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Rosario Acosta
El SALVADOR
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A manera de
introducción:
Me atrevo a
hacer mi autobiografía después de un vendaval de animación para que la hiciera,
de parte de mucha gente que me quiere y entre ellos mi familia. Para poder
hacer mi autobiografía voy a hablar un poco de mi familia y de mi niñez.
Parte I - Familia y niñez
Quiero
decir que mi familia es muy pobre como la mayoría de familias salvadoreñas.
Nacimos 14 hermanos (11 mujeres y 3 varones), yo soy la sexta de los hijos.
Hubiéramos sido 17 pero mi mamá perdió 3 prematuramente.
Vivíamos en
las faldas del cerro de Guazapa, al lado oriente, en el cantón Estanzuelas del municipio de Suchitoto,
departamento de Cuscatlán. Mi papá era jornalero y
también podía el oficio de aserrar, era analfabeto, no sabía ni leer ni
escribir. Y mi mamá tenía segundo grado y es ama de casa. En cuanto a los
hermanos y hermanas: antes de mi había 4 mujeres y un varón, luego dos varones
y el resto de hermanas.
Yo nací el
29 de mayo de 1957 y mi mamá contaba que nací en un día de temporal y que mi
papá estaba trabajando en la milpa y mi papá de alegría dijo que esa milpa la
dedicaba a mi, y que él estaba seguro de que iba a ser buena la cosecha porque
ese día yo había nacido y que quizás yo iba a ser muy llorona porque había
nacido en tiempo de lluvia, ya que los que nacen en temporal son llorones. Pero
a lo largo de mi vida yo creo que esa creencia no se ha cumplido en mi, aunque no por eso soy tan dura.
Cuando
empiezo a recordar mis primeros años, lo primero que tengo grabado en mi mente
es que nunca tuve juguetes, nunca me regalaron un juguete, siempre inventábamos
nosotros nuestros propios juguetes: con los olotes de las mazorcas que tenían
diferentes colores, con pedazos de palo que pintábamos con tile y los
envolvíamos con pedacitos de trapo haciéndoles como vestidos, a veces hacíamos
pelotas con pedazos de trapo y de papel, para jugar…
A veces
teníamos para comer y a veces no teníamos, solo teníamos una parcela como de 6
tareas, no era mucho, y una casita en donde todos dormíamos, incluyendo los
animales domésticos. No teníamos mayor espacio, alrededor teníamos las camas,
todas eran de pita, y una hamaca al centro.
Yo era la
que me quedaba en la casa cuidando a los hermanitos pequeños porque los más
grandes que yo salían, unos a la escuela, otros con mi papá al trabajo o a
acompañar a mi mamá a hacer mandados, a traer leña o agua.
En una de
esas ocasiones, en un invierno que yo recuerdo con mucho miedo, hubo una
tormenta como a eso de las 3 de la tarde, una tormenta con granizos grandes y a
mi me dio miedo que creí que ya nos íbamos a morir, y lo que hice fue que en un
cofre de madera, grande, que tenía mi mamá, en donde guardaban la ropa de
domingo de ella y mi papá, y los trapos con que se recibían a los hermanitos
que iban naciendo. Pues allí mismo, con la tormenta fuerte y con miedo a que la
casa se cayera porque era muy vieja, encerré en el cofre a mis hermanitos más
chiquitos y allí los tuve hasta que la tormenta pasó y como mi mamá no estaba,
andaba trayendo agua que quedaba bien lejos y ella a saber donde se había
quedado cubriéndose para que la granizada no la golpeara ni a los demás
hermanos que andaban con ella. Cuando vino preguntó por los cipotes bien afligida, entonces yo con miedo todavía
le dije que los había metido al cofre para que no les fuera a pasar nada, ella
me regañó muriéndose de la risa pero me dijo que estaba bueno, porque yo era
ocurrente.
Ahora, como
comíamos. A veces teníamos para comer y a veces no, por ejemplo: cuando había
un solo huevo de las gallinas que ella criaba o comprábamos algún huevo, para
que nos alcanzara a todos decía mi papá que ya cocido ,
sancochado o tibio, como dicen algunos, ibamos a
comer todos. El huevo lo pasaban por agua caliente, le quebraba por encima, le
ponía sal y él detenía el huevo y todos mojando pedacitos de tortilla y sal y
comíamos bien galán, aunque él se comía lo mejor, lo que quedaba pegado al
cascarón.
No somos
los únicos que hemos vivido así de pobres, esa realidad era la de la gran
mayoría, medio vivíamos y en medio de todo eso, siempre había espacio para
jugar y divertirnos; por ejemplo, con mis hermanitos, con los sobrinos o con
algunos vecinos, jugábamos con las semillas de los marañones al toque y la
cuarta, el chusco, de manera que yo no tenía juegos de niñas campesinas, y era
buena pero también truquera con los varones porque me
decían que yo no iba a ganar porque era niña, pero claro, yo muchas veces
ganaba.
Mis mayores
recuerdos de como éramos como familia, a partir de que estábamos pequeñitos, a
pesar de que éramos tan pobrecitos, si recuerdo que teníamos una familia
bastante unida, todos nos preocupábamos por todos y como les digo, yo siempre
me sentía así como obligada a proteger y a asegurar el bienestar de mis
hermanitos, a cuidar a mi mamá y a todos, a pesar de que estaba muy chiquitita.
Por
ejemplo: a la edad de 10 años fui a la escuela, a primer grado, en ese tiempo
solo tenía un vestido, mi mamá me hizo cuadernos de papel de empaque, me compró
un lápiz y me fueron a matricular. No tenía zapatos, pero en ese tiempo no
había problemas si uno iba descalzo a la escuela. En la escuela teníamos una
maestra que era bastante enojada y como a mi no me costaba aprender lo que
enseñaban, porque como tenía otros hermanos que estaban estudiando, entonces yo
les oía y les veía y me gustaba que me enseñaran porque era curiosa. Cuando
llegué a la escuela me parecía fácil lo que la profesora enseñaba y me aburría
y por eso ella me castigaba tremendamente y se enojaba y me decía que si ya
sabía que andaba haciendo en la escuela.
Tenía más
amigos que amigas, eran como 6 y amigas 2; pero compartíamos todo, nos
cuidábamos y nos contábamos todo, éramos un grupo que nos protegíamos entre sí.
Pero había otro grupo que no nos quería. En medio de eso había en el grupo que
no le atinaban al estudio, entonces; pero habían ;unos
que tenían facilidades, por ejemplo: había una niña que era de la familia de
los riquitos del pueblo, tenían animales y destazaban. Ella como era haragana
para estudiar me decía que le hiciera los deberes y que a cambio de eso me iba a
llevar un chicharrón, o me iba a llevar un pan o una tortilla. Entonces, yo le
hacía a veces los deberes y le hacía sus trabajos que le dejaba la profesora y
ya ella me daba algo de comer y allí yo lo compartía con los otros amigos y
compañeros que yo sabía de que eran pobres igual que yo.
