Leonora Castaño Cano

COLOMBIA

Por : LEONORA CASTAÑO CANO

Al llegar a la ciudad de Santafé de Bogotá, por primera vez, sentí la sensación de nostalgia y soledad que embarga a todo(a) campesino(a) cuando sale de su terruño y deja de sentir el contacto con su entorno, con su tierra, pero de algún modo ése sería mi destino marcado desde el día que decidí salir de mi vereda. El Rubí, en el municipio de Río Frío-Valle del Cauca, Colombia, para buscar en la ciudad y en los entes de decisión gubernamental, una mejor opción para la calse campesina, clase que tradicionalmente en nuestro país ha sido desvinculada de los programas de desarrollo y de la redistribución de los recursos.

Desde muy pequeña me di cuenta de la desigualdad de oportunidades que existe entre la población del área urbana y el área rural y entre hombres y mujeres ya que cuando quise estudiar, mi familia se encontró con dificultades económicas debido al número de hijos (14) de los cuales nueve estábamos en edad escolar. Por estas dificultades, y también por el excesivo cuidado que nos daba nuestra madre, sólo alcancé a hacer primero de primaria y esto acompañada siempre por mis hermanos. Sin embargo mi inquietud por desarrollar programas que mejoraran la calidad de la vida de las familias campesinas me fue vinculando a ciertas actividades veredales y a participar de manera dinámica, razón por la cual fui enviada al Instituto de acción Cultural Popular (ACPO) en Sutatenza-Boyacá a hacer un curso de liderazgo como dirigente campesina.

Al regresar de este curso me vinculé de lleno a la Asociación Nacional de usuarios Campesinos (ANUC), me dediqué a promocionar y constituir la asociación veredal en mi municipio, que hace parte de la nacional.

Viendo la gran cantidad de campesinos sin tierra y trabajadores explotados para trabajar las tierras de los terratenientes, me vinculé a la lucha por la tierra para los campesinos teniendo como lema: "TIERRA PAL QUE LA TRABAJA". Lideré tomas de tierras en veredas de mi municipio, cuyos dueños no solo eran terratenientes que poseían el poder políticop en la zona, como el caso del señor Oliverio Sánchez y Leonardo Espinosa; esto trabajo como consecuencia amenazas contra mi vida y la de otros líderes de la región.

Después de un año de vinculada en la ANUC fui elegida en la Secretaría femenina. Estando al frente de esta secretaria me invitaron a una gira internacional por diferentes países de Europa para conocer nuevas experiencias y trabajo organizativo con mujeres y buscar la posibilidad de apoyo económico para el desarrollo de la organización en nuestro país.

La observación de los avances de los campesinos en el logro de reconocimiento y la lucha organizada de grupos de mujeres por lograr un trato más justo en relaciones de género me llenó de optimismo y al llegar inicié la labor de organizar comités verdales y de impulsar la prsencia de las mujeres en este proceso, aunque sabía que en principio sólo seríamos tomadas en segundo plano, pensábamos que ese era un inicio y se podrían generar procesos para un desarrollo individual y comunitario; era muy gratificante ver compañeras perdiendo poco a poco la timidez y el miedo a ser regañadas por su marido al intervenir y expresar sus ideas.

Cuando se dio la unificación de ANUC (1) el trabajo desarrollado para llegar fortalicdos al - Congreso en razón a las relaciones estructurales de poder y en razón a la previa negociación no fue reconocido. Sin desmeritar mi trabajo y la oportunidad de las mujeres para continuar recibiendo capacitación en liderazgo y acceder a espacios cde concertación y decisión se vio menguada por otros intereses y sin dolientes que lucharan al interior de la organización, por la continuidad del mismo.

Hubo pérdida de contacto con los líderes de la ANUC, pero la semilla del liderzgo seguía latente por ello ante la ausencia de dirección creamos en al Valle una Fundación Regional para el Desarrollo Campesino - FUNDECA, desde allí se reactivó el trabajo local con la comunidad, se organizaban grupos específicos de producción vinculados a proyectos más amplios incluso con la colaboración de algunos alcaldes, es decir a pesar de que nosotras veníamos de organizaciones contestatarias y antigoviernistas se logró desarrollar un trabajo de concertación y apoyo.

La Política para la Mujer Campesina, aprobada por el COMPES en 1.984, dio origen a un trabajo institucional para la promoción y desarrollo de programas en beneficio de la mujer campesina, éste trabajo contó con el apoyo decidido de algunas mujeres vinculadas a las instituciones que promovieron e impulsaron la creación de una organización de género, surgiendo así la ASOCIACION NACIONAL DE MUJERES CAMPESINAS E INDIGENAS DE COLOMBIA - ANMUCIC, para ello convocaron a mujeres que tenían liderazgo y conté con la fortuna de estar entre ellas y digo fortuna porque en ésta organización, en los 10 años que llevo he podido observar y recibir los frutos de un trabajo continuado que se expresa en nuevas condiciones de educación, de crédito, de acceso a la tierra para las mujeres jefas de hogar, en fin en la suma de pequeños y grandes logros, que frente a la dimensión del problema enfrentado por (la agudización hoy día en el desplazamiento forzado, producto de la violencia de nuestros campos) ha ido generando -sensibilidad- en las diferentes instancias gubernamentales y no gubernamentales y éste ingrediente es necesario cuando se requiere conquistar derechos por vía civilizada.

En el transcurso de este proceso debí enfrentar discriminación, por ser campesina, por no manejar el lenguaje, ni el capital simbólico de los otros. Una cree que basta ser campesino o campesina para encontrar la unidad del sector, pero no, una encuentra que hay intereses que se cruzan; que netre las mujeres también a pesar de nuestra situación histórica de discriminación no siempre hay solidaridad. En algunas oprtunidades en que nos reuníamos con grupos amplios de mujeres donde participaban delegadas de casi todos los sectores sociales y económicos y aún de algunos sectores de mujeres más privilegiadas, sentía que yo no encajaba ahí, que el sentir de ser mujer campesina en éste espacio no importaba; éstos hechos han ido cambiando como resultado del reconocimiento de nuestro trabajo de base y como resultado del mayor grado de conciencia que se adquiere sobre nuestra identidad de género y como mujeres rurales.

Hoy día tengo 40 años, con un hijo de 2 años y una relación estable con un hombre que igual que yo, ha d3edicado más de la mitad de su vida a la lucha por el camposino colombiano. Lo que más me ha dolido en éste trabajo y de lucha, es el maltrato y burla que hacían algunos compañeros y compañeras de antaño y que no entendian el objetivo de la lucha de las mujeres que estabamos en ANMUCIC y que nos veían como destructoras de hogares, de quitamaridos y sin moral cristiana por el solo hecho de pretender unas relaciones más ambles y por ende una sociedad más justa y equitativa para hombres y mujeres.

Hoy día tengo 40 años, con un hijo de 2 años y una relación estable con un hombre que al igual que yo, ha dedicado mñas de la mitad de su vida a la lucha por el campesinado colombiano. En la actualidad estoy desempeñando varios cargos de representación a nivel nacional como :

Inicie estudios profesionales sobre administración de Empresas de Economía Solidaría, en la CORPORACION UNIFICADA NACIONAL - CUN, gracias a que en mi examen de admisión tuve una alta calificación y estoy haciendo esfuerzos para la validación de las pruebas del ICFES, sobre la validación del bachillerato.

LEONORA CASTAÑO CARO
DE CALIMA VI

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Santafé, Bogota

Colombia

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