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Edith Carvacho
ECUADOR
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UN VIAJE POR MIS SUEÑOS
Nací en San Lorenzo el 1 de octubre de 1964,
al año de nacida mis padres me llevaron a un pueblito llamado Pichangal , lugar
donde estuve hasta los ocho años.
De ese lapso y a los siete años le hacía
compañía a mi padre en sus salidas de pesca y en una ocasión agarramos una
ballena, en el intento por dominar al animal, le pegamos un machetazo y salió
un hijo, estábamos en un potro pequeño, hasta que vino un señor y nos ayudo a
matarla. Yo piloteba la canoa y mi padre pescaba.
Cuando mi mami y mi papá se ivan al campo
yo siempre salía tras ellos y los ayudaba a sembrar en una finca llamada
Campana, que se encuentra situada en la frontera con Colombia; mi madre hacía
el pan, en ocasiones yo me quedaba hasta las tres de la mañana horneando, sola
en ese campamento, allí quedaba el horno, mi madre cansada se dormía.
En este pueblito cursé hasta segundo grado,
luego regresé a San Lorenzo, a continuar con mis estudios. Cuando terminé la
primaria, entré a un colegio religioso, el ¨10 de Agosto¨, allí terminé el ciclo
básico, luego ingresé al colegio Técnico Agropecuario ¨San Lorenzo¨, desde
cuarto curso hasta terminar el bachillerato, en el transcurso de estos años
empecé a dar clases por la noche, en el barrio Zona Franca, apenas me pagaban
cien sucres. Después salí de ahí para continuar con la misma actividad en la
escuela Mariscal Sucre Nº 50, bajo la supervisión del profesor Fulton Castillo,
coordinador de alfabetización, allí se me pagaba cuatrocientos sucres mensuales
. Cuando salía del Colegio en el que estudiaba, luego de las dos jornadas, es
decir a las 18:00 horas, reanudaba mi actividad como maestra nocturna hasta las
22:00 horas, luego en mi casa me dedicaba a hacer mis deberes, a veces hasta la
hora del desayuno, en épocas de examen, cruzaba completamente la noche, de la
noche a la amanecida, para no dormirme ponía una bandeja con agua y humedecía
los pies y de esa manera podía amanecer, luego de un baño, me dirigía al
colegio. Hasta que por fin puede graduarme, fue una meta que me propuse y la
conseguí con mucho esfuerzo. En ocasiones carecía de medios, inclusive para las
hojas de examen, habían señores que me ofrecían ayuda en mis estudios, pero yo
rechazaba, preguntándoles si tenían ellos hijos, que lo que me iban a dar a mi,
les dieran a ellos, y sin embargo les agradecía. A veces me encontraba con
hambre, pero supe llevar y sostenerme a pesar de esas penalidades y salí
adelante. ¡Alcancé al fin el título de Bachiller Agrónoma!.
La monografía que me ayudó en el grado fue ¨Arroz
en Secano¨, sembré cuatrocientos metros cuadrados que me produjo ocho quintales
sin pilar y cuatro pilado. Esta producción me sirvió para el pago de mi grado y
para las giras de cerramiento de curso.
Al terminar mis estudios, el coordinador de
alfabetización me propuso trabajo, a lo que yo respondí que aceptaba pero si me
situaba donde yo quisiera, así elegí a un pueblito llamado Campanita, en la
frontera con Colombia, donde no había ni profesores ni escuelas, era un pueblo
abandonado para la educación, llegué y comencé a trabajar con adultos, me
pagaban mil sucres mensuales y los padres de familia me ayudaban con la comida.
Viendo el resultado satisfactorio a veces por la noche concurrían niños para
recibir clase y con el fin de formar la escuela durante el día. Luego ya en San
Lorenzo, solicité a la I. Municipalidad un apoyo para crear la escuela diurna
infantil, no fue posible y continué con la enseñanza diurna y nocturna;
empezamos a hacer mingas, con el objeto de construir la casa para la escuela,
conseguimos lo que queríamos, una casa para la escuela.
A más de dar las clases correspondientes,
enseñaba a los alumnos a sembrar y a preparar cinco productos agrícolas:
pepino, maíz, fruta, caña, coco, es decir sembríos de ciclo corto, actividad
que nunca fue remunerada; las mingas se constituyeron en costumbre de la
población cada quince días.
Se notaba la satisfacción de los moradores,
eran personas muy respetuosas y satisfacía su actividad, ellos me daban
confianza de referirme sus intimidades y yo les comprendía aconsejándolos y
dándoles guía a la altura de mis conocimientos y capacidades, es allí donde
aprendí mucho de ellos y posiblemente pude darles normas que surgían de mi, una
vez escuché que habían puesto mi nombre a su escuela.