De eso yo
recuerdo muy bien que en una ocasión, para un 15 de septiembre que empezaron a
querer obligar a que nos pusiéramos azul y blanco para el día 15 para que
fuéramos a marchar. Ese día a mi, como era muy
aplicada, me iban a sacar de abanderada y como mi mamá no pudo comprar el
uniforme no pude ir al desfile. No pude salir de abanderada. Y a parte de eso
me castigaron porque dijeron que eso de no haber ido a desfilar era malo, que
eso había que castigarlo y bueno…
En medio de
todo eso yo recuerdo una vez que estaba, creo que en 4º. Grado, cuando se oían
que había peligro, que estaba peligroso que los profesores no vinieran, porque
no los iban a dejar entrar y entonces los padres de familia se reunieron y yo
no entendía que pasaba. Se reunieron y decían que había que cuidar a las
profesoras porque ellas hacían sacrificio para venirnos a dar clase y no se que
en realidad pasaba. En esa ocasión yo misma organicé una brigada con los
muchachos del grupo que teníamos y con otros amigos nos reunimos y les dijimos
que había que ir a cuidar a las maestras, a dejarlas y a traerlas, entonces nos
pusimos de acuerdo que fuera un grupo por la calle adelante de las maestras,
que otro grupo fuera más atrás, de manera que no se vieran dentro del monte,
hasta que las pasáramos del río que se llamaba La Cangrejera y de una quebrada
que se llamaba El Pimientillo, hasta sacarlas a la calle donde pasaba el bus. Y
así lo seguimos haciendo, las veníamos a traer en la mañana y a dejarlas en la
tarde. De manera que yo no entendía que pasaba, pero sentía que había necesidad
de proteger a las maestras.
Yo creo que
aunque no tenía conciencia de lo que estaba pasando y del peligro que
enfrentábamos, sí yo siento que la escuela a mi me dio bastante experiencia;
por ejemplo, en el hacer amigos, el hacer compañeros, en el sentir que habían
compañeros y compañeras que no eran capaces de defenderse ellos solos, que
había necesidad de cuidarlos, de ver como les ayudaba y yo me sentía obligada a
ayudar a protegerlos para que nadie los molestara. Y en medio de todo, yo
cuando iba de la escuela a la casa, si no iba con mis amigos del grupo, yo
siempre esperaba un señor o una señora para irme con ellos, porque mis mayores
compañías eran la gente adulta. Sentía mayor confianza, en ese tiempo en la
escuela, caminar con gente adulta que con los cipotes.
Si habían turnos y otras actividades propias de la escuela, a
mi papá no le gustaba que fuéramos, él decía que nosotros no teníamos que andar
saliendo a ningún lado, que teníamos que ir solo a estudiar y de ahí para la
casa. El no entendía que habían actividades de la
escuela donde teníamos que participar, él siempre decía que no debíamos de
estar allí porque era muy delicado.
En una
ocasión que había turno en la escuela, la maestra dijo que el alumno que no
llegara sería castigado, entonces yo le expliqué que no podía ir porque mi papá
no me dejaba; entonces vino la maestra a la casa a pedir permiso para que yo
asistiera. Mi papá dijo que "si yo quería ir que fuera", pero al
mismo tiempo se me quedaba viendo con ojos amenazantes, y aunque tuve que
decirle a la profesora que iría, yo sabía que al regresar me iba a castigar.
Cuando la profesora se fue mi papá me dijo que por qué me había comprometido y
yo le dije que porque tenía pena que la maestra se diera cuenta de que él no
quería dejarme ir. De todas maneras él me dijo que si iba me iba a arrepentir.
Cabal! Yo fui a esa actividad de la escuela y cuando regresé mi
papá tenía listo el mecate para castigarme, y él se enojaba mucho porque me
pegaba y yo no lloraba, entonces mi mamá se ponía a llorar cada vez que mi papá
me pegaba. Después mi mamá me decía "mirá
hijita, voz tenés que llorar porque si no llorás tu papá te va a seguir pegando más duro", y yo
de caprichosa no lloraba, pues yo consideraba que no había hecho nada malo.
Pensaba que por qué razón tenía que darle gusto a mi papá y ponerme a llorar
porque me pegaba. Yo mejor me ponía muy enojada, pero no le daba gusto, y así
me fui haciendo demasiado rebelde.
Una vez
veníamos todos los cipotes de la escuela cuando iba
la Policía de Hacienda y nos detuvo y luego comenzaron a preguntar:
"verdad cipotes que ustedes son…" y
nosotros les preguntábamos "y nosotros somos qué…", cuando volvían a
preguntar lo mismo se encimaban como que nos iban a pegar y volvían con la
misma frase, hasta que uno de ellos comenzó a reirse.
Los demás cipotes estaban asustados y yo volvía a
preguntar: "y nosotros somos qué…" y el policía riéndose.
Entonces
los cipotes comenzaron a verme a mi, haber que íbamos
a hacer, pues ellos tenían mucha confianza y se sentían seguros conmigo, tanto
las niñas como los niños. Cuando volví a preguntar "nosotros somos qué,
pues…", uno de ellos dijo: "vichos
pasmados…, ustedes son" y se pusieron a reir. En
ese momento yo grité "ahora, cipotes" y
todos salimos corriendo, dejando a los policías que se burlaban y diciendo que
nos habían asustado.
Yo
prácticamente siendo que fue la primera vez que me enfrenté con los militares,
y fue por algo, por defender y cuidar a un grupo de compañeros. Es importante
decir que fui muy delicada, muy cuidadora, no me gustaba andar como las otras
niñas, andar con novios, o no se, no me gustaba y no era porque fuera extraña,
fuera diferente, sino porque a mi me gustaba nada más que tener a todos de
amigos y habían unos que quizás yo les gustaba como cipota.
Había uno
que decía que yo era su novia, pero yo siempre andaba lista para defenderme
porque eran pícaros, se escondían y a la pasada lo tocaban a uno, entonces yo
siempre andaba con un lápiz con punta bien grande. Una vez, cuando en la pasada
el cipote me tiró la mano queriéndome tocar el pecho,
yo le embroqué el lápiz y se lo metí en la palma de la mano quebrándole la
punta. El cipote se puso a llorar y ese mismo rato se
lo llevaron al hospital y le operaron la mano para sacarle la punta del lápiz.
Eso fue para que nunca más me anduvieran molestando ni él ni nadie. Luego
comenzaron a amenazarme, que se las iba a pagar, que yo era muy brava, muy
delicada y que a saber que me creía. Cuando las cosas quedaron más claras, el
otro grupo de cipotes que teníamos se encargaba de cuidarme
si intentaban atacarme.
Yo siento que la escuela fue un espacio como el único en esos
años que me permitía tener una visión diferente, un espacio diferente, porque
al no ser el hecho de ir a la escuela no me dejaban salir a ningún lado, al
menos que fuera a un mandado al que mi papá me mandara.
Una vez,
cuando yo ya tenía como 13 años, todavía estaba en la escuela con estos amigos
con quienes éramos muy unidos, a mi papá le habían dicho que yo quizás andaba
de novia de uno de ellos y era mentira, yo no era novia de ninguno de ellos.
Con estos amigos platicábamos y compartíamos haberes: los cuadernos, los
lápices. Si ellos o yo teníamos algo de comer lo compartíamos, jugábamos. Una
vez, estando con ellos, vi venir a mi papá y como a
él no le gustaba que yo tuviera amigos, yo les dije que mi papá se acercaba y
que nos escondiéramos, pero estábamos al ras de un cerco y en la calle y no nos
podíamos esconder, entonces yo les dije a ellos que se pararan todos bien
pegaditos detrás de mi porque yo me iba a ser la invisible y que mi papá no nos
iba a ver, y bueno, papá pasó silvando junto a mi y
no nos vio o se hizo el que no nos había visto. Entonces, cuando mi papá ya no
se veía en la calle, nos despedimos y volví a la casa. Cuando él volvió a casa
y me viera toda nerviosa porque pensé que me iba a castigar, me preguntó que
donde había estado, yo le dije que ya ratos había vuelto pero que había estado
en la calle junto al cerco cuando él pasó, entonces él dijo "y como es que
no te he visto cipota".
