando ríos en la noche con mi hijo en brazos. Antes de marchar me preguntaron ¿ a quien vas a botar el arma o el niño? Yo consciente del error que había cometido de tener un hijo en plena guerra conteste no voy a botar ni el arma ni a mi hijo.

Porque mi hijo es de mis entrañas y el arma es mi defensa, después del Todopoderoso y continuamos la marcha.

A medio camino íbamos cuando el guía que llevábamos paro la fila y nos dijo que silenciáramos los niños porque íbamos a cruzar la calle de Suchitoto y en cada cuadra se encontraban postas del enemigo. Los niños que cargábamos lloraban del frío y hambre porque estaba cayendo una tormenta.

Luego se escucharon más ráfagas de M 16 que habían matado a un grupo de mujeres y niños entonces yo caminando y pensando ¨si tenemos que matar a nuestros hijos lo hacemos, pero no matan a toda la gente¨. Mas atrás oí llorar a una madre y pregunté que pasaba y me contestó la que iba a atrás de mi: ¡ Esperanza la Toña ahorcó al niño por socarle la boca!, pero más atrás se escucharon otros gritos pues se ahogaron otros tres niños y el mío lloraba mucho y me afligía por que tenía que lidiar con él y al mismo tiempo con mi arma, yo me senté y llené la pacha de agua sucia que corría por el suelo y le puse una pastilla de diazepan y azúcar, la agité y se la di de tomar a mi niño, rápidamente se me durmió y pensé darle a los demás, espere que pasaran uno por uno dándoles en la misma pacha, de ese modo pude dormir a todos los niños y pasamos todos los peligros.

Luego, cuando me encontraba en Guazapa, un compañero se me acercó a mi y me dijo: Tu hija Yessenia te dejó una nota antes de morir, en la carta decía: …

Madre si tu te das cuenta cuando yo muera, no vayas a llorar por que para mi van a ser maldiciones, yo voy a estar feliz cuando sepa que tu tomas un arma para defender nuestros derechos y sacar de esta esclavitud a nuestro país.

Al mes pasó el operativo en Radiola y vivimos, dejé en manos de una señora a mi hijo y continué en las tareas que me correspondían. Luego a mi se acercaba la famosa operativo: Guazapa 10, durante el cual me delegaron jugar un papel muy importante , pero al mismo tiempo muy delicado: Conducir a toda

la gente de Radiola y del sur de Guazapa ¡ Ahí tuve otra experiencia de jugarme la vida! Con la visión y la convicción logré sacar a la gente y lo hice por el territorio enemigo por que había detectado que en el terreno de ellos no cateaban. Después de eso tomé la iniciativa de sacar a mi hijo siguiendo la misma ruta y lo logré.

Entonces, sentí que me quitaron un gran peso de encima, me sentí liberada y contenta porque así podía realizar mis tareas sin preocupación; luego de eso pasó lo de mi compañero de vida: En Tenancingo lo capturó un operativo y ya no volvimos a saber nada de él, me quedé sin nadie de familia cercana. Al quedarme sola saque fuerzas de flaquezas y sentí que era el momento que podía continuar mi vida sin tantas aflicciones ni problemas y entonces volví a las filas especiales ahí me sentía satisfecha de que yo era, descubrí que nosotras las mujeres podíamos pelear nuestros derechos y nuestras obligaciones con el mismo derecho que los hombres porque en las trincheras revolucionarias todos y todas éramos iguales, no seleccionábamos pantalón con la falda.

Varios meses después me enviaron a una tarea al centro de San Salvador y a los cinco meses de estar cumpliendo con esa misión me encontré con un hombre que era de la Guardia Nacional de Tenancingo, me reconoció y me investigaron, ahí fue cuando caí presa, me tuvieron seis meses en el Estado Mayor, interrogándome todo el tiempo, de eso mismo fue que caí enferma, de todas partes me hinché, en ese tiempo apareció un jefe militar de apellido Valle, me dijo el viejo cochino: - Yo soy tu tío. Y empezó a torturarme la mente con cosas que decía y decía que me hablaba de la guerrilla así como que él era de la guerrilla, pero para mi que no era así; de repente me dijo:

- Te vamos a dejar ir, pero te vamos a tener vigilada; así fue, me llevaron para mi casa como a las nueve de la noche, en ese tiempo yo había alquilado una pieza en Lourdes, Colón; ahí me quedé con mucho miedo porque yo sabía lo maldito que eran.

Al día siguiente oí decir que iba a haber una manifestación de ANDES 21, y decidí ir aunque no contaba con dinero y además no conocía bien el centro de la ciudad, pero me dije: Sólo el que no se arriesga no gana ni pierde, y me fui para San Salvador, vi que venía la marcha y me incorporé así nomás, allá por el cementerio de la Bermeja, en esa marcha me pasó otra experiencia por no tener con quien conversar, pues si, como mi coordinación la había perdido, entonces yo me dije: - me salga gallo o gallina yo le hablo a este hombre y cuando ya habíamos salido del cementerio me decidí, adelante de mí iba un muchacho y le dije: oiga joven ¿para donde va? No recuerdo para donde me dijo, pero con eso comenzamos a platicar, le conté que me encontraba en una situación difícil, él me comentó que pertenecía al Frente Juvenil Salvadoreño, que estaba ubicado en una colonia cerca de la Bermeja, luego de saber de mi situación me dijo:

- Lástima que ya nos pasamos de la oficina, no por que la hubiera llevado.