A los tres años de haber estado en ese
trabajo, en 1989, fui solicitada para colaborar con la FETANE, Federación de
Trabajadores de Noroccidente, daban asesoría técnica en agricultura, con una
remuneración mensual de once mil sucres mensuales, para dar asesoramiento
técnico a las comunidades, luego fui enviada a Wimbicito y a Los Ajos, San José
del Cachaví, con el afán de incentivar a la población en técnicas agrícolas y
daba clases por la noche en Wimbicito y por día salía al campo a dar
asesoramiento técnico desde las 6:00 horas a las 15:00 y desde las 15:00 hasta
las 18:00 horas, trabajaba con niños y señoras en huertos familiares, estas
señoras se sentían muy satisfechas al haber cosechado sus productos; eran unos
hogares con armonía de continuar sembrando sus hortalizas a las 19:00 horas
hasta las 22:00, daba clases nocturnas donde se incluían temas de moral y de
comportamiento agrícola, a veces caminaba con los dueños de las fincas por la
montaña y en otras ocasionas caminaba sola por la ladera del río y centro de la
montaña ya que me tocaba salir desde Wimbicito a Los Ajos, desde las 18:00 a
veces llegaba a las 23:00 horas a Los Ajos, cuando el pueblo de Los Ajos se
sentía sorprendido de verme llegar a horas aparentemente impropias, pero que
era necesario, por las circunstancias. A veces trabajaba con treinta hombres a
mi cargo en actividades técnicas de agricultura. (tenía 23 años)
Cuando salía de un lugar a otro siempre
llevaba dentro de mi equipaje frutos, pepinos, tomates, nunca llevé un arma, ni
cuchillo, solamente mi defensa era el diálogo y compartir con cualquier persona
mis inquietudes, brindándoles además de la fruta que llevaba, las persona
mayores me deseaban siempre el bien, diciéndome ¨Hija mía quizas no te pase nada¨
y los jóvenes me acompañaban donde me trasladaba a veces me tocaba esperar la
unidad ferroviaria para trasladarme a mi casa a las 20:00 horas a veces hasta
la 5H00, mis padres me aconsejaban que no anduviera sola por los peligros que
podían amenazarme, respondía yo: ¨ese es mi destino, luchar por quien lo necesita¨.
A los tres años de haber estado en estos
recintos les pedí que me cambiarán a San Lorenzo, donde me mandaron a trabajar
a la granja de FETANE, cerca de la Guarapera Grande, donde empecé a plantar
luego de la limpia yuca, árboles frutales, por el sistema de semilleros, donde
trabajaba también en el manejo de animales como ovejas, luego de estar
plantando me senté a reflexionar y pensé que era útil y necesario tener una
propiedad mía, cuando caminaba sola por la montaña, hasta encontrar el terreno
apropiado, a los cuatro años encontré el terreno que me pareció satisfactorio,
este terreno se me cedió una hectárea.
Antes de esto, yo confiaba mucho en mi
compañero agrónomo de la FETANE, ya que yo era la única mujer, siempre nos
llevamos bien, hasta que una vez quiso abusar de mi, yo siempre llevaba un
crucifijo en mi bolsillo, lo tomé en la mano y pedí a Dios que me ayude, es por
eso que yo vivo siempre confiada en Dios y quien tenga fe, se salva, por lo
cual no me pasó nada, es allí que decidí retirarme de la FETANE y en efecto así
lo hice.
Luego salí a Guayaquil donde una amiga,
encontré trabajo en el Comisariato de la Base y para asesorar una pollera;
tenía que regresar a San Lorenzo para traer los papeles, quería seguir la
universidad. Pero ya en San Lorenzo no tuve dinero para regresar y me quedé. Cuando
me iba para Guayaquil recuerdo las palabras de un niño que me dijo "si
usted se va quién puede ayudarnos aquí en San Lorenzo?.
Una vez en San Lorenzo empecé a trabajar en
el campo de la madera, al entrar en la montaña sentía temor de que alguien
intente abusar nuevamente de mí, pero después me dije que un ser humano no
puede retroceder sino seguir adelante trabajaba en la madera fiando dinero a
varios amigos sacaba las quillas para hacer barcos, trabajaba con ochenta
hombres sacando las quillas de la montaña, una vez cerró la Playwood no había
trabajo en el pueblo, tuve que llevarme a ciento veinte hombres al monte para
darle empleo y su familia pueda comer aunque sea solo por ese día. El dinero y
la comida que tenía para ochenta se repartió para ciento veinte, no se ganó
casi nada pero se compartió todo mi padre me acompañaba a dejar la gasolina
para los trabajadores al regreso veníamos pescando, sacaba las quillas solo por
encargo cuando no habían pedidos me iba a la playa de San Pedro a comprar
naranja y pescado y lo vendía en carreta.
Luego empecé a trabajar en una cooperativa
fluvial marítima "Del Pacífico" me asocie e hice un crédito al Banco
Nacional de Fomento para comprar la embarcación que me hacía falta para
trabajar en esta cooperativa, aquí fui a un curso de arreglo de motores fuera
de borda me sirvió mucho mientras estuve en la cooperativa.