Quiero
detenerme un poco a contar sobre estos amigos. Con ellos tuvimos buenas
experiencias, todo lo que a ellos les pasaba a mi siempre me lo contaban y si
algún otro cipote quería hacerles daño o si tenían
problemas con su papá o su mamá me lo contaban. Había unos que otros que no
tenían grupo, ni tenían ni estaban con los amigos que no me querían, entonces
con estos cipotes yo siempre andaba buscando pleito
porque sabía que los otros siempre me iban a ayudar.
Una vez,
por ejemplo, a uno de estos que le decían Juan colocha,
que por cierto ya murió, es uno de los jóvenes que mataron los escuadrones de
la muerte, pues a éste su mamá solo lo ponía a hacer trabajitos de la casa,
porque ellos no cultivaban la tierra, solo trabajaban de comerciar. Este joven
era todo asustado, todo llorón y por fregarlo, una vez que venía de moler, me
amenazó con pegarme si lo andaba molestando. Pero mi mamá, siempre que salía me
ponía que fuera con un hermanito menor, no salía sola, pues yo siempre por
temor andaba corriendo, hasta tenía la impresión de que volaba porque podía
pasarme los cercos sin parar. Esa vez cuando ve venir a Juan colocha, comencé a cantarle a mi hermanito una canción que decía
"pareces una nena, ja,ja,ja;
oh nena, ja,ja,ja". El
cipote muy enojado comenzó a tirarme piedras y en vez
de caerme a mi le cayeron a mi hermanito y le sacó sangre, entonces llegué
donde mi mamá contándole y ella rápidamente se fue a ponerle la queja donde su
papá. El pobre cipote estaba escondido en un tabanco
sobre la cocina y de ahí el papá lo sacó y en frente de mi lo castigó.
Refiriéndose a mi el papá le decía al cipote:
"por qué te andás metiendo con esta pobrecita cipota, tan humilde; cómo ella te va a andar molestando, mirala, tan respetuosa que es, vos sos
el grosero.
A partir de
entonces el pobre vicho me tenía más miedo. Pero
después, ya cuando fuimos adultos, fue un gran amigo y nos llevábamos muy bien.
A él me voy a referir más adelante, pero en ese tiempo si lo hacía yo sufrir.
Otros amigos, amigos, que yo puedo decir que todavía recuerdo con cariño solo
hubo uno que le decíamos Paco Chacuatete y otro de
nombre Cruz. Fueron como tres cipotes con los que
teníamos gran amistad. Entre las mujeres con quienes tuve gran amistad había
tres: una de nombre Eva, otra Alejandra que también era muy pobrecita y otra
que se llamaba Marta.
También
tenía mis tareas asignadas en la familia, en el hogar. A parte de cuidar y
atender a mis hermanitos, ayudar a ir a la escuela, también tenía mis
obligaciones, porque desde que tenía como 9 años, siempre yo me levantaba a las
4 de la mañana a ayudar a hacer el desayuno para mi papá y para que llevara a
trabajar, mucho me gustaba estar allí acurrucada en el polletón,
junto con mi papá, comiendo tortilla tostada con café cuando no había otra cosa
que casi siempre no había. Otra obligación era acarrear agua, ir a traer leña y
una tarea que tuve asignada siempre fue ir a dejarle la comida a mi papá donde
él estuviera trabajando. Por ejemplo: él, a parte de hacer trabajo en la
tierra, en la milpa, también era aserrador, o sea que a donde él fuera que
estuviera haciendo su trabajo, allí me mandaban. O sea que cuando yo llegaba,
bien de la escuela, de traer leña o agua, el almuerzo ya estaba listo y había
que agarrar el canasto con la comida para ir a dejársela a mi papá.
Recuerdo
que yo era bastante miedosa y para superar esa condición me hacía sentirme la
valiente y pensar que nada me podía pasar. Una vez, cuando iba a dejar el
almuerzo a papá, encontré en el camino a un señor que iba con unas vacas y me
dice: "mire, si usted no me deja que la abrace no la dejo pasar".
Entonces yo le contesté: "ya le voy a decir a mi papá lo que usted me está
proponiendo". No, dijo él, si tu papá ya sabe que me gustás
y me ha dicho que si vos querés él no se enoja".
Luego le contesto que primero le iba a preguntar a mi papá. Y de pronto salté
por entre las vacas y con el canasto en las manos salí corriendo sin darle
tiempo al hombre que intentara hacerme algo.
En ese
tiempo y por causa de la pobreza yo no me ponía zapatos, a puras penas teníamos
para comer, pues éramos muchos hermanos y en verano, cuando el polvo se ponía
muy caliente, cortaba hojas de mulato que son muy grandes y me las calzaba con
unos cordones para no quemarme los pies.
En medio de
todas esas tareas: de hacer la comida, de lavar la ropa, de acarrear el agua,
de cuidar los niños y de ir a dejarle la comida a mi papá, a mi
me pasaron varias experiencias. Conociendo a mi papá y la manera de castigarme
por cualquier cosa o cuando a mi hermanito se le ocurría que me pegaran, él se
inventaba un cuento y mi papá se lo creía, entonces venía él y me castigaba sin
pedir explicaciones. Así es que yo le tenía un miedo terrible!
Una vez,
cuando iba a dejarle la comida a mi papá al aserradero, al tratar de pasar un
cerco de alambre, me trabé el vestido y el canasto con la comida salió volando.
Las tortillas salieron rodando por un lado y la bola de frijoles fritos en la
sartén por otro. Yo me quedé espantada y tirada en el suelo, cuando pude
reaccionar fui bajando despacio hacia donde mi papá, dispuesta y conforme a
recibir un fuerte castigo y el susto fue mayor porque en vez de estar enojado o
pegarme, él estaba muerto de risa y me dice que "primero habían llegado
las tortillas antes que yo". Pero en vez de ponerse irritado porque no iba
a comer, pues era la única comida, me encuentro con él riéndose y chistando por
lo que había visto.
En otra
ocasión, por el hecho de ser miedosa se me ocurrió hablar con los animales
cuando les daba de comer y yo misma decía que los animales a mi no me hacían
nada y es que era cierto, yo creo que los animales me entendían; esa vez, mi
mamá me mandó a vender tamales que ella misma hacía los fines de semana, y yo
siempre echaba uno demás para comérmelo en el camino, pero inesperadamente me
salió un "chucho" bravo ladrándome y amenazaba con morderme, entonces
empecé a hablarle: "chuchito, no me vayas a morder, mirá
que yo no te hago nada, no te regaño, no te golpeo, además yo estoy chiquita,
no me vayas a morder. Si no me mordés yo te voy a dar
un tamal que llevo aquí para vos y lo saqué y se lo di, luego él se quedó
comiendo el tamal y yo me fui tranquila, con la creencia que al hablarle él me
había entendido. Hasta después me doy cuenta que a él le interesaba más el
tamal que morderme.
