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Janet Isabel López Araya
CHILE
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Un Sendero ilimitado, esperanzador e
inolvidable. Tiene Aroma a rememoranza, añorar un tiempo cualquiera, una etapa
de nustra vida, inmensa en la memoria de la esperanza retenida de experiencia
tan propia, y de otros. Es un todo.
¿Será acaso? Un resumen de aquellas noches
de viajes, interminables, de un cerrar los ojos, pensando algo grato, una
familia que dejar atrás y atesorando sus últimos besitos, abrazos, en un
pequeño cofre que abres al pensarlos y guardas su sentir en el corazón.
Los Despertares en una ciudad desconocida,
un sobresalto y suspirar, si tus cosas estaban en su lugar y nada se había
extraviado, un amanecer extraño y atrapante, que se agolpa en tu cuerpo,
haciendo estremecer, arrancándole suspiros, miedos no mostrados para parecer
ser de la gran ciudad, y no de una presa de nervios y temores propios de una
persona recien llegada, a enfrentar las inmensas, humedas, largas calles, los
edificios parecian amenazantes y enojados por las grises que eran, unos tímidos
rayos de Sol se atragantaban entre calles y calles apenas logrando asomarse y
entibiar aquellas ventanas tan altas para mi, que no se puede quizás imaginar.
Cuando en mis sueños de pequeñas, me
tragaba un gran edificio, al estirarse alta, alto, perdiéndose por entre las
nubes de algodón y me retornaban en su palma por una de sus puertas a mi campo
lleno de flores aromosas y ellas riéndose de mi susurrante; ¡jamás conocerás la
gran ciudad.!. Ahora las evoque. Cuando un revolotear de unos pájaros, aletando,
distraen mi pensar, un bocinazo por aquí otro por allá. Si aprisiono
nerviosamente aquellas supuestas piedras que dice la gente hoy que echarse a
los bolsillos y a la boca para no perderse, y me río para mi interior, reviso
entre mis cosas, una agenda amiga, complice, un
Porque a mi regreso, sobraban las preguntas
y se hacían eternas los besos y abrazos.
Llamo nuevamente y una voz responde.
-La Compañera de Serena
-Dile que se venga no más ¡Que aquí la
esperamos!
Mi alma prende de un hilo, ese ¡alo que
nunca llega, esos pasos que se acercan, están distantes y sonoras por el
auricular.
Vengarse no más....Chaoo ahora suspire
nerviosamente, palpitante mi corazón ¿Cómo? ¿Qué hago? Busco la dirección,
mientras alguien se me acerca, dice mi nombre… Si soy yo.
Vamos, yo la llevo al local de la
confederación, es cerca, tan cerca que caminamos como una hora.
Es un recorrer aquellas largas calles,
embriagarse de sus aromas fríos, a lo lejos la niebla oscura, imaginándose como
la sombra que cubría mis ojos y me perdía en la inmensidad, mientras absorta y
acariciada por la niebla. Una palma varonil en mi hombro.
¿Llegamos?
Un portal antiguo, una casa, con historia y
aroma a añejo un pasillo, muchas puertas, al centro una sala llena de luz y
plantas por doquier, una larga e inmensa caoba, cuadros, fotos, poster.
El nerviosismo me estremecía, yo, curiosa
ante el mundo, que se me abría y se me venía encima. Del cual obtendría muchas,
muchas experiencias, momentos alegres, de incertidumbre, de penas y de ganas de
salir arrancando, pero no pase los kilómetros de distancia hasta mi hogar y mis
porfiadas ansias de aprender y conocer más allá de mi trabajo y mi familia. Un
desconocer la ciudad, las calles, las micros, si parecían todas iguales y el
temor de preguntar, que te reconozcan afuerino ¡hay! Que tiempos, si no sé por
donde comenzar se alborota mi memoria, avasallante los recuerdos, los rostros,
las manos, los libros, los folletos, periódicos, las revistas, las fotos, y
todo aquellos con los que tuve relación alguna.