En 1992 tuve una conversación con un señor
que fue mi profesor, el mismo que me invitó a una reunión en la cual acepté ser
socia de CDECOA, es un Centro de Desarrollo – Estudio Comunitario Afro San
Lorenzo, organización que tiende a la reivindicación de la cultura negra. Empezamos
con el proyecto de una tienda comunitaria donde todos los socios colaboramos,
solo yo mujer pero el respaldo y la colaboración eran amplios.
Luego comenzamos a trabajar en dos
comunidades en el rescate de su tierra y logramos conseguir el título por medio
del gobierno, pasé a administrar aquella tierra, caí enferma tuve que salir a
Quito a operarme de las glándulas salivales, agradezco a Dios haber salido
satisfactoriamente de esa enfermedad. Luego asistí a un curso de "permacultura"
auspiciado por el CDECOA, luego estuve en un segundo curso a nivel
internacional en el Oriente, allí conocí a una señora colombiana. Luego regresé
a mi casa en San Lorenzo, a los seis meses esta señora regresa en busca mío
donde tuvimos un diálogo en el cual ella quería organizar un curso de permacultura
en este cantón conjuntamente con otras señoras y es así donde se dictó el curso
a un grupo de mujeres ahí empecé a motivarles a formar grupos de mujeres para
el desarrolló de nuestro cantón y así más tarde sus hijos tengan un futuro,
logramos conseguir un grupo de veinte mujeres.
Se formó entonces el: "Centro de Mujeres
Nueva Esperanza", las mujeres construyeron unos galpones para criadero de
pollos de carne y de cría con el apoyo de PAL (Permacultura América Latina) la
mano de obra fue hecha por todas las mujeres socias sin ninguna remuneración
durante un año hasta que haya producción a esto se unieron y colaboraron los
esposos e hijos colaborando en la lucha por nuestra organización. Para que esto
se cumpla me tocó una fuerte faena el hacer comprender a los esposos el
objetivo de agrupar a las mujeres, ahora se han dado cuenta que este es un
bienestar a su familia. El trabajo fue realizado entre chistes entre una y otra
hicimos refrigerios que todos colaborábamos y compartíamos esta es una
organización que no desmaya los problemas son resueltos dentro de la organización.
Est grupo de mujeres quiso que yo fuera la presidenta, siendo aceptado les
hablé y les dije que todas éramos presidentas que todas debíamos aprender a
manejar nuestra organización, que yo solamente era una guía, y que igual en la
tesorería y en la producción todas debíamos rotar esto fue cumplido en las
producciones todas hacían la venta y pasaban a la tesorera para recaudar lo
producido presentando a la presidencia el informe correspondiente para el
control.
Es así donde se encuentra un grupo con armonía
dentro de su actividad organizativa.
Al ver el ejemplo de esta organización se
reúne un grupo de veinte mujeres y me llaman la atención diciendo que desean
organizarse pero piden que yo sea la presidenta, algo que fue aceptado y
conformamos la directiva de esta organización y le pusimos un nombre
"Centro de Mujeres Luz y Futuro" y empezamos a buscar tierra para dar
vida a nuestra organización, conseguimos esa tierra y comenzamos a trabajar, al
notar nuestro trabajo apareció un dueño y habiendo puesto nuestro esfuerzo el
presunto dueño nos desalojó y me demando. Perdimos nuestro esfuerzo a pesar de
eso continuamos unidas haciendo actividades para la compra de nuestro terreno
esta nueva organización desea conseguir un criadero de chanchos y dedicarse a
la palma cultura, igual en las dos organizaciones.
Estos incidentes no han mellado la unión y
continuamos organizadas buscando con nuestro esfuerzo un futuro mejor para
nosotras, nuestras familias y en fin la sociedad, ya que en este pueblo por el
momento no hay fuentes de trabajo. Las mujeres que formamos estas
organizaciones somos madres, esposas, mujeres que necesitamos ver un mañana
mejor para los nuestros y no escatimamos ningún esfuerzo para conseguirlo.
Al momento tengo treinta y tres años y veo
que mis metas se están cumpliendo. Sin darme cuenta en horas a solas reflexiono
que hay que enseñar a caminar para construir un mundo nuevo y que es mucho más
hermoso y satisfactorio hacerlo con el esfuerzo propio en carne propia he
sentido que hay que caminar hacia delante sin mirar atrás con pie firme y
mirada altiva venciendo los obstáculos que se le presentan.
Uniendo el nombre de estos dos grupos en
los que participo me digo "debemos tener la esperanza y la luz del futuro
para el mañana".
Soy soltera.
Agradezco a todas las personas que han
colaborado conmigo y han hecho posible vencer en esta lucha y muy especialmente
a ustedes que han llevado una actitud de comprensión y ayuda en hacer publicar
este pasado.
Edith Carvacho
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