- No importa, le contesté

- A mi si, me dijo, pues me interesa que la conozcan mis compañeros, ¿si quiere nos regresamos?.

Y nos regresamos, me presentó con sus compañeros, con el responsable, el responsable de ellos en ese tiempo era Isaac y empezamos a conversar con él, al pasar el tiempo fuimos tomando confianza, les conté toda la tradictoria de mi triste vida, con ellos comencé a trabajar como promotora en las comunidades de Tonacatepeque que queda entre el centro de San Salvador y el pueblo de Guazapa; ahí tuve otra experiencia muy grande, entonces le pedí a los compañeros que me enseñaran como conducirme, por que no conocía las rutas de los buses.

Cuando estaba trabajando en esa zona fue cuando la jefatura de la organización a la que pertenecía, que estaba aquí en el cerro, se dio cuenta que yo andaba por ese lugar; pero en esos momentos yo ya conocía el movimiento del Partido Comunista y dije aquí me quedo, no me importa de donde vengo ni para donde voy, es el mismo movimiento, las mismas ideas, y las ideas son terminar con el imperialismo militar y sacarnos este jugo que nos está haciendo infeliz y como ya conocía el campo continué en el trabajo de organizar comunidades, en esos días entré a la zona de Guazapa, estando yo en una casa con 90 personas, nos rodearon la casa los guardias del puesto de Guazapa y ahí se encontraba un guardia de los que me habían capturado y empezaron a hacerme preguntas, pero la misma gente me iba salvando no dejaban que yo contestara, ellos contestaban por mí. En ese tiempo me sentí acorralada por la guardia y pedí la ayuda de los Derechos Humanos, los compañeros me ayudaron a poner unas denuncias en algunos medios de comunicación, y así pude seguir adelante con mi trabajo.

Desde las oficinas del C.C.C. busqué la coordinación con la gente para ver como hacía para recuperar a mi hijo y cuando encontramos la forma y vi la situación como se encontraba el niño, decidí llevármelo y nunca más volvernos a separar aunque tuviera que morir junto a él. Los compañeros del C.C.C. al ver mi situación en que me encontraba sin comida, sin casa y sin dinero les tuve que contar todo lo que me había pasado y ellos me empezaron a ayudar con el sostén de mi hijo; para poder seguir trabajando tenía que dejar al niño ahí en la oficina, luego mi hijo creció y a mi me llamaron a una reunión donde me plantearon que si conocía el cerro de Guazapa yo les contesté que si y les pregunté que por qué me preguntaban eso, les dije que ellos sabían perfectamente que de ahí era que yo venía, entonces los compañeros me empezaron a plantear el porqué y el para que de la pregunta y a medida que yo me iba dando cuenta de que se trataba, la sangre me iba corriendo más rápido, me iba sintiendo mas contenta y les dije:

- Sólo necesito que me cuiden el niño y si caigo en algún lado o en algún lugar no quiero que abandonen a mi hijo, ya que es producto de la guerra

Les conté todo lo que había sufrido desde que el niño nació y salí de San Salvador para Guazapa y trabajando de un lado para otro, organizando como íbamos a conducir a la gente para las repoblaciones, fui a conocer varios lugares del país; luego cuando ya teníamos reconocido el lugar adonde íbamos a llevar a la gente, empezamos a preparar condiciones como los alimentos por ejemplo y también como era el asunto con los medios de comunicación para garantizar que estuvieran a los lugares que íbamos y que se enterara el mundo entero, porque teníamos temor del enemigo.

Nosotros llegamos el 22 de noviembre de 1992, tuvimos que convivir cuatro meses con los militares ahí revueltos en la misma zona, pero teníamos la fe que ya se estaba en negociación para la firma de Los acuerdos de Paz, y después de la firma el enemigo salió de la zona de nosotros; eso si que fue alegre, nos sentimos liberados sin la presencia de los soldados, sin oír el roncar de las ametralladoras, el sumbar de los aviones y el sonido de los motores. Yo continué trabajando en mi comunidad, ahí me recomendaron para que estuviera en las estructuras de conducción de las comunidades y decidimos formar la directiva de la comunidad y la gente me nombró presidenta de la directiva, en esa reunión pensamos bautizar la comunidad como Ciudadela y con el nombre de un gran hombre: Guillermo Manuel Ungo, así empezamos a trabajar con mis compañeros.

En 1993 cuando se acercaban las elecciones, los compañeros me propusieron para formar parte del Consejo Municipal que se iba a presentar como candidatos del FMLN para Suchitoto, y ganamos las elecciones en el municipio, asumí el cargo de Segunda Regidora esta ha sido otra experiencia en mi vida. Cuando estaba por terminarse el primer periodo en el Consejo Municipal y de frente a las elecciones del 97, nuevamente salgo propuesta para el segundo periodo, que también ganamos; así ha continuado mi y me siento la mujer mas feliz del mundo, compartiendo mi vida y mis ideas con mis compañeros y he jurado mantenerme firme, con sinceridad y honestidad con mi mismo pueblo y mis ideas nadie me las quita por que el color de la sangre jamás se olvida, así he jurado llegar a las metas plantadas.

 

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