Oh, también hombres, porque también las
hubieron y este andar sindical campesino, si que los hay para nuestro bien o
mal pero están presente con fuerza, lucha y entrega al mundo sindical, y hubo
alguien a quien me ligo un sentimiento especial.
Viajé, no se cuantas veces, siempre
tuvieron ese sabor y gustito a osadía a conocer nuevas gentes, aprender muchas
cosas, oír nuevos desafíos, metas, retos y esperanzas de cambio, favorables a
la vida de nuestra gente, sus derechos, sus necesidades.
Aprendí a escuchar a poner atención; a
concentrarse, a leer mejor, a eliminar los nervios, a un mejor manejo de voz, a
la presencia ante el Público que no te temblaron "Las Cañuelas".
Al momento de dar una opinión a tener un
mayor "dominio de escena" a opinar ante juicio, críticas planteadas y
también a criticar y dar una opinión un mayor saber que esta aportando con un
granito de arena a la lucha y desafíos sindicales, campesinos y de mujer lider
en tu organización, a hacerse valer y oír.
Días enteros de seminarios, talleres de
capacitación, aprendizaje continuo y necesario un cúmulo de emociones
atesorada, folletos, libros, etc. que aún conservo y que un día me servirían.
Cuando dí un paso mayor a la preparación de
dirigente sindical campesino.
Llegando hasta mis manos, un día, el libro
de registro de socios ¡e ahí! un gran momento mi Padre inscrito en aquel libro
de ahí comprendí muchas cosas mis raíces, su legado, su fuerza, su empuje, su
coraje de enfrentar tantas y tantas desesperanzas sindicales conoci sus amigos
y compañeras del "Sindicato Agrícola San Ramón".
Aún cuando fui reconocida como la hija de
Juanita López no tuve, ni me di jamás una excusa para ser débil, y no estar al
frente de muchas luchas, hacerme oír, discutir, y lograr un fin común en mi
organización, que por cierto, no me fué ajena la adversidad en mi organización
y en mi condición de mujer lider de mi organización campesina y agrícola.
Las labores sindicales, reuniones,
discusiones, "imponer" el ¡aquí no se fuma!, los hijos, ni noche y
sus ¡ten cuidado niña lo que le paso a tu hermano!
El llegar a casa a medianoche, varias veces
de la semana, ver poco a mis hijos, que aún con su "consentimiento-mamá
estabas en la reunión sindical, te vino a buscar tal o cual persona anotadas
los recados y un beso y a dormir. El despertar en el hogar los hijos al colegio
y yo, al vivero de claveles el buenos días, con mis compañeros de trabajo y el
jefe que nos pasaba a buscar entre tallas o silencio, según el genio o animo
del conductor.
Entre la jornada de trabajo a todo sol y
vaporoso calor en los invernaderos, conversábamos, discutíamos,
intercambiábamos opiniones mientras se laboraba en silencio a ratos, cada quien
en su pensar, hasta la colación del medio día.
¡Al fin! bajo techo, hoy inauguramos, este
comedor para ustedes mis trabajadores, ya que hay ciertas personas que se la
pasa reclamando y alegando por todo. Todo aquello, por dar un espacio digno,
limpio, lejos de los productos químicos, herramientas, perros incluyendo hediondeces
varias, y una cocinilla flamante. Aunque barata, pero mejor y más moderna que
el fuego y el humo que le precedían.