En el
cantón había una vaca negra, muca, famosa porque ya
había atacado y corneado a varias gentes y éstas habían ido a parar al
hospital. En ocasión de que yo iba para el molino, veo venir mugiendo
fuertemente y corriendo la vaca en mi dirección y no había otro camino a donde
hacerme, entonces decidí hablarle a la vaca, diciéndole: "vaquita,
vaquita, yo te quiero, tú eres muy bonita, me caés
bien y no te tengo miedo, yo se que a mi no me vas a golpear porque, además, no
te estoy atacando. Mirá vaquita, yo aquí estoy
quieta, aquí voy a esperar que pases, ya verás que yo no te voy a hacer
nada". Y cabal, la vaca pasó corriendo, mugiendo fuerte; pero yo quizás
para ella "seguía siendo invisible", la cosa es que la vaca que le
decían "vaca asesina" a mi no me hizo nada y seguí pensando que la
vaca me entendió lo que le decía.
Lo que si
considero es que entre tantas y todas las tareas que tenía en la casa, todas
las disfrutaba, porque aunque me ocurrían cosas de peligro yo terminaba
ganando.
Cuando iba
a dejarle comida a mi papá, siempre creí que los árboles entre más viejos eran
más seguros, me cuidaban. Es más, yo pensaba que eran mis hermanos, mis
abuelos, mis tíos, mis hermanos mayores, mis bisabuelos. Según miraba de viejo
el árbol, así era la confianza que le tenía. Cuando pasaba cerca de ellos, les
ponía nombre, los saludaba "buenos días, buenas tardes, adiós", o los
pasaba tocando como haciéndoles cariño y yo me sentía bien protegida. A veces
hasta platicaba con las hormigas.
En fin, no
era solo tareas ni solo ese tipo de cosas, también jugaba con mis hermanitos,
aunque no teníamos juguetes, nosotros los inventábamos: de arranca cebolla,
ladrón librado, de escondelero, mica, fruta, etc.;
jugábamos trompo, capirucho. Para mi no había distracciones con juegos de niña.
Como no podíamos comprar juguetes, los juguetes que nos inventávamos
eran tanto para las niñas como para los niños. Cuando era tiempo de recoger
cosecha a mi me gustaba apalear maicillo, tapiscar, destuzar
y desgranar maíz. Mi papá siempre decía que a mi me abundaba más el trabajo que
a los cipotes. Lo que pasaba era que a mi me gustaba
terminar rápido porque luego nos quedábamos jugando con el vagazo del maicillo
que, aunque dicen que el ajuate del maicillo pica mucho, nosotros no le dábamos
importancia y nos debanábamos todos jugando,
imaginándonos que eran pozas de agua o el mar. Nos inventábamos cuentos y
juegos. Nosotros no diferenciábamos entre juegos ni tareas de varones y
mujeres; sin embargo a mi siempre me tocaba la cocina, lavar trastos, moler
maíz, preparar el fuego para cocinar, y en otro tipo de trabajo que no era para
mi, yo siempre me metía; a veces, para no estar en la cocina me gustaba irme con
mi papá a ayudarle con la milpa o en el aserradero, porque siempre andaba
jugando y siempre andaba fregando.
En todo eso
a que me refiero, acerca de los animales, de los arboles,
e incluso de los juegos, yo creo que tiene mucho que ver con la creencia que
nos infundaban mi papá y mi mamá. Siempre dijimos que éramos católicos y
considero que la actividad cristiana que practicábamos era buena. Yo iba a misa
cuando había en el cantón y tenía vestido para esa ocasión, pero cuando no
tenía no iba. Cuando estaba más grandecita nos llevaban a la Semana Santa (el
viernes santo, el vía crucis) y me habían enseñado una oración que la rezaba
cuando tenía miedo y se me quitaba el miedo, me sentía protegida. Yo sabía que
si hacía cosas buenas nada me iba a pasar. Yo veía en todo a Dios, pensaba en
el cielo, en las estrellas y en todo eso. La misma creencia enmarcada en la
religión a mi me gustaba y me gusta todavía quedarme viendo las estrellas
cuando se mueven, cuando vuelan, que se caen de un lugar a otro. Y yo platicaba
con las estrellas, les decía lo que yo quería. Cuando no había comida les decía
que yo tenía hambre, o cuando estaba con frío porque no tenía otra ropa que
ponerme. También platicaba con la luna, tenía la impresión de que eran sueños,
pero como dije al principio, con mucha fe, mucho respeto, mucho temor a lo que
yo no conocía, a lo que yo no veía. Mi seguridad eran los árboles y sabía que
no me iban a hacer nada, pues hablaba con ellos, los tocaba. Mi inseguridad era
lo desconocido, lo que no veía, a eso si le tenía mucho miedo.
Bueno, era
toda una enseñanza cristiana de temor, eso de que si decíamos malcriadezas Dios
nos iba a castigar, quizás era para meternos miedo y yo me cubría con esas
fuerzas invisibles.
Un día que
mi papá y mi mamá salieron muy temprano a San Salvador, yo me quedé con mis
hermanitos pequeños. Barrí, les di desayuno, fui a traer agua al río y de
pronto, como a las 10 de la mañana sentí ganas de hacer pipí
y veo que me salía sangre. Rápidamente regresé al río a lavarme, pero la sangre
era incontenible, me volvía a lavar y nada. Volví a casa, me acosté y me puse a
llorar. Mi hermanito me preguntó que tenía y yo le dije que me iba a morir,
luego el fue a traer flores y me dijo que eran para que no me muriera, que por
lo menos espera a mi papá y mi mamá para no quedarse solos.
A eso de
las 6 de la tarde regresó mi papá y mi mamá y alarmados porque los cipotes lloraban porque me iba a morir, me preguntan que
qué pasaba, yo dije que a mi se me estaba saliendo la sangre y cuando la sangre
se sale la gente se muere. Todos se salieron y mi papá le encargó a mi mamá que
conversara conmigo porque eran cosas de mujer. Mi mamá entre risa y llanto me
dijo: "no hijita, no te aflijás, eso es normal,
de eso no te va a morir, eso nos pasa a todas las mujeres. Hasta entonces yo me
di cuenta que no era la muerte la que me había llegado, sino mi primera
menstruación.
Parte II - Trabajadora -
acompañada - participación política
Siendo una
familia pobre y muy numerosa, a temprana edad me tocó incorporarme a hacer
algunas labores que me permitieran algún ingreso económico para poder ayudar a
mi familia. De tal manera ayudaba a una señora a vender sancocho (carne
cocida), por lo que me pagaba 2 o 3 centavos; otra señora, por estar enferme,
me pagaba porque le trajera el agua para sus oficios domésticos; pero había
otra señora a la que le trabajaba todo el día cuando iba a traer queso y crema
para vender hasta el cantón La Haciendita, me pagaba 2 colones y nos permitía
comer el queso y crema que quisiéramos, entonces yo regresaba feliz a la casa.
. Otro trabajo fue el de ir a cortar café, inicialmente iba con el grupo
familiar, pues no me podía anotar porque era menor de edad y nos decían que
salíamos muy caras por la alimentación y que solo a jugar llegábamos. Pero en
una ocasión, cuando al recibir el café no pesaban sino que medían metiendo una
vara en el saco de café cortado, el pesador anotó menos de lo que señalaba la
vara, al reclamarle que el patrón robaba para él mismo, pero que no era
correcto que el pesador robara no para él sino para el dueño, que en vez de eso
que anotara correctamente, pero que un pobre no debería robar a otro pobre. El
pesador me dijo que nunca más le pusiera un pie en la finca.