Don Fernando me retiro, porque voy a
estudiar durante el día y ya no podré seguir trabajando para usted en su
vivero... Una y otra vez, lo ensaye, antes de marzo de 1981 durane el verano,
recorrí varios veces el silencio los pasillos por entre la henchida y colorida
matas de claveles, sus flores expelían su dulce aroma y sus colores estallaban
en su máxima expresión de belleza. Entre ellas mis compañeros de trabajo
salpicando el vivero, en sus manos la laborioridad de ordenar las plantas,
sacar malezas. Podría, muchas veces pensé, aprnder más, conocer de plantas, labores
agrícola, tener mi propio vivero o administrar quizás uno. Acaso ya había
logrado parte de mi meta el terminar mi enseñanza media en la nocturna, liceana
entre las 20.00 y 23.00 hrs. De Lunes a Viernes, laborando durante el día los
claveles, los libros, las herramientas los lápices, el almuerzo, los apuntes la
conversación y el estudio todo entre mezclado en el diario vivir, mis
experiencia literarias acogidas y bien prometidas a futuro de una profesora de
cas
Cada día del verano 81 pense hasta que
llego el momento determinante en mi vida laboral, por un aviso en la
Aquella palabra "rural" para
mujeres Era la oportunidad de mi vida exactamente lo que siempre añore, ruralidad,
mujeres, conocimiento preparación, sería un todo al pasar los examenes y
matricularme al año siguiente, la venta de flores costeo mis estudios, el apoyo
a la venta, de trabajar los sábados me incentivo a seguir adelante con mi causa
personal de estudio y desarrollo como mujer.
La ruralidad, entremezclada, con
matemáticas, cas
Mujeres, sólo mujeres, edades diversas,
caracteres y formas de vida distintas, valiosas, siendo ellas de diferentes
lugares del país.
Algunos rostros parecen lejanos, evoco las
tardes, bajo los eucaliptus, en el pasto rodándose, en las escalinatas de las
salas de clases, compartiendo una conversación, una crítica, un chisme, las
pruebas, las notas, etc, colaciones compartidas, cuadernos, libros, lápices,
horas de clases, sobres, la biblioteca luminosa y abierta al conocimiento, las
tardes en las carreteras para "hacer dedo", igual rutina por las
mañanas y la amarga sonrisa de la cocinera al pedir un vasito de agua.
Entre tanto nació mi tercera hija después
de once años, aplacé semestres, pase ramos, nació una cuarta hija, ya casi al
final de mis estudios, casi terminados de no ser por reprobar matemáticas y quedar
pendiente, dura pelea y difícil de ser vencida.
En el entretanto del aprender y acumular
experiencias, una grandiosa y feliz oportunidad de trabajar es mi anhelo casi
concluido, ser extensionista rural o tecnico asesor organizacional de
desarrollo personal y manos amigas me dieron un animo cuando lo necesité. Feliz
porque era mi vida, mi anhelo realizado, mis conocimientos que no se
contradecían o anteponían con los que aquí adquirí en mi preparación sindical,
campesina y agrícola, los cuales me incentivaban a enriquecerlas y a
engrandecerlas técnicamente, conocimientos, educación, extensión rural, trabajo
con mujeres, las familias campesinas y en la ruralidad misma, poder estrechar
manos, saludar y ser saludada a la distancia, ser reconocida entre las mujeres
con las cuales trabajaba. Hay un espacio de diversidad rural, aprendí mucho,
recogí conocimientos innatos, naturales y sinceros de mujeres de trabajo y de tezón.
Creo haber dejado un grato recuerdo por aquellas tardes de trabajo, de talleres
de desarrollo personal en las tardes de manualidades y en lo organizacional,
creo haber aportado para las localidades rurals, las tardes de campo, de
terreno, tenían aires especiales, mágicos, inundaban mi alma de alegría,
acariciaban mi espíritu, sus hijos curiosos, tímidos, felices , esa felicidad
sana y natural de los niños de campo, libres, tiernos y no contaminados con
vicios urbanos.
La tarde era diminuta, las horas faltaban,
los atardeceres entre cerros eran plenos, tibios y aromosos, ese aroma que
quisiese retener por siempre, vegetación aunque escasa pero tan de campo,
flores salpicando piedras, rocas, la pobre vegetación, los frutales
esqueléticos y cadavéricos por la sequía porfiada y avasalladora, con la vida y
economía rural, no dejando muchas alternativas fructíferas y productivas por la
vida y el quehacer campesino. Aun así siempre hubo un obsequio, quizás el único
fruto de un quejumbroso árbol , y era todo un honor recibirlo, un halago, una
sinceridad abierta, tan llena de vida y generosidad ¡ah! ese aroma del pan
amasado calientito, aprisionado en tu bolso de trabajo, si nos hacíamos bromas
y compartimos en regreso a la Fundación, y ese pan llenaba, no tan solo la
guatita, sino también el espíritu.