Sin embargo
yo seguí llegando a ayudarle a mi hermana, pero me escondía para no dejarme ver
del mandador ni el caporal, hasta que un día los
cambiaron y ya tranquila pude trabajar, incluso ir hasta el propio casco de la
finca para que me anotaran como cortadora, yo ya tenía 16 años y pude tener mi
primer salario haciendo diferentes tareas, recoger el maíz, tapizcar,
etc. Fue hasta entonces que pude comprar mi primer par de sandalias de hule,
pues ya me daba pena con los muchachos que me vieran descalza. Fue así que
también pude ayudarle a mi mamá en los gastos que ella tenía en la casa.
Hubo otro
intento de trabajo con una señora en el pueblo, me iba a pagar 8 colones al
mes, pero como no podía hacer otra cosa que barrer, cocer frijoles y lavar
platos, tuve que regresar al trabajo de casa y vender fruta en el mercado de la
que cosechábamos en casa; o bien me iba con mi papá a trabajar en la tierra,
porque él decía que yo hacía mejor el trabajo que los hijos varones.
Como dije
antes, ya me daba pena andar descalza, sobre todo con un muchacho de otro
caserío que a mi me gustaban sus piropos, me hice novia de él y comenzamos a
vernos cuando iba al río a traer agua o lavar, o a hacer compras de parte de mi
mamá o mi papá. Yo ya había dejado de estudiar, solo hice el 5º. grado y me rebuscaba para verme con mi novio a escondidas.
Un día vino él a casa a pedirle permiso a mi papá para ser su novia, aunque mi
papá dio su consentimiento nunca le dijo que llegara a la casa a verme, por lo
tanto teníamos que vernos siempre a escondidas, porque cuando él se enteraba
que nos habíamos visto me castigaba hasta tres veces un mismo día, pero yo no
le daba el gusto de que me viera llorar.
En una ida
a traer agua al río, me encuentro al muchacho, a mi novio, me quitó el cántaro
de agua y me agarró llevándome en hombros a una casa de un su primo recién
casado y me mantuvo allí encerrada por 8 días, yo no le acepté de comer ni de
beber, hasta que me enfermé y me llevaron al hospital. Yo solo pensaba en mi
mamá que podía sentirse traicionada, que le había fallado, pues ella tenía
mucha confianza en mi porque yo le contaba todo a
ella. De regreso del hospital me llevaron a casa de los padres de mi novio, que
ellos me iban a cuidar, que tenía que guardar dieta y no se cuantas cosas más.
Pues bien,
fue de esa manera que me acompañé, a los 18 años, y luego vinieron los primeros
hijos. Perdí el primer niño que nació a los 8 meses, de 19 años nació el
segundo y un tercero cuando yo tenía 20 años, así de seguido. A pesar que mi
marido y su familia eran muy trabajadores y tenían tierras más que mi papá y mi
mamá, yo también me iba con él a trabajar en el campo debido a que todo
escaseaba, siempre vivíamos muy pobres. En medio de estar teniendo niños y
hacer el oficio de casa como mujer de hogar, siempre iba a trabajar al campo,
cultivando hortalizas, la milpa, etc. A mi me gustaba, pues ya estaba
acostumbrada y dejaba los niños con una tía que los cuidaba.
En ese
caserío, donde vivía con mi marido, casi todas las familias eran organizadas en
cooperativas y comités de la comunidad. Allí fue donde yo comencé a ver con más
claridad las cosas. Pero recuerdo que cuando yo era pequeña, a mi papá le oía
hablar de Cuba, de los problemas que los terratenientes tenían con la
revolución y decía que eso mismos podía pasarles aquí a los terratenientes y a
los ricos, que algún día las condiciones de nosotros iban a cambiar, que no
todo el tiempo estarían unos pocos comiendo bien y la mayoría comiendo mal. Fue
entonces que aquí con las familias de mi marido vine a comprender mejor todo lo
que mi papá me decía.
Yo también
me incorporé en esa organización y casi de inmediato me eligieron líder de la
comunidad, es decir era la coordinadora comunal y poco tiempo después, desde
ahí coordinaba las demás comunidades en toda la zona. Hacíamos trabajo con
programas de nutrición, de saneamiento, de formación cooperativa, al mismo
tiempo que hacíamos lectura de la Biblia y, bueno, hacíamos una serie de
actividades en las que me enseñaban cosas nuevas y yo también compartía con los
compañeros las cosas que yo sabía y que también eran nuevas para ellos. Así
comprendí con más claridad la situación de hambre que pasábamos, la necesidad
de trabajo, la necesidad de organización, entendí que no era cosa de que así lo
quería Dios que viviéramos todo el tiempo aguantando hambre, trabajando y sin
salir adelante; comprendí que a través de la organización podíamos ir mejorando
las condiciones.
Y así fui
participando en marchas con organizaciones campesinas: con FECCAS, CTC, que
veníamos a pedir, exigir créditos para los campesinos, porque se legalizaran
las organizaciones campesinas, porque se resolviera el problema del
arrendamiento de tierras para que los campesinos pudiéramos trabajar.
Yo siento
que en este tiempo, estoy hablando de los años 1976, 77, 78, 79, mi
participación política fue, más bien, de ir consolidando mis sentimientos y
entendiendo cosas que se podían hacer para cambiar la situación de vida.
Otras
actividades en que participaba era con la parroquia del pueblo y como lo
consideraba importante, traía mensajes, periódicos, revistas, boletines y
preparaba los paquetes en la casa y se los entregaba a los responsables de
comunidad de toda la zona oriente del cerro de Guazapa y otros a La Haciendita,
Valle Verde. Ese cambio de vida, de niña de juegos de escuela, de trabajos mal
pagados, que soñé con ayudar económicamente a mi familia y principalmente sin
haber tomado yo misma una decisión de formar un hogar; sin embargo, tenía la
obligación a la fuerza de aprender a ser mamá, también tuve la necesidad de
aprender que hay otras responsabilidades, las políticas y organizativas.
Ahora sabía
que no eran solo las responsabilidades con mi mamá, mis aflicciones eran otras,
sabía que era responsable de la vida de los otros seres que estaba trayendo al
mundo, la responsable de la casa, era una situación muy diferente pero que supe
combinar entre la situación de madre, compañera de vida y de líder de la
comunidad en lo que me habían convertido las compañeras y compañeros de la zona
que en mi confiaban. En ese trabajo tratábamos de orientar y yo, con apenas 5º.
Grado trabajamos alfabetizando en las comunidades eclesiales de base y en lo
que es la organización campesina, organizábamos las cooperativas y llegamos en
1978 y 79 a formar la Federación de Cooperativas del Campo y la Unión de
Trabajadores del Campo. Prácticamente la acción política se hizo más fuerte,
aunque había más persecución, más represión y más amenazas.
En ese
tiempo nos llegaron a quemar la casa donde vivía con mis hijos y mi marido.
Menos mal que era un día en que no estábamos, habíamos salido al pueblo todos. A partir de ahí se tomó la decisión en los
colectivos de coordinación de todo el trabajo cooperativo, comunal y trabajo
eclesial, suspender toda relación, había que salir del lugar, había que
abandonar la zona por la seguridad de los niños, de mi compañero y de todos,
para poder seguir aportando al trabajo; pero se produce la ruptura de mi hogar
porque mi compañero se fue a vivir a una cooperativa y yo salí a vivir donde
mis padres con mis hijos.