Conocí la tecnología, el computador era su
máxima expresión frente al mundo abierto de conocimiento, sus ojos vi todo,
eran nervios hasta conocernos mejor, aun cuando lo utilicé, siempre con un
exacerbado recelo y cau
Tal vez la ruralidad este en nuestras
mentes urbanas profesionales, técnicas, visión social diferente, mas que
rescatar una realidad social y autenticamente rural, una localidad, un pueblo,
su gente, sus mujeres, hombres, hijos, tierra, maturaleza, un conjunto en la
diversidad agrícola, nuestras taras, nuestros ojos urbanos, nuestra vida
apresurada atrapados en la vorágine del trabajo, del rendimiento del montón de
papeles en un formalismo de ser prácticos, técnicos, mecánicos, celosos y hasta
envidiosos del otro. Encontré un mundo diferente lento, mas calmo, con
esfuerzo, personas que caminaban largo bajo un sol, abrazador y un viento
enmarañándote los cabellos y te cubre entero de polvo, una sonrisa sincera y
abierta, un conversar pausado de los quehaceres domésticos campesinos, al
despertar el alba, ver los animales, dejar hijos en la escuela del pueblo,
atender marido, preparar comida con la restringida fuente de alimenticia, lavar
lavar ropas en tarros, cuidadando la escasa agua de sus hogares, aprovechar la
luz, ante la inminente caida de la noche silenciosa, llena de seres nocturnos y
misteriosos.
Un ansioso conocer nuevas cosas, compartir
y juntarse, entregarse por entera a una labor, sacar sus ideas frente a otros,
a su pares, hacer aportes, a esperar con paciencia y bajo el sol, cada taller,
el encuentro entre vecinos, tan distante unos de otros, en algunos casos hijos,
primos, tíos, entre sí, los hijos se reunen, juegan, comparten
El trabajar en la Fundación, fue mi
contraparte a los conocimientos recibidos en mis primeras experiencias
sindicales en el camino agrícola campesino y de mujer líder de una
organización. Por alla en el año 1987 en la localidad de Ovalle fui relatora de
mi equipo en una comisión de trabajo ¡terrible!, terrible como un plan, pero mi
actuar fue bien halagado. De ahí un paso inmensamente grande, Santiago, todo su
mundo de capital del país, su mundo con temor, nerviosismo, no se qué, pero me
agradó por siempre, de allí en adelante, vaijes, seminarios, encuentros,
reuniones, talleres, actos públicos, etc. Una elección en mi Confederación me
otorgó un cargo representativo de carácter regional y por ende nacional,
aprendí mucho, añoré a veces ir pronto a casa, recorrí calles, tomé micros
(aprendí a espantar los fantasmas de tomar una micro), llegué muchas veces sola
a la sede de la Confederación. Conocí mujeres que como yo, amaban lo sindical,
la organización lo era todo, el aprender era instrínsicamente necesario y
afanosamente comprometedor, con hacer aportes y hacerse valorar por lo que eras
y dabas a la organización.
La Serena, La Higuera, Ovalle, Santiago,
Punta de Tralca, Rancagua, lugares inolvidables, no solo por estar en ellos,
sino por que estreché manos, conocí rostros, hablé con el alma y corazón
sindical, un café entibiado una mañana fría y gris, un recuerdo, una nota, una
dirección, una foto, carpetas, lápices, hojas tesoros inolvidables para mi, en
el largo recorrer de ciudades, de conocer gentes, que quieren aprender nuevas
cosas, reforzar ideales sindicales, informarse del quehacer sindical campesino
agrícola del país era irrenunciable entregarse a la lucha trazada en el andar
sindical, que no estuvo ajeno a penas, desazones a miedos y celos, más siempre
las superé.