Parte III - Salida del
Cantón
Cuando salí
del cantón era un 13 de Noviembre un día muy frío o quizá yo lo sentía muy frío
por que era la primera vez que me iba a separarme de mis hijos era primera vez
que iba a poner bastante distancia de estar con ellos, nunca los había dejado
solos, siempre se quedaban en la casa pero yo regresaba el mismo día o a media
día cuando iba hacer algunas gestiones o algún mandado, pero dejarlos a ellos y
saber que no iba a regresar en 2 o 3 días, yo no se si la distancia o esa
realidad, me hacía sentir un frío que me calaba hasta los huesos.
La razón
por la que deje el cantón prácticamente fueron varias, pero solo voy a
mencionar algunas, por ejemplo, el papá de mis hijos había decidido que yo me
fuera de la casa y que me viniera a vivir a donde mi mamá y mi papá, por que ya
la represión estaba bastante fuerte, ya habían llegado algunas veces a quemar
algunos cultivos de nosotros, ya habían amenazas anónimas, ya nuestros
compañeros ya no dormían en la casa, entonces había una situación ya de
inseguridad y de persecución, entonces él me planteo que por motivos de
seguridad mejor me alejara de ahí por que el caserío donde vivíamos era
conocido por gente más organizada que esta era la gente que más participaba
entonces era más seguro estar donde mi papá y mi mamá y mis hermanos, pero con
esto quiero decir que uno de los motivos de la salida era la seguridad y el
otro que tenia él ya me dedicado a las tareas de la organización, del partido,
no había forma que me diera recurso económico, había una necesidad real de
mantener a los hijos entonces mi papá y mi mamá.
Como ya lo
he dicho antes hemos sido una familia muy pobre y no podía yo cargarle el gasto
de los hijos a ellos, entonces platicamos con el comité que yo coordinaba y
decidimos que me viniera a San Salvador, ahí cumpliendo siempre algunas tareas
por ejemplo al principio solo era venir y regresar al cantón platicar y ver
como estaban las cosas escuchar los análisis, pero después un poco de
participación ya en las actividades a nivel metropolitano y prácticamente mi
actividad política consistía en apoyo logístico para los compañeros que ya no
podían salir ni siquiera al pueblo; yo trasladaba algunas cosas desde San
Salvador hasta el lugar, en ese tiempo, de 1979 en adelante (Noviembre). Yo
aquí en San Salvador tenia que trabajar en actividades que me permitieran
ingresos económicos para poder ayudarle, porque me vine a vivir a donde una
hermana entonces lo que ella hacia era que me ayudaba con la comida, por estar
en su casa no me cobraba y para poder llevar los gastos para mis hijos y poder
llevarle también a mi familia.
De ahí
trabajamos primero con mi hermana los pusimos juntas, (ella puso el dinero) yo
solo le ayudaba a trabajar pero cuando vimos que eso no daba mucho porque tenia
que llevar dinero a mi familia y darle gatos a mis hijos decidimos buscar un
trabajo particular, no fue tan fácil por que estaba recién venida, no conocía
yo san Salvador con estudios bajos no sabia mas oficios que los que hacen el
campo, entonces era una situación bastante difícil pero con suerte logre en un
primer momento encontrar un trabajo en un restauran de un gringo (estoy
hablando ya de 1980) con este señor yo trabaje 3 meses de mesera a los 3 meses ya
me traslado de cajera, era un señor tremendo cada vez que venia no nos dejaba
comer y cuando nos veía comiendo creía que era de la comida que el tenia:
entonces nosotros teníamos que buscar, llevar la comida para comer nosotros ahí
pero que no se pereciera ni que hubiera en existencia, entonces era bastante
difícil. Ahí dure bastante tiempo, dure año y medio, casi dos años y le viajaba
cada 15 días que tenia los permisos para ir a dejar la comida o dinero para los
gastos de mis hijos, a mi mamá. En eso estaba ya en 1980 para el 24 de Julio,
recién pasada la celebración del día del padre, que todos habíamos estado
celebrando el día del padre en la casa, a mi papa, cuando el 24 de Julio como a
esos de las 11 de la mañana que recibo una llamada de mi hermana me llamaba
para decirme que en la noche anterior habían desaparecido a mi papa y aun tío
que lo habían llegado a sacar de las casa hombres armados y gracias a Dios
todos los demás estaban vivos, solo a dos hermanos habían golpeado pero los
dejaron, no se los llevaron, con mi papá.a partir de
ahí , fuimos viendo como me traía a mis hijos y a mis hermanitos pequeños y de
manera que estuvieran seguros y que mi mama no tuviera tantos temores , pero a
ella por ejemplo fue difícil mover la de ahí, por que ella seguía con la
necedad de que primero Dios mi papa un día iba a regresar, y así fue como en
Octubre me traje a mis hijos, en Noviembre me traigo a mis hermanitos, con mi
mama también, pero ella se vino con la condición de que estuviéramos yendo cada
ocho días cuando tuviera permiso para acompañarla para ir a ver no fuera ser de
que mi papa apareciera, con esa lucha prácticamente pasamos como decía antes
casi un año insistiendo que se viniera del todo para San Salvador, que se
conformara que mi papa ya no iba a regresar y que tampoco nadie se conformaba
pues todos pensábamos que cualquier día el iba a regresar.
Entonces yo
cada vez que tenia permiso como de todos modos, tenia que regresar al cantón a
las coordinaciones con la estructura en la que yo coordinaba, viajábamos cada 8
idas, yo con los encargos que habían que llevar con las notas, etc., ibamos un para de veces de ese tipo encontramos a los
escuadrones de la muerte en una quebrada famosa que le llamaban Cangrejera,
entonces ellos insistían de que iba hacer yo ahí, que tan peligros que si a
caso yo todavía seguía coordinando con los subversivos y que buenos, nosotros,
yo a veces me quedaba ahí platicando un rato con ellos, sabiendo que los
compañeros estaban en los alrededores platicando con ellos y mi hermana pasaba
grandes angustian, entonces lo que hacíamos era que me quedaba a dormir en la
casa de una hermana que todavía dormía ahí en su casa y yo mi iba en las noches
a dormir con la unidad al campamento que teníamos en un lugar más arriba, en un
caserío más arriba de donde nosotros vivíamos ahí en Estanzuelas,
entonces hasta practicamente así pasamos cuando en el
80, ya a finales del 80 y principios del 81, que se fue poniendo más seria la
cosa, la cuestión del conflicto y que empezó el saboteo al transporte y que de
repente hubo un puente que se cayó, y entonces ya no hubo transporte entonces
mi mamá aunque sea en 2 partes que nos fuéramos y a veces nos íbamos en un pick
up desde aquí de San Salvador hasta el puente Las Guaras que era el que se
había botado y de ahí vimos como pasábamos, si al otro lado nos íbamos en un
pick up del pueblo , la cosa es que ella insistía en que teníamos que seguir
yendo y que ella jamás se iba a cansar de estar esperando que mi papa un día
regresara o un día alguien le dijera donde si lo habían matado a donde lo
habían dejado enterrado, pero en esa batalla seguimos todo el tiempo hasta que
ya no pudimos ingresar al pueblo.
Ya tampoco
yo pude llegar, vale decir que con en ese tiempo ya el papa de mis hijos
prácticamente se lo habían designado para que se viniera a coordinar los
comandos urbanos aquí en la zona metropolitana ya que lo viajaba en forma
clandestina, digamos por la montaña, al lugar, allá al cantón por que el jefe
de los comandos aquí en San Salvador, entonces ahí ya teníamos comunicación,
prácticamente no teníamos contacto, los contactos que teníamos eran distantes
cada mes, cada 15 días por que yo siempre seguía cumpliendo mis tareas cada vez
que se podía, para allá para adentro que era como se le decía cuando teníamos
que ir al lugar, al campamento, yo coordinaba con el equipo que estaba
trabajando.
Creo que es
importante dar algunos detalles de como pasamos ya que estaban todos mis hijos
y mi mama acá y mis hermanos. en noviembre-diciembre
del 80 se vinieron todos para acá yo vivía en un cuartito pequeño quizás tenia
2 metros ½ a un lado y 40 metros al otro era un cuartito muy pequeño era lo más
que yo podía pagar entonces ahí nos venimos a vivir todos. pues ahí me los
traje a todos en un primer momento no cabiímos ni
siquiera acostados en el suelo porque yo solo tenia una cama era la que había
comprado para mi en la cama lo que hacíamos para que cupiéramos varios nos
acostamos atravesados a mis hijos a mis hermanitos pequeños ,y mama y yo los
mas grandes dormíamos atravesados en el suelo si alguien se bajaba de la cama
se paraba sobre nosotros por que no había espacio donde pararse , teníamos una
estufita de gas propano pues una 2 cacerolas y con eso pasábamos , después
pudimos pagar otro cuartito que era casi igual claro ahí cabíamos un más pero
ahí nos ayudaba una de mis hermanas a que pudiéramos pagar ese otro cuarto
cuando se dio cuenta como estabamos y que no cabíamos
más o habían 3 o 4 sobrinas habían posibilidades de sacarla parecía ser que no
habían posibilidades que hubiera población en el frente sin que hubiera peligro
y que también incluso estorbara por que no decirlo así la gente que no los
niños y los ancianos que no podían desempeñar tareas en la guerra pues eran
prácticamente una carga entonces ella misma nos ayudo para que pudiéramos ir
pagando otro cuarto y que pudiéramos pasar un poco más desahogados. En ese
marco es que yo en el 81 se da la ofensiva del 1º. de Enero de 81, nosotros el
contacto que teníamos de la unidad que era con la misma, casi con lo mismo que estabamos coordinando en el cantón como eran los primeros
que habían organizado eran los jefes de ellos, entonces habían dejado uno y la
mayoría se había venido para acá para San Salvador que eran los que coordinaban
y organizaban los comandos y las actividades de los comandos que se alzaban
entonces mi coordinación y el contacto era uno el papa de mis hijos y el otro
era otro compañero que se llamaba Fausto que también era del mismo lugar de
nosotros de Estanzuela, entonces para el 81 ya que se
acercaba la ofensiva vino gente de allá del frente, iba a trasladarse para
otros países a capacitarse gente que venia para que le ayudáramos nosotros a
trasladarse a los contactos, que eran digamos que los iban a trasladar tanto
vía Honduras o por cualquier lado de manera de llegar a Nicaragua, para otras
capacitaciones y todo entonces vale decir que en estas jornadas hubo un primo
que vino en el grupo, lo recibí, pero a la noche siguiente la amarga noticia
que en la frontera había caído todo el grupo en el que iba el primo.
En eso,
pues, digamos el 6 de Enero de 1981 ya para llegarse a la fecha de la ofensiva
vino el papá de mis hijos hasta la casa a visitarles quizá en una manera de
despedirse por si acaso ya no los volvía a ver y como el 6 de Enero se celebra
el día de Reyes, les traía su juguetito y platicamos y quedamos como habíamos
quedado yo con mi coordinación nos ibamos a encontrar
ya yo le dije que hasta para en Febrero el 25 de Febrero para mi sorpresa
grande fue que el 7 de Enero o el 8 de Enero del mismo 81 tuvimos la noticia
que habían caído unos guerrilleros en una casa de seguridad de Ciudad Delgado,
entonces ahí me doy cuenta que toda la estructura había caído, incluyendo ahí
al papá de mis hijos y a partir de ahí que ya solo quedaban 2 días para la
ofensiva ; me dicen: mira se cayó esta estructura, vas a coordinar con este
equipo, te va a tocar en tal zona a donde sea, cual va hacer tu papel en este
memento cuando los demás cayeron; pero me moví por la Zacamil
y me moví por Mejicanos, Villa Mariona y por todos lados que yo conocía donde
poder hacer los contactos no pude encontrar a nadie y bueno como dije se da la
ofensiva, yo estoy descoordinada en ese momento
ocurre toda la matanza, por que mataron a diestra y siniestra los militares, al
oir que había levantamientos por San Jacinto, en la
colonia Santa Marta que en esos tiempos se empezaba a fundar por Amatepec.
Aquí en la
ciudad también se dieron buenos golpes al ejército y los guardias empezaron a
matar a toda la gente que encontraban, nos buscaban a quien se las debiera sin
o quien se las pagara y las calles eran muertas y muertos por todos lados,
entonces yo me sentía frustrada y preocupada por no haber podido participar no
saber no poder apoyar a nadie por que había una situación de crisis y nada mas
me quede esperando cuando la situación se calmó seguí buscando sin cansarme a
veces se me figuraba que veía a alguien yo iba a ver si era esta la persona con
quien podía yo platicar ya cuando la miraba de cerca me daba cuenta que era una
persona que no conocía y total es ahí donde quedé totalmente en el aire verdad,
ya no tengo estructura se rompe la posibilidad de comunicación con la gente del
cantón que era la mía, con que hubiera podido coordinar con la gente de aquí
del metropolitano y en eso que se incremento también mis obligaciones de
mantener como yo decía no solo a mis hijos y mis hermanos si no también a 4
sobrinas que vinieron pues ya no tuve mayor espacio de decir busco la forma de
irme a meter aunque sea a costa de cualquier riesgo sin tener contacto; pero
como dije a partir de ahí quedo rota mi relación con la organización yo quede
esperando, y fue una espera bastante larga.
Como se
puede ver en esa fecha fueron como 3 acontecimientos mas dolorosos para mi en
lo particular, la tragedia de tanta muerte de gente inocente, la ruptura de
toda situación con el partido, a partir de que toda la estructura con la que yo
coordinaba. La muerte del papá de mis hijos, que a pesar de que uno llega a
verse como parte de todo y duele tanto los compañeros que uno ya no nota si hay
un dolor, que algún ser querido de una manera especial fallece, si yo incluso
quiero decir que yo había soñado , ya que a él lo saltaba y le caian así digamos el Ejercito y lo asesinaban yo no estaba
preparada para eso fue un golpe tremendo el saber que mis hijos no contaban con
padre si no que iban a depender de lo que yo pudiera hacer con ellos y de lo
que yo pudiera ayudar para que sobrevivieran y estuvieran bien y la otra cosa
dolorosa fue como darles la noticia a mis hijos que aunque estaban pequeños
pero ellos se acordaban y de pronto empezaron a preguntar que por que su papá
no había regresado, entonces tuve yo que decirles, llevarlos a donde como casi
todos los días aparecían en los basureros montones de compañeros asesinados
llevarlos un para de veces así a ver ese tipo de cuadros para poderles explicar
de que en una situación similar y por estar en contra de ese tipo de
injusticias su papá había muerte claro no les explique en qué condiciones hasta
hoy después se los he explicado pero en ese momento, solo les dije que el había
muerto que no lo ibamos a volver a ver que había
muerto pues que lo habían asesinado y había sido por la búsqueda de que este
tipo de cosas no sucederán no se como lo tomaron.