Será por eso que es difícil una
autobiografía es un revisar tu vida, tus experiencias, errores, repasar
detalles, lugares y escuchar y ver personas, sentir aromas, esparcir tu alma en
unas líneas, hacer borrones, hacer cosas quizás comprometedoras para tí y para
otros, dejan hechos inconclusos, sin detalles, sin nombre,, sin llegar a mentir
y a ocultar . Solo un vaciar de tu alma, sentir, tocar, estremecerte ante tu
verdad, tus propios recuerdos, tu memoria almacenada, volcada al sentir y
expresar. Pensar te llevé lejos, hueles, evocas sueños, te retractas de esto o
aquellos, te arrepientes, te ríes, entre muchas otras cosas, suspiras sin saber
porqué.
Llegó el momento de mi vida de estar frente
de muchas mujeres al otro lado de la "silla", de entregar lo
recibido, devolver cono cimiento, de andar caminos polvorientos y aromosos, que
antes precedieron otros dirigentes como uno que amaban, se apasionaban con el
sindicalismo agrario y reivindicativo, fuerte y decidido.
Mi especial reconocimiento a don Sergio
Villalobos, que en paz descanse, recorriendo senderos, cerros y lomas en su
espíritu de hombre de lucha, tezón y que guíó mi andar con su paso suave y
firme, con sus manos blanquecinas y azulosas, delgado y de bigotes grises cancino,
debajo de su sombrero cas
Hubieron momentos cúlmines, sublimes y
gloriosos, como así lágrimas efímeras, despedirme no sé cómo, tal vez sería
renunciar por siempre a mi andar sindical. Aunque hoy alejada y vigente en mi
organización. Tal vez ya ser mujer sindicalista, adentrada en el mundo
campesino, inserta en una ruralidad tan sentida, haya tal vez satisfecho un
anhelo, adqurí conocimientos, superé metas, pero algo faltó, una tercera parte
del mundo rural versus el urbano, técnico e innato, la burocracia y la
diligencia, la asesoría técnica y el saber natural. Cargos internacionales,
viajes por el mundo, mujeres de otros países ¡porqué no!, si no es tan solo
recuerdos, o estar presente en alguna ceremonia oficial o transmitirle
conocimiento y experiencias de tu vida a los tuyos.
Hoy ¿qué hago?, cuatro hijos, un título
casi inconcluso, por razones económicas, una rutina que te atrapa y absorbe, un
trabajo diferente a tu propuesta personal. Un tiempo valioso dedicado a este
pensar, ajeno al ruido de la calle, a las interrupciones, por personas que
llegan al lugar de trabajo.
Aun tengo anhelos, sueños, experiencias por
vivir y concluyo que lo mío es aprender, viajar, criar hijos, pero compartidos,
trabajar en libertad, ¡ah!, que falta me hace, aquellas tardes de salidas al
campo, hoy, seguramente floridos, mas dolorosos que nunca. Me espera la vida,
las mujeres campesinas, rurales y urbanas, bur´cratas, funcionaras estatales,
privadas.
Me estremece este desafío, me despierta,
sacude mi existir, me otorga una mano a mi verdadera pasión, dirigente
Agrícola, Campesina.
Gracias a esta oportunidad que llegó una
tarde de primavera, volcó mi existir, abrió un sendero ya recorrido, hizo
encontrarme con aquella parte de mi, que sueña, lucha, se desafía y se niega
ser olvidada.
Janisa
JANET ISABEL LOPEZ ARAYA
Contacto
SINDICATO AGRICOLA DE INTEREMPRESAS SAN
RAMON-COQUIMBO CHILE
CAUTIN 671 TIERRAS BLANCAS
COMUNA DE COQUIMBO
IV REGION-CHILE.