Ellos lloraron,
pero no puedo yo explicar la sensacion que ellos
sintieron, se pusieron tristes y todo, no se si me entendieron, lo cierto es
que después, cuando supieron que yo estaba participando de manera activa solo
me decían cuídese mucho no la baya a pasar lo mismo que le hicieron a mi papa y
bueno esas son como 4 cosas en un solo acontecimiento pero para mi fue bastante
difícil perder el contacto con el partido, perdí al papá de mis hijos y perdí
un poco la felicidad de mis hijos en el sentido de que habían perdido ellos a
su padre como decía al principio ya cuando estabamos
todos juntos en la casa ya mi mamá mis hermanos, mis hijos, las sobrinas que
habían venido con nosotros, ya cuando había perdido la coordinación, que había
caído la estructura después de la ofensiva prácticamente me quede sola,
reviviendo ademas trabajando viendo que cuestiones
remuneradas se hacían porque el comité que se hacia era más clandestino, ya de
ahí solo viendo como ibamos resolviendo los problemas
de sobrevivencia de la familia como decía vivíamos
todos un puño en un solo cuartito pudimos ir viendo si pagábamos 2 cuartitos.
Con la
ayuda de una hermana más nos dedicábamos a hacer cosas para vender: tamales los
fines de semana, elotes, tamales de elote, atol de
elote entre semana , pasviviamos nosostros,
y eso no lo he dicho el cuartito donde viviamos
estaba en el kilometro 3 ½ de la carretera a los
Planes de Renderos y en esas colonias: California y
arriba la Bello San Juan que las estaban contruyendo
y todas esas colonias me andaba yo vendiendo verdura y de alli
nos ibamos tambien las
cosas que haciamos para vender en medio de eso tambien fue que nos encontramos unos amigos que yo en las
idas a vender y todo nos hicimos amigos tambien de
una señora que tenia una granjita pequeña de pollos que ella misma vendia en el mercado entonces ella nos empezo
a dar el trabajo de aliñarle los pollos y nos pagaba ¢ o.15 el pollo aliñado,
digamos matando, pelando y aliñando, entonce llegabamos desde las 4 de la mañana para que a las 6:am. ya teniamos
aliñados todos los pollos.
En ese mismo
intermedio se nos enfermó gravemente una hermana, ya a finales del 80,
prácticamente en el 82 tambien ella fallecio cuando la tuvimos ingresada en el hospital, yo
tenia que trabajar en el dia por que tambien tenia un trabajito pequeño en un restaurante nada
más iba ha administrar y a organizar la actividad del día y ya a las 5:00 de la
tarde me iba para el hospital de escondidas por que no permitian
que nadie se quedara yo me quedaba escondida a veces debajo de la cama cuando
pasaba el vigilante para poder quedarme cuidandola a
ella, por que ya estaba agonizando así para practicamente
8 dìas velandola a ella en
el hospital en la noche en el día yendo a trabajar a las 3 de la mañana 3:15 ya
ahi pelando pollos a las 9: am.
practicamente de manera
distinta sobreviviendo.
Como repito
es una situación digamos de reencuentro familiar bastante dura hubieron muchas
veces que solo amaneciamos con 3 colones o con 5
colones y con eso habia que rebuscarnos para comer,
lo que haciamos era no más ir a comprar una libra de arros o tomate y aveces no tenaimos ni para tomates ni para la sal y así solo salcochabamos el arroz chele y aveces no teniamos para las
tortillas solamente el arroz nos comiamos pero lograbamos que los cipotes
siguieran estudiando, entonces en medio de toda la crisis en medio de que no teniamos donde dormir y que ahi
todos amontonados en el suelo, fue emocionante saber que por lo menos ya estabamos todos juntos, que no nos habia
pasado nada, con el dolor que habíamos perdido a mi papá, mi hermana que se nos
murio ya estando aca de
muerte natural, pues el hecho de estar todos juntos era digamos bastante
importante algo de alegrarse y de cuidar aunque estuvieramos
en dificultades economicas y con grandes sacrificios
para poder sobresalir, pero estabamos juntos todos
algo que se me escapaba y no ha dejado muy claro es el trabajo formal que tenia
con el gringo esos dias digamos ya como a mediados o
a finales del 81, tube problemas ahí en el trabajo
una vez que por ejemplo el gringo me paso a que le lavara su casa rodante y yo
estaba limpiandola arriba de una escalera el andaba
debajo mirando y yo le dije que no podia seguir
trabajando para que el estaba parado ahí y el me decia
que yo era su trabajadora y aunque el estuviera viendome
tenia que trabajar entonces como yo no quise seguir y me dijo que me bajara que
no servia para nada que mejor le fuera a ayudar a mover una rocola
que es un aparato que da musica pero era bien grande
y pesada yo no lo podia mover ese dia
hubieron 2 clientes que muy molestos salieron a reclamarle y a ayudarle ellos
me iban ayudar pero que me obligara hacer se tipo de trabajo por que no tenia
la misma fuerza que él, a raiz de esos 2 incidentes,
él me trasladó a trabajar a un club privado que tenia en el Lago de Apulo, ahí llegaban solo sus amigos y socios. En ese lugar,
como era caliente, entonces a mi me tocaba limpiar la piscina por toda la
orilla y andaba limpiando en medio del sol y, bueno, aguantando sol y con lo
caliente me enfermé, me dio infeccion en los riñones,
fiebre, cuando ya no pude seguir haciendo ese mismo trabajo, pues no fui a
trabajar dos días cuando regresé a decirle por que tampoco teniamos
seguro, me dijo que estaba despedida que para que iba ha tener a un trabajador
que llegaba cuando el queria y cuando el lo necesitaba
no estaba, entonces que mejor me fuera, pues como pedí ese trabajo formal y que
no me quede como antes habia estado explicando.
Parte IV - Reencuentro con
la organización
Mi
reencuentro con la organizacion, siempre fue de
manera bastante natural; en ese tiempo viviamos en
una comunidad marginal que se llamaba, se llama todabia
22 de Abril por que nos habiamos ido a vivir ahí,
hacer una champita por que no teniamos,
ya no nos alcanzaba para pagar casa. Estando alli una
de mis hermanas mayores me ayudo para que buscaramos
un lote, por que ella decia que teniamos
que irnos a vivir a otro lado por que ese tiempo la comunidad 22 de Abril era
un basurero y que habian muchos gases toxicos entonces como ahí vivia
con mi mama con 7 hermanos menores y mis 4 hijos entonces nos dijo que nos iba
a ayudar para que buscaramos un lote y que encontraramos un lugar más sano, así fue como mi mama le
gustaba siempre la iglesia y se le había metido que en Los Planes. Buscamos aqui en Los Planes de Renderosy
vinimos a ver una lotificacion que ofrecian con luz y agua. Ciertamente el lote era en un
barranco, por cerca de una quebrada pagamos 2 mil pes